La nueva película protagonizada por Judit Martin y Berto Romero: la magia de tratar los problemas desde el humor
Pizza Movies, estrenada el 15 de mayo de este 2026, nos presenta una historia sencilla pero que plantea problemas estructurales complejos desde una perspectiva cómica y con ritmo. Esta película, en tan solo 95 minutos, hace reír, pero también reflexionar sobre la propia vida.
Hay una escena de esta película —dirigida por Carlo Padial— que hizo que el pasado viernes en los Cines Verdi sintiera una punzada en el pecho, una congoja sobre una situación ficticia que recordaba a multitud de momentos mucho más reales. Una escena con la que —casi— todo el mundo puede sentirse verdaderamente identificado.
La maravillosa Judit Martin nos mostró, sin mediar palabra, lo que es estar pegado a la cama intentando recuperar las fuerzas para seguir, mientras sientes un reclamo constante que no hace más que aumentar la carga. El móvil no para de sonar. La tensión no para de subir. Pero ahí sigues, inmóvil —como si te estuvieran enterrando en vida— mientras que cada notificación fuese una pala de tierra más sobre ti.
Pizza Movies trata desde la comedia problemas actuales, reales y muy comunes, con los que, pese a no ser crítico de cine ni artista de ningún tipo, cualquiera puede empatizar. El binomio tiempo-dinero, el cansancio colectivo, la —siempre presente— nostalgia de épocas mejores, la «prohibición» del envejecimiento de la mujer, la esperanza lejana en el cambio de vida radical, la impasibilidad ante la depresión, la precariedad laboral y el escrutinio social, entre otros. Todo ello a un ritmo rápido, entretenido, y muy sentido, marcado fuertemente por lo que para mí es un elemento clave de esta película: el ruido.
Puede tratarse del ruido de esas infinitas notificaciones que te bombardean los tímpanos cuando no quieres contestar, el ruido de la batería que tu hijo tiene que tocar para poder autorregularse, o simplemente el ruido de una lavadora, carga cotidiana. Pero el ruido es constante, marca el compás de la historia.
Todo ello sin desmeritar a los maravillosos protagonistas de esta historia: Thais (Judit Martín i Dolcet) y Alan (Berto Romero) nos muestran a una pareja que, pese a su complicidad, cae en el barranco de la rutina, de la vida en automático, hasta el momento en el que Thais decide, de la nada, montar una pizzería en la que las pizzas se inspiren en clásicos del cine: Pizza Movies.
Vemos además el cine como elemento de cohesión en la narración, como algo intrínsecamente presente en la vida de Thais y sus compañeros, que permite conectar con el resto de la sociedad mediante unos simples dibujos hechos de pepperoni. Además, el largometraje apela al papel del cine en la vida de todos como medio de escape —en los recuerdos de la infancia— o como fuente infinita de creatividad, de la que hoy tanto carecemos.
Termino, para evitar hacer ningún spoiler, con lo que considero la antítesis de la escena cuasi-depresiva que al principio describí: Las imágenes con las que Thais sueña despierta, sueños en los que se imagina a sí misma haciendo pizzas con una sonrisa de oreja a oreja, que, aun surgiendo de su gris realidad, transmiten pura alegría. Me ha fascinado ver cómo, pese a que solo sea una película, a veces los sueños se hacen realidad. Aunque no terminen exactamente como imaginamos.


