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El cringe es temporal, pero el magnetismo es para siempre

¿El cringe realmente nos lleva a la libertad?

¿Qué es el cringe? Te preguntarás, el cringe es lo que llamamos los Gen Z —o no— a la vergüenza, ya sea propia o ajena. Personalmente creo que es el momento ideal para reivindicarla. Al fin y al cabo, es inevitable.

Estaba stalkeando —echando un ojo a las redes sociales— a un crush —un ligue casual—, como una buenamente hace y pasó lo impensable: le di unfollow —sin querer—. Mi reacción inmediata fue darle follow de nuevo y escribirle: «te estaba stalkeando y le di al botón de unfollow, sorry». Cagada monumental, Salomé.

«Me quiero morir», pensé —lo sé, problemas del primer mundo—. Seguí las clases de respiración guiada de una coach de YouTube, me hice un matcha con mucho hielo, eché todos los productos de skincare posibles en mi cara y empecé a hablarme a mí misma con intención de calmarme —sí, también sé que esto es un cliché ridículo— y, aunque las ganas de tirar el móvil al Manzanares todavía se movían dentro de mí junto a mi matcha, llegué a una revelación.

«Ser cringe es ser libre». O algo así dijo alguien en algún momento en TikTok y pensé: «bah, yo no tengo cringe porque soy superior a esas chorradas», pero actualmente esto está muy lejos de la realidad. En el momento en el que te importa cómo te perciben los demás —incluso una sola persona—, estás expuesto a sentir cringe. ¿Pero es esto malo? No.

Siendo honestos, el cringe es la naturalidad humana en su máximo esplendor, es el signo de que somos seres vivos habitando en este minúsculo lugar al que llamamos Tierra, es común y maravilloso a partes iguales. Nos hace fuertes y auténticos, porque al fin y al cabo ¿quién no ha hecho el ridículo alguna vez?

En un mundo en el que encontrar la pose o movimiento perfecto, mientras decimos lo más adecuado y enseñamos a la lente de la cámara la mejor versión de nosotros —y a veces la más surrealista— a cualquiera que pueda vernos, muestra muchas veces que dar cringe es genuinamente el símbolo de la libertad.

Así que sí, en mi opinión vístete de forma rara, baila, canta, ten ideas, equivócate y vuelve a intentarlo. Se espontáneo, ríete y aprende, porque la cara más realista de la humanidad es el cringe, es el momento perfecto para que —irónicamente— no nos dé vergüenza errar al salir de nuestra zona de confort.

¿Estoy dando cringe contando mis intimidades en internet? Probablemente, pero es muy tarde para acobardarse, ya me he posicionado: «To be cringe is to be free».

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