La dimisión del ministro de Transportes podría ser la nueva baza del PSOE ante las próximas elecciones
Son apenas las nueve de la noche cuando en el Congreso de los Diputados, después de casi cuatro horas de una comparecencia tensa y crispada, Óscar Puente anuncia que hasta aquí ha llegado. Tampoco será alcalde de Valladolid, donde deja de estar en las listas del Partido Socialista.
Se trata de una decisión que cumple con el deseo de más de la mitad de la Diputación Permanente, que había reclamado su dimisión después de los desastres ferroviarios de Adamuz y Urda. Pero, aunque satisfaga a sus adversarios, Puente ha sorprendido a la prensa y a muchos de sus compañeros de partido.
«La culpa no puede morir soltera», ha asegurado Puente
Por desgracia, no estamos acostumbrados a que un ministro o presidente tenga dignidad política y empatía con las víctimas de una tragedia. A lo largo de los últimos años, diferentes dirigentes han afrontado crisis institucionales sin que su permanencia en el cargo esté en duda. Ejemplos son la DANA valenciana de Carlos Mazón o Ana Pastor y el accidente ferroviario de Angrois en 2013. Ambas han dejado una profunda discusión sobre los tiempos y la responsabilidad política de nuestros dirigentes.
Es por esa misma razón que, en una campaña electoral tan polarizada, donde el PP apunta a gobernar este país de la mano de Vox, la dimisión de Óscar Puente puede ser la nueva baza del PSOE. Un argumento que también podría construir una imagen de partido dispuesto a asumir errores y responsabilidades, contraposición a otras formaciones que han afrontado situaciones similares desde la negación.
De cualquier forma, la dimisión de Puente no cierra ninguna de las heridas físicas y psicológicas de los accidentes ferroviarios. No por irse de La Moncloa se borran sus errores en la gestión. Las víctimas y sus familias merecen respuestas, justicia y garantías.
Ahora, mientras que el futuro político de Óscar Puente queda en el aire, debemos asegurarnos de lo verdaderamente importante: que la responsabilidad política no sea una mera dimisión. La salida del ministro de Transportes tiene que traducirse en hechos y garantías reales. Nuestros transportes tienen que volver a ser seguros y nadie puede volver a morir en ellos. Nadie puede volver a sufrir por viajar, ir a trabajar o a visitar a un ser querido.


