De Puerto Rico a Idealista: por qué diez noches de música latina son un reflejo de agotamiento juvenil
El cantante puertorriqueño Bad Bunny lleva más de 15 días en la capital madrileña. 15 días y 10 conciertos donde lo ha dado todo para sus fans. Un evento que, aparte de estar lleno de reguetón y música latina, también ha llenado calles y reservas de hoteles. Pero, cuando su larga e intensa parada en Madrid está a punto de acabar, solo podemos preguntarnos: ¿Acaso no se cansa?
Parece que no. Entre las diferentes fechas, el artista ha tenido tiempo para reposar y descansar su voz tan característica. Entonces, tal vez la pregunta esté en otro sitio: ¿no estamos nosotros realmente cansados? Porque razones tenemos.
La primera es la vivienda, desde luego. ¿No nos cansamos de pagar alquileres que nos asfixian? ¿No nos cansamos de que, año tras año, nuestro casero nos suba la renta? Una completamente inflada, que, en muchas ocasiones, no cubre las necesidades básicas. Pero, por otra parte, ¿qué opciones tenemos? ¿Aceptamos que nos ahoguen pagando o nos adentramos en una terrorífica jungla llamada idealista? Una de habitaciones sin ventanas, pisos sin ventilación e ilegalidades urbanísticas.
No solo el problema de la vivienda nos puede cansar. También lo hace la precariedad laboral que vivimos en este país. Nos despertamos temprano, empleamos una hora en ir y otra en volver hasta llegar al trabajo. A muchos, no les pagan las horas extra. A otros, que viven de la hostelería y el comercio, les tratan mal diariamente. Es común que los jóvenes escuchemos que «son gajes del oficio» o que «ya pasará», pero estamos realmente cansados.
Aun así seguimos. Y no sabemos muy bien cómo porque —entre conflictos internacionales y polarización— vivimos en una época de plena radicalización y conservadurismo desde diversos sectores políticos. Discursos que vemos en redes sociales y crean un ecosistema de desinformación y fake news que solo da como resultado el retroceso en derechos fundamentales por los que llevamos luchando desde hace décadas.
Pero, a pesar de todo, en un mundo que nos quiere aislados, enfadados y pegados a una pantalla, unirse a miles de personas para cantar y perrear se ha vuelto —estas últimas noches— un acto de resistencia. No es que Bad Bunny vaya a solucionar la crisis de la vivienda o frenar la polarización, ya que eso le toca a otros, pero con sus letras nos olvidamos de ese cansancio: «Lo único más poderoso que el odio es el amor».


