El PNV es un partido bisagra y muy cortejado. Hasta ahora, el PNV había avanzado gracias a su capacidad de coacción como minoría decisiva en el Congreso, con el PP como mejor postor. Desde 2018, son socios de Sánchez, coincidiendo con Bildu. Una decisión cuestionada e inexplicable para una facción de sus votantes.
La relación entre el PP y el PNV es crítica. Una escalada de tensión que no cesa desde el cambio de bando del PNV en 2018. Dejaron caer a Rajoy por el caso gürtel, una trama de corrupción en el PP para hacer presidente a Sánchez. Sin embargo, ahora, la dirección vasca mira para otro lado cuando la corrupción acecha a Sánchez, su familia y al PSOE.
Un sector de votantes y dirigentes del PNV sigue sin comprender la estrategia actual de su partido. Urkullu, uno de los mayores activos del partido y Lehendakari desde 2012, quería investir a Feijóo. No obstante, le apartaron del partido. El PNV ha perdido el rumbo y la huida hacia adelante solo empeorará aún más la demoscopia de su partido. De aquel sólido y exigente PNV queda poco.
Feijóo disponía de 172 escaños con el apoyo de Vox y necesitaba cuatro más para gobernar. Era vital el apoyo del PNV. El PP estaba dispuesto a cederles el Ministerio de Industria a cambio de su investidura. Los electores del PNV no dan crédito de cómo rechazaron tal oferta. De apoyarles, hubieran sacado mayor rédito. Algo que no consiguen con el PSOE en el poder.
El PP aún no perdona la traición del PNV en la moción de censura contra Rajoy en 2018. Tampoco olvidan la negativa a investir a Feijóo como presidente. En ambas votaciones, los cinco diputados del PNV tuvieron en su mano evitar que Sánchez accediera a la Moncloa. Sin embargo, tanto el PNV como Junts apostaron por Sánchez como caballo ganador.
El PP se anotó un tanto tras conseguir el apoyo parlamentario necesario para reconocer a Edmundo Gónzalez como presidente de Venezuela. El PNV en este caso, se vio obligado a apoyar a los populares. Sus electores no hubieran entendido el apoyo a la dictadura de Maduro. Sin embargo, la relación entre ambos partidos sigue dañada.
El PNV resiste a duras penas y Bildu se prepara para el sorpasso
Los socios separatistas, como Bildu, aprietan más al PSOE y obtienen mayores beneficios que el PNV. En cambio, si el PNV apoyara un gobierno del PP, serían decisivos y apretarían al máximo al PP pidiendo cualquier cosa. Mientras, Bildu no conseguiría nada en el Congreso, lo que supondría un trasvase de votos de Bildu al PNV en el futuro y recuperar su hegemonía.
No hay que olvidar que el PNV depende del PSOE en el Gobierno vasco y en ayuntamientos, pero lo cierto es que Bildu no para de crecer y está muy cerca del sorpasso al PNV. Muchos ven en esta estrategia cortoplacista un peligro, porque ahora, es imposible distinguir al PNV de Bildu en el Congreso, ya que votan lo mismo y a la larga, Bildu les barrerá electoralmente. En abril, el PNV sufrió un gran susto tras ganar in extremis las elecciones vascas.
Mientras que el PNV está sin rumbo y sin identidad, Bildu es el socio preferente del Gobierno. Otegi ha conseguido capitalizar leyes sociales e imponer medidas, siendo un partido útil. Por ello, están cosechando resultados históricos en País Vasco y Navarra. De ese éxito no puede desprenderse el PSOE, que ha ayudado a Otegi pese al pasado controversial de Bildu.
¿Elecciones a la vista?
Las dos formaciones vascas luchan entre sí sin descanso por hacerse con el poder, como también Sánchez y Feijóo. Sánchez no puede gobernar y Feijóo no tiene el apoyo del PNV para acceder a la Moncloa. Ambos saben que para gobernar necesitan al PNV y a Junts, los únicos dos partidos todoterreno que podrían decantar la balanza de un lado u otro.
El PP no cesa en su intento de cortejar al PNV y Junts con medidas ecónomicas con el fin de que cambien de bando en las votaciones y crear una mayoría parlamentaria – anti Sánchez-. Conviene recordar que en lo económico, PP, PNV y Junts son afines. Esa sería la casilla de salida en la ruta del PP para más tarde armar una moción de censura contra Sánchez.
Pero la situación actual es bien distinta. La oposición tiene 171 votos asegurados y el Gobierno 171 también. Un empate técnico en las votaciones, donde decide Puigdemont, que no parar de boicotear a Sánchez. Lo que demuestra que existe un desgobierno en el Congreso y una España partida en dos. Un año de legislatura con desgobierno y un continuo bloqueo en un Congreso que no aprueba leyes.

