Están ahí. Se ven pero nadie las mira. A veces es hasta mejor pasar desapercibido porque una mirada puede llevar a la discriminación, y de la discriminación al odio hay una fina línea. Es lo que se conoce como aporofobia, el miedo o rechazo hacia las personas pobres, y más intensamente a aquellas que de tan pobres no tienen ni casa, las personas sin hogar.
Como tripulantes del Holandés Errante, las personas sin hogar se camuflan en la calle de manera que pasan totalmente desapercibidas por los transeúntes. José María Maguregui, o Magu, como todos le llaman, tiene dos pasiones: el Athletic de Bilbao y ayudar a personas sin hogar. Lleva diez años siendo voluntario en NadieSolo, una organización que desarrolla programas de voluntariado para acompañar a personas vulnerables y en riesgo de exclusión. El mismo Magu reconoce que en la plaza de su casa siempre había una mujer pidiendo, sabía que estaba ahí pero nunca se había fijado en ella hasta que un día se la encontró en uno de los centros donde hace el voluntariado. “Me dijo: ‘Si yo a ti ya te conozco’, y la verdad es que no caía de qué hasta que me dijo que pedía en la plaza de mi casa”, cuenta Magu.
A veces pasan también desapercibidas para las instituciones y autoridades. La única encuesta específica que hace un recuento de las personas sin hogar es la que realiza el Instituto Nacional de Estadística (INE), y se realiza cada diez años. En la última, realizada en 2012, los datos muestran que aproximadamente unas 30.000 personas viven en la calle. Desde Cruz Roja España, su portavoz estatal Susana Rojo resalta que “es muy complicado tener datos precisos porque son personas que se mueven mucho, personas que quieren mantener el anonimato”. Además, los datos son “muy variables”, ya que, a pesar de las 30.000 personas sin hogar que contabiliza el INE, Cruz Roja suele trabajar con “entre 13.000 y 15.000 personas en toda España”.
Lo primero, llamar a las cosas por su nombre
Según insisten los trabajadores y educadores sociales como Clara (nombre ficticio), el sinhogarismo “es un fenómeno multi causal, no hay una sola causa común”. De esa multicausalidad, hay que resaltar, y en esto coinciden todas las ONG, la causa estructural. Bokatas es una asociación cuyo objetivo principal es acompañar a las personas que viven en la calle y uno de sus proyectos más famosos es “las rutas de calle”. En ellas reparten bocadillos y café o caldo a personas que viven en la calle para charlar un rato con ellas. Cristina Córcoles, coordinadora del voluntariado en la sede de Comillas (Moncloa), explica esa estructuralidad: “Nunca es solamente un factor individual, sino que también está el factor estructural o social. Hay otro tipo de problemas a nivel macrosocial que se tienen que solucionar para poder ayudar a estas personas a acceder a una vivienda”.

En Hogar Sí, una entidad que trabaja para que ninguna persona viva en la calle, Gonzalo Caro, su coordinador de la unidad de causa, explica que ellos trabajan el fenómeno del sinhogarismo desde “una perspectiva estructural”, y por eso hablan de “sinhogarismo”. Cristina también resalta la importancia del lenguaje: “Al final el lenguaje es muy poderoso y lo utilizamos para nombrar realidades. Preferimos utilizar los términos ‘sinhogarismo‘ y ‘personas sin hogar’ en lugar de ‘mendigos’ o ‘vagabundos’ porque llevan una connotación negativa y culpabilizan a la persona únicamente sin tener en cuenta otros factores estructurales”.
En cuanto al perfil, las organizaciones coinciden en que “no hay un perfil típico” y que “lo que tienen en común todas estas personas es que carecen de un hogar”. Porque, para Hogar Sí, “un hogar implica una seguridad física, va más allá de protegerte de las inclemencias del tiempo. Un hogar es donde descansamos, donde nos sentimos seguros, donde nos desarrollamos socialmente y hacemos nuestra vida”. Algunas causas individuales que señalan tienen que ver con la pérdida de empleo, distanciamiento con las familias y amistades, desahucios o adicciones de alcohol o drogas. Y muchas veces, esas causas individuales están relacionadas y son consecuentes, una puede dar pie a la otra. “¿Qué fue antes la gallina o el huevo?”, pregunta Magu, y de esto nunca se sabe la respuesta.
«Preferimos utilizar los términos ‘sinhogarismo’ y ‘personas sin hogar’ en lugar de ‘mendigos’ o ‘vagabundos’ porque llevan una connotación negativa y culpabilizan a la persona únicamente sin tener en cuenta otros factores estructurales».- Cristina (Bokatas)
Invisibilidad y soledad
El bocadillo o el café que Bokatas reparte a las personas sin hogar en sus rutas es en realidad una excusa “para intentar establecer contacto con esas personas, hablar con ellas, escucharlas y establecer una relación de confianza y respeto”, aclara Cristina. “Ellos mismos te lo dicen: ‘La gente no nos mira o nos mira con rechazo’. A las personas sin hogar se les ha marginado socialmente”, añade. Y a veces son invisibles entre ellos mismos. En la visita con Magu al Centro de Acogida de San Isidro, cerca de Príncipe Pío (Madrid), pudimos comprobar que allí las personas no interactúan entre ellas, no hablan, están juntas y solas al mismo tiempo. “No quieren hablar con nadie ni escucharse porque cada uno ya tiene bastante con lo suyo”, entiende Magu.
Eso los que tienen suerte y consiguen plaza en albergues porque, para Magu, “la calle es un mundo muy duro y sobreviven los que luchan. Es la ley del más fuerte”. En los albergues o centros no hay sitio para todos y por eso se lleva a cabo una selección. Se tiene en cuenta la perspectiva de género ya que, para los servicios sociales, “por el hecho de ser mujer, tienen más riesgo en determinados aspectos”. Algunos tienen que ver con algo tan cotidiano como la higiene durante la menstruación, pero también con situaciones extremas como mayores tipos de violencia relacionada con abusos y agresiones sexuales y prostitución.
«La calle es un mundo muy duro y sobreviven los que luchan. es la ley del más fuerte».- Magu (NadieSolo)
Aporofobia y discriminación
En Cáritas Burgos, David habla de que la invisibilidad “también es un síntoma de aporofobia”. La aporofobia es el miedo o rechazo a la pobreza y a las personas pobres. “Nos hemos acostumbrado a ver personas en la calle pidiendo, durmiendo… Esa invisibilidad al final genera indiferencia, y la indiferencia genera rechazo, y el rechazo discriminación”, describe David. Este “primer grado de aporofobia” puede derivar en insultos, vejaciones o destrucción de pertenencias, lo que ya rozaría el delito de odio.
“Es una situación que además agrava la situación que de por sí estas personas ya sufren”, cuenta Hogar Sí. Desde la perspectiva de la educadora social entrevistada, la solución estaría en “tomar conciencia de un problema en el cual hay que invertir muchísima conciencia social y recursos. Los derechos humanos y la dignidad de la persona es fundamental”. En eso coincide David: “Si ni siquiera la sociedad ve a las personas sin hogar como un problema, jamás vamos a buscar soluciones a la situación de sinhogarismo en España”.

Y después vendría la discriminación. “No dejarles entrar en un bar, miradas de rechazo, que se llame a los servicios policiales porque molestan en un parque, en un banco o en un portal…”, son algunos ejemplos que enumera Hogar Sí. Esa discriminación se traslada también al mundo laboral, por eso, en NadieSolo cuentan con Mentoring for Job, un programa que les ayuda a formarse para entrar en el mercado laboral. “Es dificilísimo. No tienen ninguna opción. Suelen entrar dos o tres personas al año”, indica Magu. Y sin trabajo es imposible salir de la calle.
«Nos hemos acostumbrado a ver personas en la calle pidiendo, durmiendo… Esa invisibilidad al final genera indiferencia, y la indiferencia genera rechazo, y el rechazo discriminación».- David (Cáritas Burgos)
Delitos de odio: arquitectura hostil
El observatorio de Hogar Sí indica que “aproximadamente la mitad de las personas en situación de sinhogarismo han sido alguna vez víctima de un delito de odio”. De acuerdo a los datos del Observatorio de Delitos del Odio contra Personas sin Hogar (HATEnto), el 87% de las personas implicadas eran hombres, siendo un 28,4% de los agresores jóvenes de fiesta, un 10,1% cuerpos policiales y otro 7,3% grupos neonazis.
Una forma de delito de odio más sutil y que pasa desapercibido es la arquitectura hostil. Amparo Morant, arquitecta de Arquitectura y Empresa, define esta práctica como “un recurso del diseño de espacios públicos en el que se aplican una serie de modificaciones con la finalidad de desalentar su utilización indebida”. Y “utilización indebida” engloba muchas situaciones, pero “generalmente, esta arquitectura va dirigida a minimizar la utilización del espacio y los elementos por personas sin techo”, aclara.

En Bokatas cada vez lo notan más: “En ciertos sitios donde quizás se podría poner una persona sin hogar para resguardarse, construyen cosas de tal forma que no puedan hacerlo”. Algunos ejemplos que pone Amparo son “los asientos individualizados, verjas en portales de edificios o en soportales, diseños con salientes en escalones, alféizares o barandillas, pinchos…». Cristina opina que al final es un parche porque «no soluciona el problema, sino que lo mueve de sitio». «A esa persona lo que le toca es moverse a otro lado porque sigue estando en la calle y sigue necesitando un sitio donde dormir”, añade.

Lo último, sensibilizar y concienciar
Y si lo primero consistía en hablar con propiedad el último paso sería la sensibilización. El sinhogarismo es un problema estructural y por lo tanto se soluciona desde arriba, sin embargo, las ONG coinciden en que, desde abajo, también se puede tratar. Y se puede hacer desde la visibilidad al voluntariado. En Cruz Roja animan “a los ciudadanos españoles a que se acerquen a Cruz Roja o cualquier otra institución para ayudar a las personas sin hogar”.
Cristina de Bokatas también recomienda el voluntariado: “Obviamente yo no voy a erradicar el sinhogarismo ni voy a conseguir que ninguna persona no duerma en la calle, pero sí que te dan ganas de hacer algo al respecto y poner tu granito de arena, que en este caso es establecer una relación con estas personas de ayuda y respeto para sensibilizar y visibilizar sobre este tema y así poder denunciar delitos de odio”.
Para Hogar Sí, esa sensibilización y visibilidad es crucial: “Hay una aporofobia latente en la sociedad que no es culpa de nadie, es decir, todos tenemos una serie de ideas prefijadas a veces del desconocimiento”. Por eso trabajan contra la ignorancia, para dar a conocer la realidad de las personas en situación de sinhogarismo y pobreza. “Es normal que al salir de nuestra casa y encontrarnos a una persona que no conocemos sintamos miedo. Lo que no es normal es dejarnos llevar por ese miedo y construir una imagen del otro totalmente deshumanizada”, concluye.


