Aafia Siddiqui, una mujer que lleva más de una década recluida en el Federal Medical Center de Carswell, en Fort Worth, Texas, cumple una condena de 86 años por el supuesto intento de asesinato de varios agentes de la policía estadounidense en Afganistán.
Desde su detención en 2008, su caso ha generado gran controversia.
Mientras que en Estados Unidos se le considera un nombre más en la lista de los más buscados, en Pakistán es vista como una víctima inocente y un símbolo de resistencia. Esta dualidad en su percepción ha abierto investigaciones y alimentado debates sobre su sentencia y su encarcelamiento.
El perdón denegado: el silencio oficial de EE. UU
En Estados Unidos, el caso de Aafia Siddiqui ha sido prácticamente ignorado por el público en general. A pesar de los esfuerzos por obtener su perdón a través de campañas en redes sociales y peticiones, el pasado 20 de enero , el entonces presidente Joe Biden negó tanto su perdón como su solicitud de consuelo religioso. Este último refiriéndose al derecho de los prisioneros a recibir asistencia espiritual en momentos de necesidad. La falta de atención a su caso se ha visto reflejada en la limitada cobertura mediática y el nulo cambio en su situación jurídica.
El relato oficial: ¿intento de asesinato o una detención forzada?
Tras su supuesta desaparición en 2003, Aafia Siddiqui fue detenida en 2008 en Afganistán. Durante los cinco años previos a su arresto, Siddiqui ha afirmado haber sido víctima de tortura en la prisión de Bagram, en Afganistán, como parte del denominado «post-9/11 torture program«. Este programa fue implementado en las prisiones secretas de la CIA, conocidas como «black sites«, que operaban en varios países, incluido Afganistán. Estos centros, dispersos por varios países, fueron utilizados para interrogar a prisioneros clave de Al Qaeda y otros sospechosos de terrorismo.
Estados Unidos, por su parte, niega las acusaciones de tortura y rechaza la posibilidad de que Aafia Siddiqui haya sido detenida bajo estos protocolos. Las autoridades estadounidenses insisten en que Siddiqui fue detenida en 2008 en Ghazni, Afganistán, por su presunta implicación en un plan para llevar a cabo un atentado contra los estadounidenses. Según los oficiales del caso, durante su estancia en la sala de detención en Ghazni, Aafia, escondida detrás de una cortina, disparó a los agentes encargados de su custodia, tras encontrarse un rifle M4 en el suelo de la sala. «El oficial escuchó y vio a Siddiqui disparar al menos dos veces mientras el intérprete intentaba quitarle el arma. Nadie resultó herido», testificó Mehtab Syed, agente del FBI.
Un juicio controversial: la falta de pruebas en el caso Aafia Siddiqui
El juicio de Aafia Siddiqui, celebrado en 2010, estuvo marcado por la controversia y la falta de pruebas sólidas. Durante el juicio, no se encontraron huellas dactilares en el arma que supuestamente usó Aafia, y los agujeros en la pared de la sala de interrogatorio no coincidían con los disparos de un rifle M4, como se alegaba. Además, las balas halladas en las paredes no coincidían con las de alta velocidad esperadas de ese tipo de rifle, según informes de expertos forenses.
A pesar de la ausencia de pruebas definitivas, Siddiqui fue condenada a 86 años de prisión por múltiples cargos graves y trasladada al Centro Médico Federal de Carswell, donde continúa cumpliendo su condena.
Las condiciones en su prisión
El centro penitenciario de Carswell ha sido señalado por abusos sexuales y violaciones de derechos humanos. Aafia Siddiqui, en particular, ha denunciado en varias ocasiones las «intolerables» condiciones de su detención, que incluyen abuso sexual, negligencia médica y agresiones físicas. Además, se ha impedido que Siddiqui se reúna con un imán, a pesar de sus constantes solicitudes, lo que constituye una violación de sus derechos religiosos.
Aafia Siddiqui como símbolo de resistencia
Aunque Siddiqui es un nombre relativamente desconocido en Occidente, los círculos islamistas lo reconocen comúnmente. Se han apropiado de su nombre y su causa, a menudo sin el consentimiento de la mayoría de los pakistaníes ni de su propia familia. Su caso resuena especialmente entre los radicales, ya que representa a una mujer musulmana que, según su narrativa, ha sufrido las consecuencias de la hostilidad y el antagonismo estadounidense, especialmente en el marco de la guerra contra el terrorismo. Esta percepción dificulta su liberación. Cualquier intento podría interpretarse como una capitulación ante las demandas de los terroristas, algo políticamente inaceptable para el gobierno de EE. UU.
Un caso de impunidad: La percepción pakistaní sobre Siddiqui
Para Pakistán, Aafia Siddiqui personifica la victimización musulmana frente a lo que consideran la impunidad de Estados Unidos. La causa de su liberación siguirá siendo relevante en redes y foros internacionales, mientras persista la percepción de injusticia en su caso.


