La acampada en la Puerta del Sol, que comenzó el pasado sábado, continúa en su tercera jornada para pedir la aprobación de un decreto que blinde el derecho a la vivienda
La comparación es inevitable. La imagen de cientos de tiendas de campaña en la Puerta del Sol evoca inmediatamente en todos la memoria del 15M y todo lo que significó la protesta social de ‘los indignados’. Sin embargo, ha pasado más de una década y la mayoría de los que protestan hoy contra la crisis de la vivienda y los desahucios apenas eran adolescentes en el año 2011.
Este es el caso de Viviana (27 años), que se unió el pasado domingo a la acampada en Sol en protesta por el desahucio de Maricarmen. La joven no vivió las movilizaciones del 15M, aunque no solo la admite, sino que se muestra emocionada por la comparación: “Sé que fue un movimiento con mucha gente y eso es lo que necesitamos ahora”. Si bien son muchas las similitudes en la forma, hay grandes diferencias en los objetivos de ambos movimientos
Hoy, los que acampan en la Puerta del Sol reclaman algo muy concreto: la aprobación del llamado Decreto Maricarmen. A pesar de la promesa del presidente del gobierno Pedro Sánchez de llevarla al Consejo de Ministros de este martes, muchos reciben el anuncio con escepticismo.
Dos generaciones, dos acampadas
Es lo que teme Verónica (43 años), que estuvo en la acampada en Sol cuando arrancó. Se encontraba todavía en la manifestación que tuvo lugar el pasado sábado cuando escuchó a unos chicos pertenecientes a CNT decir que habían acampado en la plaza. Poco después se unió a ellos.
Al contrario que Viviana, Verónica sí recuerda el 15M y también está de acuerdo con la comparación: “Me da vibras del 15M”. También recuerda los objetivos frustrados de aquella acampada. “Las personas que lo están haciendo, lo están haciendo con toda la voluntad, con toda la fuerza, con toda la lucha”, asegura antes de matizar que “el sistema está mejor movilizado”.
Es consciente de que hay un salto generacional claro. “Yo tengo 20 años más que ellas”, explica en referencia a la organización del Sindicato de Inquilinas, organización con la que dice no estar de acuerdo en todas sus posiciones. Actualmente apoya la reivindicación que está dirigiendo por el desahucio de Maricarmen.
Talleres de Yoga y conciertos en Sol
A Verónica le chocan algunas cosas de la acampada, que ya va por su tercera jornada este lunes. Entre las asambleas y las acciones reivindicativas se han empezado a colar actividades de carácter más social o incluso lúdico. Esta mañana, por ejemplo, se anunciaba un taller de yoga. “Me parece una chorrada”, dice Verónica sobre esta actividad.
Sostiene que las actuaciones de música o las apariciones de famosos en la acampada pueden ayudar a movilizar a más gente, aunque cree que este tipo de actividades distancia a la protesta de ser “una lucha real”. Señala que estos talleres contribuyen a caricaturizar la protesta.
“Al final, si no nos criminalizan nos ridiculizan”
Sara (24 años) no está del todo de acuerdo. Lleva unos días yendo y viniendo de la acampada. “Se ve como algo más chorra, pero ayuda a atraer a más gente”, explica sobre las actividades de ocio en el contexto de la protesta en Sol. Considera que las comparaciones con el 15M no son útiles en este momento.
Piensa que no debería ponerse el foco en las valoraciones que puedan hacer externamente de las actividades de la acampada. “Al final, si no nos criminalizan nos ridiculizan”, señala. Añade que, dadas las circunstancias, lo mejor es hacer el tiempo allí más ameno.
Viviana está de acuerdo con Sara: “Había gente bailando, jugando a las cartas y hablando de cosas que no eran necesariamente la vivienda”. Ella dice reivindicar “el juego” como una parte importante de este movimiento. Lleva años siendo activista por esta causa. Cuenta que, cuando corres el peligro de que te desahucien, divertirse se convierte en una parte clave de la lucha.
Un inicio esperanzador y un final incierto
Las tres entrevistadas coinciden en algo: va a ser difícil lograr los objetivos que plantea la acampada. Viviana considera que la protesta en Sol puede llegar a ser suficiente para presionar al gobierno para que apruebe el Decreto Maricarmen con todos los puntos del Sindicato de Inquilinas. En caso de no conseguirlo, cree que una huelga general es el siguiente paso.
Verónica no lo tiene tan claro. “Si no se consigue eso [Decreto Maricarmen], ¿cuál es el siguiente paso? No nos lo han contado”, explica. Piensa que el plan de mínimos presentado por la organización puede llegar a ser demasiado ambicioso. “No sé si esos mínimos habría que ajustarlos para que puedan ir entrando de alguna manera”, añade.
“Ojalá lo consigan ¿no?”, dice antes de corregirse: “Y lo consigamos”. Mientras que el debate sobre el ‘cómo’ se mantiene vivo entre los manifestantes, parece que el ‘qué’ produce una mayor unanimidad entre los jóvenes y no tan jóvenes que vuelven a ocupar más de una década después la Puerta del Sol.


