La enfermería, en primera línea frente a la Covid-19

0
283
Imagen cedida por Pexels. Autor: Cottonbro.

El cuerpo de enfermería ha vivido una exposición diaria al virus desde su trabajo. Los acontecimientos de este año han llevado a la opinión pública a reflexionar sobre el papel de sus profesionales sanitarios en la sociedad, ha causado a los trabajadores de enfermería consecuencias psicológicas por lo vivido en los hospitales, y les ha generado la necesidad de reivindicar mejores condiciones laborales. Las experiencias de varios enfermeros y expertos reconstruyen los hechos sobre cómo es la situación de los enfermeros y enfermeras en un hospital de España, después de un año de lucha contra la pandemia por Covid-19. 

Publicidad

La tercera ola

Son las ocho de la mañana del 21 de enero en el Hospital General de Alicante. Penélope Pasero accede por la puerta de la calle Pintor Baeza para empezar su turno como enfermera del centro, como lleva haciendo desde hace seis meses cuando empezó a trabajar allí. Están en plena tercera ola de contagios. Sube hasta la planta destinada a los pacientes de Covid-19 y se pone su equipo de protección. 

Hace más de 300 días que enfermeras y enfermeros como Penélope entran cada día en el hospital sabiendo que se van a enfrentar con esta enfermedad. Le esperan horas de cuidados, de trabajo, y de vivir de frente la evolución de la pandemia Covid-19.  

En la primera ola, las habitaciones dobles del hospital se convirtieron en individuales para mantener distancias. En esta tercera ola la ocupación está al completo, y todas las habitaciones funcionan como dobles. Han adaptado quirófanos de pediatría para preparar más UCIs Covid-19 y atender a más pacientes. 

Penélope entra en el despacho donde descansan las enfermeras para airearse. Nota un ambiente tenso. Lleva varios días seguidos en los que sale llorando de todos los turnos. Ella aún estaba terminando la carrera de enfermería en la Universidad de Alicante durante el primer confinamiento en 2020, pero sabe que la tercera ola está siendo dura. Sus compañeras le dicen “esta ola es mucho peor, sin duda. Estamos más cansadas. La segunda y tercera ola no han tenido ese parón de verano de la primera, sino un continuo aumento de pacientes COVID, de cada día abrir más plantas para más contagiados”. 

Carles Esteve trabaja como enfermero en el Hospital General de Alicante desde hace año y medio y en el Hospital de Vistahermosa desde hace cinco años. Él también piensa lo mismo. “Como ya se conocía mucho más el virus, en cuanto a carga de trabajo ha sido muchísimo peor, porque todo el que estaba ingresado lo necesitaba de verdad. No digo que en la primera no, pero que en la primera había muchos ingresos por prevención. Ha sido horrible”

Y Penélope se cabrea. “Nosotras no paramos de trabajar y esforzarnos, de ver a gente morirse y el resto del mundo hace lo que le da la gana. Es frustrante”. Ese jueves entrarían en vigor las nuevas medidas de Covid-19 de la Comunidad Valenciana, como el cierre de la hostelería y la restauración, y se endurecerían las medidas para afrontar la subida de contagios.

La enfermera Pasero llega a casa, y espera que mañana sea un poco mejor. Al acabar el día han muerto 98 personas por la enfermedad en la Comunidad Valenciana, la mayor cifra desde el inicio de la pandemia. Hay más de 4.000 pacientes Covid ingresados en planta en la comunidad. Las hospitalizaciones superan a las bajas. “Esto parece la guerra”, piensa.  

Pero al día siguiente se levanta y ve los vídeos de la fiesta que esa noche se celebró en el Teatro Barceló de Madrid y que han dado la vuelta al país en redes sociales. Los clips muestran jóvenes sin mascarilla ni distancia de seguridad bailando despreocupados en un local lleno, como si no existiera el virus. “¿De verdad tenemos que ver esto la gente que estamos viendo cómo se mueren las personas? Qué injusto”, piensa Penélope. 

La enfermera Penélope Pasero en el Hospital General de Alicante. Fotografía proporcionada por ella misma.

La concepción de los héroes y  los aplausos

Mientras los turnos del hospital corren, el Colegio Oficial de Enfermería de Madrid se encarga de dar voz al papel de la profesión enfermera. Reflexionan sobre el simbolismo de ese agradecimiento social a la enfermería que hubo durante la cuarentena, los aplausos a las 20h. La adjunta a la Presidencia del COEM, Mar Rocha, comenta que esos aplausos acompañaron a enfermeras y otros sanitarios en sus momentos más duros de la pandemia, donde no solo hacía falta redoblar esfuerzos para atender a todos, sino que vivían una gran incertidumbre y estaban expuestos, por la falta de medios, y también sus familias, a una nueva enfermedad. 

Rocha piensa que fue un apoyo que sirvió para que muchas personas tomasen conciencia del papel fundamental de nuestra sanidad y de sus profesionales, y un reconocimiento al esfuerzo extraordinario para atender y cuidar de las personas afectadas por COVID-19.  

Ahora ya no se escuchan los aplausos a las 20h. Aún así, no para todos los enfermeros fueron de buen agrado durante el confinamiento. Carles Esteve piensa que “salir a aplaudir y luego votar a un partido que sabes que va a recortar en sanidad pues sirve de bien poco. Ya no sé en cuanto a qué opino de que se nos considerara a los héroes de la pandemia”.

Carles reniega de la palabra “héroes”. Piensa que la mayoría de los que estudian una carrera de salud es por vocación, que él no se siente un héroe. Saben que pueden llegar a trabajar en circunstancias muy complicadas. “Al igual que has tenido años de relativa tranquilidad, ahora ha venido una pandemia, pero puede venir una guerra y ahí vamos a estar para lo que haga falta. El estar atendiendo a la gente en una pandemia es algo para lo que, aunque no nos hayan formado específicamente, estamos ahí”.

A Penélope también le parecía ridícula la denominación de héroes, “porque sí, estábamos pasándolo mal porque teníamos una pandemia encima, pero todos los días trabajamos y todos los días estamos acompañando a pacientes que se están muriendo, mujeres dando a luz… Y en todas las situaciones. No creo que hayamos sido héroes en ese momento. En todo caso lo habríamos sido siempre, pero es que es nuestro trabajo. Es a lo que hemos decidido dedicarnos. Y me parecía bastante ridículo, igual que los aplausos. Luego todo el mundo se va a olvidar de todo esto y te van a volver a criticar por lo que hagas y te van a volver a llamar «limpiaculos», básicamente.”

Numerosos sanitarios piensan igual que Carles y Penélope, no son unas figuras admirables que únicamente necesiten reconocimiento social. Son profesionales que cumplen con su trabajo y que en ocasiones se han visto perjudicados por la gestión de esta crisis. Porque el agradecimiento social, al fin y al cabo, no les proporciona los recursos necesarios ni les asegura contratos estables o sueldos acordes a la responsabilidad que han debido asumir. 

El Sindicato de Enfermeras de Cataluña rechazó en junio del 2020 el Premio Princesa de Asturias a la Concordia a los Sanitarios. Las enfermeras reivindicaron que en vez de un premio lo que quieren son contratos dignos, material suficiente y poner fin a la precariedad en su profesión. Es por todo ello que lo que verdaderamente reclaman es que todos los reconocimientos no se queden tan solo en un acto simbólico, sino que vengan acompañados de las acciones políticas y económicas necesarias para el verdadero reconocimiento de su labor. 

Esa misma empatía que sintió la sociedad al trabajo que realizamos es la que, para Mar Rocha, debe llevar a reclamar esos medios para que puedan trabajar en las mejores condiciones de calidad y seguridad, que es lo mismo que reclaman para poder atender a nuestros pacientes.

Desde CODEM, Rocha siente que ha hecho más visible a la profesión enfermera, el peso de su profesión dentro del sistema sanitario y el liderazgo en la gestión de las necesidades y cuidados que prestan. También el hecho de que se ha visto que son una profesión que tiene una gran capacidad de adaptación al cambio y una capacidad de innovar para prestar cuidados que les ponen como eje del sistema sanitario. 

Pero esa adaptación al cambio también ha provocado secuelas mentales en los enfermeros y enfermeras, que ya en enero comentaban en ese despacho del Hospital General de Alicante, que estaban cansados, que llevaban casi un año luchando en primera línea y las consecuencias ya se hacen visibles.

El enfermero Carles Esteve en el Hospital Vistahermosa de Alicante. Fotografía proporcionada por él mismo.

Las consecuencias psicológicas de la pandemia 

Las circunstancias de los sanitarios se han vuelto muy complejas. En muchas ocasiones, los enfermeros son las únicas personas que están al lado de los pacientes, durante la enfermedad, la soledad y también el fallecimiento. 

Penélope comenta con sus compañeros que está agobiada, a veces hasta pierde la ilusión de trabajar que tenía al principio; les pregunta que si ellos también han llegado a sentir que no podían más. En algunas ocasiones, incluso, ha llegado a su casa llorando, pensando en todos aquellos pacientes que sufren en soledad, sin consuelo alguno, porque los enfermeros saben que se van a morir. Recuerda una noche, antes de entrar a un turno de 12 horas, que se encontraba muy mal y no podía dejar de soñar con sus pacientes. En medio de la madrugada, de repente, empezó a vomitar, no entendía qué le estaba pasando. Más tarde se dio cuenta de que estaba sufriendo un ataque de ansiedad, el primero de su vida. 

Además, ella y sus antiguos compañeros de carrera han echado en falta una mayor formación en cuanto a la gestión emocional, tanto a la hora de saber lidiar con los sentimientos de los pacientes como con los suyos propios. 

No obstante, el Hospital General de Alicante ha ofrecido una serie de “talleres de control del estrés” para todos los sanitarios. La finalidad de este proyecto es facilitar información sobre el estrés y la ansiedad, así como enseñar técnicas que ayuden a mejorar el autocontrol y métodos de solución de problemas emocionales. Asimismo, alienta a los sanitarios a realizarse a menudo un autocontrol de sus pensamientos y emociones, para que de esta forma puedan detectar sus conductas psíquicas negativas y ponerles fin. El departamento de salud del hospital les da una serie de consejos para hacer frente a dichas conductas y también les anima a buscar apoyo psicológico si es necesario. 

Carles también reconoce que, aunque siempre ha sido una persona muy tranquila, ha llorado varias veces desde el inicio de la pandemia por aquellas personas que han fallecido sin tener a su familia cerca o por el hecho de que los pacientes no podían estar acompañados en un momento tan duro. Por su forma de expresarse no ha experimentado muchos estragos psicológicos, pero empatiza con sus compañeros, “Sí que ha habido gente que ha llorado mucho durante los turnos, que se ha bloqueado más, y lo entiendo, ¿sabes?, porque al final yo también entiendo que por mi manera de ser, a lo mejor he tenido un poco de suerte. Al final a lo mejor llego a casa y me pego un atracón comiendo, pero no llega a ser de otra manera.” 

Desde el CODEM, Rocha denuncia que “en el momento que vivimos una crisis de salud pública mundial sin precedentes, se ha evidenciado todavía más la falta habitual de enfermeras y la sobrecarga de trabajo continuada. Todo ello ha supuesto un estrés, una ansiedad e impotencia añadida que tensiona la salud mental de las enfermeras y que deriva en gran desgaste emocional, al que hay que hacer frente con un apoyo y de respuesta a sus necesidades de atención psicológica.”

El deterioro de la salud mental es la consecuencia silenciada de la COVID-19. Un riesgo al que se enfrentan los sanitarios es la posibilidad de contagiarse con el virus, pero también hay que tener en cuenta que pueden verse afectados por enfermedades como la depresión o síntomas de ansiedad. 

A lo largo de la evolución de la pandemia muchos estudios han puesto el foco de su análisis en las consecuencias psicológicas en el personal sanitario. Diferentes investigaciones llevadas a cabo en China concluyen que sus sanitarios han llegado a sufrir ansiedad, estrés y depresión en niveles severos, moderados y leves. Uno de ellos, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Singapur y la Universidad Normal de Huaibei durante las etapas iniciales de la pandemia muestra niveles bastante altos de depresión, sufrida por el 50,4% de los sanitarios investigados. El 72% sufrió estrés y 44,6%, ansiedad . 

Uno de los primeros estudios españoles del impacto psicológico de la pandemia fue realizado por la Universidad del País Vasco con una muestra de 421 sanitarios españoles. Revela que un gran porcentaje de los encuestados han sufrido síntomas de estrés, ansiedad, depresión e insomnio. Resultados similares se obtuvieron en un amplio estudio transversal realizado por diversos profesionales del Institut Hospital del Mar d’Investigacions Mèdiques de Barcelona  a sanitarios españoles que trabajaron durante la primera ola, donde el 28,1% mostró síntomas de depresión, el 22,5% de ansiedad y el 24% ataques de pánico. 

Las investigaciones realizadas hasta la fecha demuestran que hay un claro efecto negativo en la salud mental de los sanitarios. Mar Rocha asegura que es un deber de las administraciones trabajar en la respuesta a las necesidades de salud mental y apoyo mental del cuerpo de enfermería. No hacerlo “puede suponer que quienes nos cuidan no estén en las condiciones óptimas para cuidar a los demás. Un hecho que el sistema sanitario no puede permitirse”. Además, apunta que no se trata únicamente de una cuestión de justicia, sino de sentido común. 

Arturo María Vicente, psicólogo y especializado en el concepto de burn-out, indica que este es un síndrome que afecta a vida laboral, y se debe a ciertas condiciones o factores generales que hacen que el trabajador se encuentre literalmente quemado, estresado, triste, desmotivado, con falta de concentración, como con una pesadez en el cuerpo de “no puedo hacer el trabajo”. En un principio, este síndrome se estudió porque era muy común en las personas que trabajaban de cara al público, ahora se ha expandido a todos los ámbitos prácticamente, y ha causado estragos en el cuerpo de enfermería y el sanitario en general por el trabajo realizado este año

Como soluciones defiende que hay numerosos procedimientos que pueden mejorar la situación, “Desde herramientas puntuales del apoyo psicológico directo hasta planificar la respuesta a las necesidades profesionales, laborales y sociales que ya antes de la pandemia reclamamos: tiempo adecuado de descanso, medidas que permitan la conciliación, o ratios adecuados en base a las necesidades de cuidados”. 

Enfermera en el Hospital General de Alicante. Fotografía proporcionada por Penélope Pasero.

Reivindicaciones por una situación laboral mejor

El Hospital General de Alicante amanece de nuevo a 18 de marzo. Hace más de un año que empezó todo, y que las enfermeras están al frente del virus. Ha bajado el número de ingresados de la comunidad a 335 y es la región con la incidencia acumulada más baja de España. Ese día fallecerían por coronavirus 15 personas en territorio valenciano.  

Penélope se dirige de nuevo al centro para empezar su jornada. En ese momento sobra gente en el hospital. Ya no tiene pacientes COVID que tratar y se encarga de controlar postoperatorios. Nota que sobra personal, nada que ver con lo que ocurría unas semanas atrás. 

Y es que 260.000 enfermeras que hay en España se han encargado de forma directa o indirecta de cuidar a los pacientes de coronavirus. José Luis Cobos, vicesecretario general del Consejo General de Enfermería, indica que faltan, por lo menos, 120.000 profesionales de enfermería más para llegar a la media europea. Porque no es solo atender a los pacientes de Covid, sino ofrecer una cuota suficiente de enfermeras por población. 

Fuera del hospital, el Sindicato de Enfermería SATSE alerta de la falta de cuerpo de enfermería en España, con cinco trabajadores por cada 1000 personas, en contraposición a los nueve enfermeros por cada 1.000 personas que hay en Europa. 

También reivindican contra las condiciones laborales de los sanitarios de enfermería. Se está produciendo una fuga de enfermeros al extranjero por su inestabilidad en España, y se van en búsqueda de mejoras laborales. 

Además, en los Presupuestos Generales del Estado se estipula una subida del 0,9% en los salarios de los profesionales sanitarios, pero todavía hay 11 Comunidades autónomas que  siguen sin recibir la actualización y subida de sueldo acordada. 

Carles nos cuenta que los contratos COVID, salvo los de servicios especiales, podrían llegar a su fin a finales de mayo. “Mis compañeros tienen un poco de miedo, porque aunque vengan las vacaciones no saben hasta qué punto las van a cubrir como lo han hecho habitualmente. Antes cubrían al personal prácticamente al 100%, pero parece que este año no va a ser así”. 

En el hospital “sobra gente”, como admiten los enfermeros actualmente, para cuidar pacientes de Covid, pero no para vacunar. Las campañas de vacunación exigen incluso establecimientos extrahospitalarios para atender a todas las personas que diariamente están recibiendo dosis de AstraZeneca, Pfizer y Moderna. El SATSE indica que las vacunaciones suponen una gran carga de trabajo para el número de profesionales de la salud contratados actualmente. Por ello, solicitan que se realicen por enfermeros en paro, que, según el SEPE, ya ascienden a 2.300.

También alertan de la importancia de incorporar enfermeros en los centros educativos, donde aumentan los brotes registrados y contar con una figura de enfermería supondría una mejor forma de controlar el virus además de apostar por la incorporación de más enfermeras y enfermeros. 

Las reivindicaciones han salido a las calles y el 10 de marzo se celebró en Cataluña una huelga de sanitarios como crítica por su situación laboral durante la pandemia. Tras todo un año de lucha contra la pandemia de Covid-19, este julio se celebrará el Año de la Enfermera y la Matrona. La festividad estaba marcada en el calendario para el año pasado. El CODEM señala que así tendrán “más tiempo para respaldar la contribución de la profesión enfermera a esta crisis global, poniendo de relieve los enormes sacrificios y la imperiosa necesidad de aumentar en número de enfermeras y matronas, como profesionales vitales que son para la salud de todos”. 

La sociedad reconoce la labor, pero aún queda para mejorar la situación de los enfermeros 

A las 10 de la noche hace horas que dejó de entrar luz por las ventanas, y los enfermeros del turno de tarde dejan sus batas hasta el día siguiente y se quitan los EPIs, mientras los relevos se los ponen. A ellos les tocará quitárselos a las 8 de la mañana. Y vuelta a empezar.

Penélope recuerda sus salidas del hospital en la tercera ola. “Era como que estaba condenada a trabajar y en ese momento estaba muy agobiada, me superaba todo”. Ella cuenta con una psicóloga que la ayuda a sobrellevar el estrés, pero sabe a ciencia cierta que no todos sus compañeros y compañeras cuentan con una ayuda como esa. “Al final luego estoy allí y si le saco una sonrisa o lo que sea un paciente yo me siento mejor, siento que no tengo que ser débil, pero vamos, que es normal sentirse así.”, asegura.

El reconocimiento social de los enfermeros y de los sanitarios en general ha mejorado durante la pandemia. El 74.9% de los españoles, según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas, cree que se dedican “demasiados pocos” recursos públicos a la Sanidad. 

“Cuando fue la anterior crisis, la crisis financiera en España, no la del COVID, en la sanidad pública estuvieron mucho tiempo mal cubriendo las vacaciones, es decir, cerrando plantas, cerrando quirófanos y dejando medio hospital sin cubrir. Entonces yo creo que la gente tiene miedo de que pase eso mismo ahora. Y es que parece que es lo que va a pasar.”, cuenta Carles. Él sí reconoce una mejora en la percepción social entorno a ellos, ya que, si bien antes solo se pensaba en ellos cuando se sufría de cerca algún accidente o enfermedad, ahora la ciudadanía al completo ve los ingresos en el hospital más probables que nunca. Al final, piensa, “el mundo se ha dado cuenta de que son imprescindibles”.

Faltan días para que el estado de alarma llegue a su fin, en caso de que no se prorrogue, pero para la pandemia no existe aún una fecha final clara. En el futuro, el CODEM espera que los sanitarios hayan conseguido un mayor desarrollo profesional, así como mayores cuotas de autonomía, más enfermeros por cada paciente y una mejora en las condiciones laborales de las enfermeras.

Hoy, 28 de abril, los turnos se suceden, y los pasillos del hospital siguen siendo testigos de una lucha contra el coronavirus con un futuro incierto. 

Escrito por Teresa Mondría, Lucía Puertas y María Villoria.

Publicidad

Deja un comentario