¿Estamos desaprovechando nuestros veranos?
Antes, el mero hecho de poder ver el mar durante el verano era todo un privilegio. Ahora, parece ser que hacen falta mínimo dos o tres viajes a distintas capitales europeas para que tus vacaciones hayan merecido la pena y que estés disfrutando verdaderamente de tu juventud.
Ha llegado el verano, y con ello las ansiadas vacaciones para muchos. La respuesta más común que recibirás por parte de la gente cuando les preguntes qué harán este verano será «me iré al pueblo y a la playa, pero poco más». Sin embargo, al abrir Instagram, parece que hay un requisito no escrito sobre cómo tienes que vivir este verano. Porque si ya existe una presión, conocida por todos, en las redes sociales, en verano esta se multiplica de manera exponencial.
Tú pensabas que tus cinco días en Denia estaban siendo estupendos. La brisa del mar, el sol, ponerse moreno y el olor a sal estaban conformando el ecosistema perfecto. Pero, abres Instagram y no hay un perfil que no haya visitado Bali este mes de julio. Ahora te sientes pringoso, y estás lleno de arena, al igual que tu bocata de chorizo que te estaba sentando de maravilla los últimos cinco minutos antes a desbloquear el teléfono.
¿Qué ocurre? ¿Todo el mundo es rico excepto nosotros? Más bien se nos ha hecho creer que las redes son un reflejo de la realidad que vivimos. Aunque, al fin y al cabo, sí que es el reflejo de una realidad. Una realidad muy accesible —y concreta— para tan solo unos pocos.
Lo que sucede es que las redes —y las personas que en ellas habitan— se encargan de hacerte creer que tú eres el raro que no se está yendo a un destino paradisiaco o pasando un verano parisino. Y es que, seamos sinceros, estamos todos igual, todos somos los «raros».
Por supuesto que está bien visitar ciudades siempre que uno pueda. Quién no querría pasar unas vacaciones en una playa de aguas cristalinas. Pero el pueblo también te puede deparar grandes veranos.
Vivimos en una época en la que la gente parece que solo es capaz de ir a playas cuyos nombres no sabemos ni pronunciar, además de dejar ver que la arena no parece ir con ellos, puesto que a veces dan la sensación de que les ha colocado una revista antes de hacerse una fotografía —inmaculados, por supuesto—.
Al igual que no puedes ir a la playa y pretender no mancharte de arena, no podemos pretender que las redes sean una verdad universal, ya que solo incita al emborronamiento de nuestra visión de la realidad. La cosa está cruda, así que no nos queda otra: llenémonos de arena.


