Noruega homenajea a las 77 personas que murieron en los dos atentados del 22 de julio de 2011. La mayor parte de los fallecidos eran miembros de las Juventudes Laboristas.
El 22 de julio de 2011 es una fecha imborrable para la memoria colectiva de la sociedad noruega. A las 15:25 horas, una furgoneta aparcada frente a las oficinas del primer ministro estalló. Una bomba fabricada con fertilizante, diésel y aluminio causó un gran agujero en el edificio Hoyblokka, situado en Oslo. Hubo ocho fallecidos y más de 200 heridos.
Anders Breivik, un hombre ultraderechista de 32 años, fue el autor de esa primera explosión. Un testigo presenció cómo Breivik, tras aparcar la furgoneta, se subió a otro vehículo y abandonó el lugar en dirección contraria. Breivik portaba una pistola y estaba vestido con uniforme y casco de policía.
Dos horas después del atentado en Oslo, Breivik inició una matanza en la isla de Utoya, situada en el lago Tyrifjorden. En este territorio de 140 metros cuadrados, las juventudes del Partido Laborista Noruego celebraban sus habituales campamentos de verano. El autor de la masacre disparó a los jóvenes que se encontraban en la isla durante 73 minutos. 69 personas fueron asesinadas, de las cuales 33 eran menores de edad. Solo 15 de los fallecidos tenían más de 19 años. Es el atentado más mortífero vivido por Noruega desde la Segunda Guerra Mundial.

La xenofobia detrás del atentado
Nada más llegar la unidad especial Delta Force de la policía noruega, Breivik se entregó a las autoridades. Su objetivo era sobrevivir para difundir su ideario nazi durante el juicio de su caso. De hecho, lo primero que hizo el terrorista en el Tribunal de Distrito de Oslo fue realizar un saludo nazi. Anders Breivik militó en el Partido del Progreso (de extrema derecha) entre 1997 y 2004. Se consideraba a sí mismo como “un caballero templario” y su objetivo era iniciar “una cruzada contra las élites que promovían la islamización de Europa”.
Pero, Breivik no atentó contra los 200.000 musulmanes que vivían en Noruega en 2011. Atacó a miembros del Partido Laborista de Noruega, cuyo líder era el primer ministro Jens Stoltenberg. “No eran niños inocentes, sino activistas del multiculturalismo dirigidos por los comunistas más extremistas de Noruega”, declaró Breivik durante el juicio.

A pesar de que Breivik no se consideró culpable, reconoció los hechos y calificó sus actos como “atroces, pero necesarios”. Durante el juicio, un primer informe psiquiátrico decretaba que Breivik padecía una esquizofrenia paranoide y era inimputable. Sin embargo, en enero de 2012, los psiquiatras que monitorizaban al terrorista en prisión descartaron esa hipótesis y rebajaron su diagnóstico a un trastorno narcisista de la personalidad. Finalmente, el 24 de agosto de 2012, Anders Breivik fue condenado a una pena de 21 años de cárcel, que se puede prolongar indefinidamente mientras siga siendo un sujeto peligroso. En los 14 años que ha permanecido en prisión, Breivik solo ha recibido contadas visitas de sus abogados.
En 2018, el condenado interpuso un recurso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por las condiciones de su detención. Pero, la corte de Estrasburgo denegó la solicitud y consideraba justificado el régimen de aislamiento impuesto.
La negligente actuación policial
El 13 de agosto de 2012, la Comisión 22 de julio (un organismo creado por el Gobierno de Noruega) publicó un informe que desvela los fallos policiales cometidos durante el atentado. El informe muestra que el primer atentado se pudo haber evitado. En 2008, el Ayuntamiento de Oslo había aprobado una medida para cerrar al tráfico la calle Grubbegata (situada frente al despacho del primer ministro). No obstante, dicha iniciativa no se había llevado a cabo, provocando que la furgoneta de Anders Breivik pudiera estacionar frente a ese edificio.

En segundo lugar, el informe apunta a que la matanza en la isla de Utoya se podría haber paralizado antes. Los agentes tardaron 35 minutos en cruzar desde la orilla del lago hasta la isla. Además, la policía noruega no tuvo en consideración la llamada de un testigo que había apuntado la matrícula del coche en el que viajaba Breivik hacia la isla de Utoya.
Esta tardanza provocó que, durante los 73 minutos de tiroteo, muchos jóvenes tuvieran que esconderse en cuevas o precipicios. Otras personas trataron de huir en embarcaciones de vecinos que acudían al rescate. Incluso, hubo casos de personas que murieron ahogadas porque intentaron escapar a nado.
Esta serie de errores provocó la dimisión del director de la Policía de Noruega, Oystein Maeland. Este político laborista no tenía experiencia como agente de policía y solo llevaba dos semanas en el cargo cuando ocurrieron los atentados. Meses antes de la publicación del informe (en noviembre de 2011), también había dimitido Knut Storberget, ministro de Justicia desde 2005.
Auge de la extrema derecha y la figura de Breivik en redes sociales
El Partido del Progreso es la formación de ultraderecha más importante de la política noruega. Aunque Breivik militó en este partido, los ultraderechistas condenaron el ataque y Sylvi Listhaug, actual líder del Partido del Progreso, acudió al reciente homenaje de las víctimas. Sin embargo, desde que Listhaug asumió el liderazgo del partido en 2021, la formación de ultraderecha está comenzando a hablar de una “islamización encubierta” en Noruega. Varios miembros del Partido Laborista han achacado a Listhaug que este término es muy similar a los postulados del manifiesto nazi de Breivik.
Aunque los laboristas lograron la victoria en las elecciones de septiembre de 2025, el Partido del Progreso fue segunda fuerza con el 24% de los votos. Recientes encuestas como la de la agencia Infact sitúan al Partido del Progreso como primera fuerza con el 30,2% de los apoyos.

Mientras tanto, el Servicio de Seguridad de la Policía noruega ha detectado un aumento del respaldo a Anders Breivik entre adolescentes y hombres jóvenes. En redes sociales, aparecen memes sobre la matanza de Utoya o fragmentos del manifiesto nazi de Breivik. Los seguidores del terrorista emplean la expresión “22/7” (22 de julio) para reconocerse entre ellos en redes sociales. Incluso, las autoridades noruegas han detectado cuentas de jóvenes de 12 años que son admiradores de Breivik.
El homenaje a las víctimas
El primer acto de homenaje fue la inauguración del Centro 22 de Julio, un espacio de memoria histórica y educación situado en el edificio de Oslo que sufrió la primera explosión. En los aledaños del centro, emerge un mosaico de doce metros de altura del artista Matias Faldbakken. La imagen compuesta por pequeñas piedras refleja al archibebe común, un ave típica de la isla de Utoya.

Tras una posterior ceremonia en la Catedral de Oslo, los actos conmemorativos del 22 de julio finalizaron en la isla de Utoya. En este lugar, las juventudes laboristas siguen celebrando sus campamentos de verano. Astrid Hoem, secretaria de Estado de Clima y Medio Ambiente, y superviviente de los atentados, explicó al periódico EL PAÍS por qué se mantienen los campamentos en esta isla del lago Tyrifjorden: “Se trataba de demostrar que el terrorista no había ganado”.


