La leyenda del hilo rojo o del amor de tu vida

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El hijo rojo del destino | Fuente: Amor y Pareja

Quizás conozcas la teoría del hilo rojo, o quizás no, pero… ¿qué sabes realmente de ella?

Es muy posible que alguna vez hayas oído hablar sobre la leyenda del hilo rojo o algo similar. Si es así, te sonará que este hilo conecta a dos personas que están predestinadas a pasar juntas el resto de su vida, sin importar el sexo, el lugar de procedencia, la edad, las situaciones vividas… pues esta hebra es completamente irrompible: va desde la punta de los dedos meñiques de estas dos personas hasta el infinito y más allá…

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Leyenda y origen

Lo cierto es que la teoría del hilo rojo se remonta a su origen mitológico chino y japonés. La leyenda dice que el Abuelo de la Luna les ata cada noche a los recién nacidos un hilo rojo en el dedo meñique (unido al corazón, por eso además es rojo), y dos almas quedan conectadas para siempre. Es muy recitada en los hogares orientales, y dice así:

“Hace mucho tiempo, un emperador se enteró de que en una de las provincias de su reino vivía una bruja muy poderosa, quien tenía la capacidad de poder ver el hilo rojo del destino y la mandó traer ante su presencia. Cuando la bruja llegó, el emperador le ordenó que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado al meñique y lo llevara ante la que sería su esposa. La bruja accedió a esta petición y comenzó a seguir y seguir el hilo.

Esta búsqueda los llevó hasta un mercado, en donde una pobre campesina con una bebé en los brazos ofrecía sus productos. Al llegar hasta donde estaba esta campesina, se detuvo frente a ella y la invitó a ponerse de pie. Hizo que el joven emperador se acercara y le dijo: «Aquí termina tu hilo», pero al escuchar esto el emperador enfureció, creyendo que era una burla de la bruja. Este empujó a la campesina que aún llevaba a su pequeña bebé en brazos y la hizo caer, haciendo que la bebé se hiciera una gran herida en la frente. Luego ordenó a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza.

Muchos años después, llegó el momento en que este emperador debía casarse y su corte le recomendó que lo mejor fuera que desposara a la hija de un general muy poderoso. El emperador aceptó esta decisión y comenzaron todos los preparativos para esperar a quien sería después la elegida como esposa del gran emperador.

Llegó el día de la boda, pero sobre todo había llegado el momento de ver por primera vez la cara de su esposa. Ella entró al templo con un hermoso vestido y un velo que le cubría totalmente el rostro… Al levantarle el velo, vio por primera vez que este hermoso rostro tenía una cicatriz muy peculiar en la frente. Era la cicatriz que él mismo había provocado al rechazar su destino años antes. Un destino que la bruja había puesto frente al suyo y que había decidido no creer”.

¿Destino o casualidad?

Hay una canción llamada La Leyenda Del Hilo Rojo de Irene Jotadé que recita una explicación en verso sobre esta teoría, y en parte también la desmonta, ya que comenta que hay almas gemelas que no llegan a encontrarse o que deciden romper por circunstancias de la vida. Esto es un miedo que también es habitual entre las preocupaciones que tienen las personas: el no conocer a su otra mitad. Otra variación de la gente es creer que las medias naranjas no existen o que las relaciones no duran para toda la vida.

«Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo rojo se puede estirar, contraer o enredar, pero nunca romper«. Así se cita de forma literal en la leyenda. Y es que hay algunos que creen plenamente en el destino, por lo tanto, afirman esta teoría, y otros que se limitan a reconocer las casualidades.

A pesar de que creamos o que nos guste la idea de esta romántica y misteriosa tradición que impone un destino en el amor, no hay que dejar de lado que también están otros tipos de amor, como el amor por un padre, una madre, u otro familiar, y el amor por los amigos, que son igual de necesarios. Tampoco hay que olvidar que la idealización por la persona que nos gusta no es del todo real: nadie es perfecto. Pero se trata justo de eso, de querer a la otra persona con sus defectos y sus virtudes, y eso tan solo es posible con una cosa: el amor de verdad.

 

 

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