Montserrat Iglesias Berzal: “Yo no quería escribir un documental, yo iba a escribir una novela”

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La escritora Montserrat Iglesias Berzal | Fotografía: Ricardo Quesada

Esta autora madrileña habla sobre la memoria y el pasado que quedaron sumergidos bajo el agua hace más de 60 años. Montserrat Iglesias Berzal presenta su novela La marca del agua publicada por la editorial Lumen el pasado mes de octubre. De narrativa realista con ambientación rural, recupera la vida y la historia de Linares del Arroyo. Bajo el nombre de Hontanar en su novela, este es uno de los más de 300 pueblos que sacrificaron su memoria por el progreso y desaparecieron con la construcción de embalses y pantanos.

Licenciada en Periodismo, Filología Hispánica y graduada de la X Promoción del Máster
de Narrativa, la actual profesora de instituto remueve su historia familiar para dar voz a
los que nunca habían hablado – más de 200 vecinos en Linares, 50.000 en toda España -y fueron obligados a dejar una tierra para amar otra.

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Pregunta: ¿Qué van a encontrar los lectores en su primera novela?
Respuesta: Lo que yo quiero que encuentren en mi novela es lo que a mí me gusta leer. Historias bien planteadas, estructuradas, con personajes con un marco importante, bien desarrollados y con un ritmo tanto narrativo como prosódico pausado. Que refleje una sentimentalidad profunda.

P: Neorruralismo, historia de generaciones y olvido, ¿cuál es el origen de la obra?
R: La marca del agua surge de una historia familiar. Los habitantes de La Vid (Burgos) vienen del pueblo de Linares del Arroyo (Segovia), que tuvieron que abandonarlo por la construcción de un pantano. Parte de estas familias son mis abuelos, mi padre y mi tío. Intenté escribir esta historia con 16 años con un cuento llamado El pantano, pero sentí mucha frustración porque no disponía de las herramientas narrativas ni la experiencia para entender la situación que me ha dado la edad. Dejé de escribir.

La Vid (pueblo nuevo). Años 50| Fuente: Montserrat Iglesias Berzal

P: ¿Por qué ha decidido recuperar ahora esta vieja historia? ¿Ha sido el master de Narrativa lo que le ha impulsado a terminarlo?
R: Quería cambiar mi vida, no sabía muy bien que estaba haciendo y dije: ahora o nunca. Un escritor se forma porque es lector. Yo soy filóloga, siempre he analizado las estructuras de un texto narrativo y literario, pero el Master me ayudó a aflorar, racionalizar y aplicar estos recursos para un proyecto mucho más grande. Tenía esa convicción de que, si no se contaba ahora, ya no se iba a poder contar desde la propia voz del protagonista, desde la memoria y la narración directa. Hay casualidades buenas y otras malas. En mi caso, una mala racha culminó en algo tan bueno como esto.

P: Usted mencionó que quería dar voz a los que nunca habían hablado, ¿Cómo ha sido ponerse en el lugar de sus antepasados?
R: No estás, pero vuelves y ves la lámina. El abuelo es el que nos inculca el tema de Linares, el que nos hace volver y el que nos dice que aquello es nuestro, tan nuestro como de él y que no podemos perder esa memoria.
Puede parecer raro, pero hay muchísima gente que emigró directamente de Linares y su nostalgia es mucho mayor que la mía. Muchas veces es más real la realidad contada que la realidad vivida, y de alguna manera Linares del Arroyo se ha convertido en algo sagrado, una especie de mito o figura religiosa. Crees en ello como se puede creen en cualquier cosa que no has visto, pero existe.
Esto tiene mucha más fuerza que la propia realidad, es el doble desarraigo del pueblo.

P: Por qué decidió reflejar una historia de ficción en vez de contar la vida de una de las familias del pueblo. ¿Cómo ha sido este proceso?
R: Yo no quería escribir un documental, yo iba a escribir una novela. Son interesantes los
sentimientos; la realidad no es interesante para contarla en una ficción. Recibo mensajes diciendo que conocen a los personajes, pero nadie puede hacerlo.
Tenía que universalizar y transformar todo. El escritor adultera y consigue una verdad distinta, más amplia, esencializada y universal que puede entender alguien que salió de ahí o alguien que vive en Oslo. Pese a todo, se ven identificados.

Montserrat Iglesias junto a su familia en el pantano (1984) | Fuente: Montserrat Iglesias Berzal

P: ¿Cuál es su opinión respecto a los pueblos que enterraron sus vidas y recuerdos durante el régimen franquista?
R: No es una novela que vaya contra el progreso: había una necesidad. Los pantanos han servido para que las ciudades se abastecieran y para la energía eléctrica, no había otra manera.
A mí me da rabia que se haya silenciado este tema y que apenas se haya hablado de él. Al contrario que en la sociedad actual, donde lo que prima es quejarse, estas gentes no fueron de víctimas, pero fue damnificada. Es el momento de reivindicarlos y ver lo que les debemos, reconocer su sacrificio. Pepe Agraz, un señor del pueblo que ya murió, dijo: “Tuvimos que morir para que vivieran otros”. Hay que subrayar este espíritu de sacrificio.

P: Esta novela le ha permitido conocer aún más la situación del medio rural. Ahora seguimos hablando de la España Vaciada, ¿cree que siguen olvidados?
R: He conocido más del medio rural de los años 50 y lo complicado que fue allí. Fue Sergio del Molino quien crea el concepto de la España Vaciada donde habla del trauma de las dos Castillas, Extremadura y el aluvión salvaje a las ciudades. Esto deja una herida abierta y una despoblación. En el fondo, todos somos rurales. Lo rural no mola, no es chick y no sale favorecido en Instagram. Continúan olvidados.

P: Se identifica su novela con el recuerdo de grandes clásicos como Lorca o Delibes; y la obra ha llegado a grandes autores como Julio Llamazares. ¿Qué se siente al vivir todo esto?
R: No hay escritor sin lector. En la obra hay muchas referencias literarias: Galdós, Llamazares, Delibes, Fernández Santos, Lorca … Pongo guiños de versos de Machado, de Hernández, de Aleixander. Me nutre a la literatura española, clásica y todo lo que he leído.
Hace dos años Julio Llamazares para mí era una página de la literatura, con sus obras tiene un pedestal en la literatura del S.XX de España. De repente lo conoces, te trata de tú a tú, conoce tu obra y dice que le gusta. En el mismo lugar donde yo presento la novela, en la biblioteca Alberti, se sienta Ida Vitale, premio Cervantes. Es un sueño. Para mí, lo mejor que está teniendo esto.

P: ¿Cómo ha sido el proceso de creación de la novela?, ¿por qué empezar por el final?
R: Parece que es la inspiración, pero lleva muchísimas horas de trabajo. Escribo el final de cualquier historia. Es como planificar un viaje, tienes que saber a dónde vas y que no sea contradictorio para que el lector no se pierda.
La novela engarza tres tiempos diferentes: el presente del viaje, el pasado familiar y el pasado más reciente. Los personajes van solos y te dicen por dónde ir, tienes que hacerles caso. Por eso lo más interesante siempre está en el último tercio donde ellos hacen lo que quieren.

P: Por qué decide cambiar el título, ¿por qué La marca del agua?
R: He descubierto muchas cosas de las que no sabía nada en absoluto. Todas las anécdotas me ayudaron mucho para conocer mi historia y la de los míos. María Moral, con casa en La Vid, me explicó que se ponía una piedra alejada de las casas para indicar el nivel del agua y el tiempo que les quedaba a los habitantes para marcharse. La marca del agua es un símbolo de toda la época y en la novela se nombran todo tipo de marcas: de heridas,
del agua…

P: ¿Cuál es el significado de la portada?, ¿por qué un caballo blanco?
R: Es una foto de Irene Muñoz. El caballo es fundamental porque acompaña a los protagonistas todo el tiempo. Es un alter ego del propio protagonista, siempre habla con él. Allí lo llamamos caballo percherón, pero al hacer blanca la portada se espiritualizó.

Portada La marca del agua | Fuente: La Casa del Libro

P: Muchos ya han hecho suya esta historia, ¿cuáles fueron sus sensaciones al terminar esta novela?
R: La sensación al terminar de escribir fue de alivio. Yo sé que no es la mejor obra de la literatura universal, no es el Quijote, pero es una buena novela. Transmite los sentimientos que yo quería que se transmitieran y esta lectura me ha dejado muy tranquila y muy feliz.

P: ¿Algún otro proyecto cercano?
R: Quiero hacer un díptico. Me gustaría hacer la novela de otra generación, la de los padres. La herida de la emigración del pueblo a la ciudad. La historia de unos novios que se quieren comprar un piso. Esta es la idea.

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