Palíndromo, las palabras y frases que se leen igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda
No, una palabra o una frase cuando se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda no es capicúa. Desde pequeños nos han enseñado que un número que se lee igual en ambos sentidos se llama capicúa; y es cierto. Sin embargo, nos hemos adueñado de la palabra y la usamos cada vez que decimos «Ana» o «salas». Pero a los palabras y a las frases no se les denomina así, sino que reciben el nombre de palíndromo, palabra que viene del griego y que significa «que recorre a la inversa».
Hay 242.242 palíndromos en español, o al menos eso escribió Víctor Carbajo en un libro titulado 242.242 palíndromos españoles. Pero Carbajo no ha sido el gran escritor de palíndromos. Ya se han encargado otros de hacer un trabajo más laborioso, como es escribir poemas y novelas enteras como un palíndromo.
La obra maestra de Georges Perec
El palíndromo más largo del mundo lo escribió Georges Perec, escritor francés experimental. En 1969 publicó su novela titulada Palindrome, que contiene 1.300 palabras que se pueden leer en ambas direcciones.
Sin embargo, la lengua española no se iba a quedar mucho más detrás. ¡Qué hubiésemos hecho sin Darío Lancini, quien se sube al pódium con un segundo puesto! El venezolano publicó Oír a Darío, otro título palíndromo, de unas 1.200 palabras que se leen igual en ambas direcciones.
Solo los grandes de la literatura han sido capaces de estrujarse los sesos para hacer palíndromos más largos que una única palabra. Guillermo Cabrera Infranti, Juan Filloy o Augusto Monterroso han entrado en la lista junto a los mencionados antes y a Cortázar. Este último dedicó varios relatos a este prodigioso fenómeno lingüístico. Es el caso de ‘Lejana’ y ‘Satarsa’, que gira en torno al palíndromo «atar a la rata«.
Seguro que te has quedado anonadado con esta información y ahora mismo estás pensando en palíndromos. Más allá de Ana u Otto, por ejemplo, ¡te sabes más de los que crees!
¿Recuerdas…? ¡Arriba la birra!, ¿Somos o no somos?, Adán y raza; azar y nada (de Julio Cortázar) o A ti no, bonita. Incluso algún palíndromo se ha relacionado con algún que otro jugador de fútbol: Logra Casillas ahí sacar gol.
Los majestuosos escritores han ido más allá (mucho más allá). Darío Lancini escribió este poema en prosa: «LA MAR. Ah! El anís es azul al ocaso. Claro, la canícula hará mal. Alejábase bello sol. ¡Sumerge la usada rosa! A remar. ¡A la Habana, bucanero Morgan! Oleaje de la mar… ¡Al remo! ¡Corre! Playas… Ay, al perro comer la rama le deja el onagro, morena cubana. ¡Bah! A la ramera adorada su alegre muslo Sol le besa. ¡Bajel a la mar! ¡Ah! Alucina calor al cosaco. La luz asesina le hará mal».
Pensador por un día
Venga, lector, lectora. Anímese ahora a leerlo desde abajo hasta el principio. ¡Estrújese los sesos también, aunque estemos en verano! Aunque esto no hace falta hacerlo si pensamos en palíndromos bifrontes, que son aquellas palabras que leídas al revés tienen un significado distinto. De pequeños (y no tan pequeños) hemos repetido sin cesar jamón, jamón, jamón, jamón y terminábamos diciendo monja. monja, monja, monja.
Hoy estarás todo el día pensando en palíndromos, ¡que todos los sabemos! Pero, eso sí, no estrujes tanto tu cerebro como para escribir nuevas frases que se lean igual en las dos direcciones. Lo único que tiene que hacer es no llamar a estas palabras capicúa; ya no hay perdón. Llámelas por su nombre: palíndromos.


