Existe el cliché de que los remakes nunca son buenos. Y es que aunque no hay que juzgar un libro por su portada, muchas veces este tópico está en lo cierto. Pero cuando se trata de un título tan icónico como Chicas malas (2004) es imposible no resistirse a verla, por si acaso.
Hace 20 años una comedia de instituto protagonizada por Lindsay Lohan transformó la angustia juvenil en un fenómeno cultural de los que solo se dan una vez por generación. Tal ha sido y es su trascendencia que ahora Chicas malas vuelve a la gran pantalla en una versión musical adaptada a la era de las redes sociales, mucho más extravagante y contemporánea.

Cady Heron (Angourie Rice) acaba de llegar al instituto pero ya ha alcanzado la cúspide de la escala social de la secundaria al ser acogida por “Las Divinas”, compuesto por la abeja reina Regina George (Reneé Rapp) y sus secuaces Gretchen (Bebe Wood) y Karen (Avantika Vandanapu). La nueva se enamora de Aaron Samuels (Christopher Briney), el exnovio de Regina, lo que pone a la novata en el punto de mira de la popular. Cady, ayudada por sus amigos marginados Janis (Auli’i Cravalho) y Damian (Jaquel Spivey), se propone acabar con la principal depredadora del grupo, pero para lograrlo deberá aprender a ser fiel a sí misma mientras navega por la jungla más despiadada de todas: el instituto de secundaria.
Una adaptación algo menos rosa pero igual de fetch!
La nueva versión es fiel a la original, y aunque hay algunos cambios evidentes, sigue manteniendo su esencia. La mayoría (no todas) de las escenas icónicas que cualquier persona que haya visto la película del 2004 recuerde están presentes, varias de ellas con algún que otro cambio. La maldad que las estudiantes demostraron tener en el primer filme pervive en las chicas del remake, pero en menor intensidad: no se abusa de un vocabulario tan despectivo y sexista. Sin embargo, sí que abunda más el humor absurdo.

El elenco lo tenía complicado para estar, por lo menos, a la altura del original. Sin embargo, todos ellos han demostrado de manera muy carismática que lo han bordado en sus respectivos papeles, con especial mención a Reneé Rapp, quien interpreta a la intimidante Regina George. Ahora bien, nos encontramos con un pequeño percance ya bastante habitual en las series y películas: la edad y la apariencia. La mayoría del reparto que interpreta a estudiantes no parecen estar en la secundaria.

La vestimenta es otro aspecto de gran importancia en el universo Mean Girls. Al haber pasado 20 años desde la primera cinta y al tratarse de una versión actualizada, es lógico que los atuendos no vayan por la línea de la estética y2k, pero los outfits de algunos personajes no corresponden correctamente con sus personalidades. El caso más “grave” es el de Regina George. Se trata de un personaje glamuroso que marca tendencia en las chicas de su edad, pero en ocasiones Gretchen y Karen, sus secuaces, visten mejor que ella. Es como si la Regina original hubiera saboteado el armario de la nueva abeja reina para demostrar que nadie viste mejor que ella. En contraposición se encuentra Janis, quien supera con creces en cuanto a estilo y caracterización al personaje del 2004.

La diversidad se ha tocado de manera más profunda en esta versión. La orientación sexual se trata de manera mucho más profunda y libre. También resalta la inclusión de otras etnias en personajes principales como son Karen y Damian. Están lejos de parecerse a los personajes originales, pero esto no supone ningún cambio en la trama ni mucho menos en el rol que desempeñan. Ambos aspectos reflejan un avance de la sociedad actual con respecto a la de hace 20 años.
En cuanto a lo audiovisual, destaca la perfecta ejecución de planos secuencia con travelling acompañadas de una banda sonora con influencias pop y rock muy pegadiza y unas coreografías que trasladan el propio espectáculo de Broadway a la pantalla. Pero sin duda alguna, lo mejor de este ámbito son las elipsis con transiciones que hay entre algunas escenas.
En conclusión, se trata de una versión totalmente adaptada a la era actual, con más humor absurdo que la original pero algo descafeinada para los amantes del filme del 2004. Sin embargo, lo que pretende la película es volver a ser una película de instituto referente en la nueva generación juvenil, no superar a la anterior. De este modo, los cambios y adaptaciones en el remake quedan justificados, pues, responden a las características sociales, necesidades y exigencias actuales. Claro que la nostalgia también juega un papel importante para conectar con el público que ha crecido con Mean Girls, y es por eso que puede chirriar un poco. No obstante, cualquier persona puede disfrutar de la película sin importar su edad y generación para pasar un tiempo fetch!

