La rivalidad que comenzó en 1979 hoy vuelve a situar a Oriente Medio en el centro del tablero geopolítico mundial
Estados Unidos ha vuelto a mover uno de sus peones en el ajedrez de la geopolítica mundial. Ya lo hizo en Venezuela con el arresto de Nicolás Maduro. Una operación justificada como un golpe al narcotráfico pero que podría responder a intereses políticos y, sobre todo, económicos del país. Ahora, en este juego de poder que Oriente Medio y Estados Unidos llevan desarrollando durante más de medio siglo, cada avance o retirada redefine la situación de los contrincantes y de todo el mundo.
Este conflicto no es nuevo, desde luego. Empezó en 1979, con la toma de la embajada estadounidense en Teherán. Una toma que se enmarcó perfectamente en la revolución iraní de Ruhollah Jomeini. Una revolución caracterizada por la despedida del occidentalismo y la bienvenida al radicalismo islámico en la sociedad de Irán. Entonces, el fiel país iraní pasó a ser un claro enemigo para Estados Unidos. Sin duda, del amor al odio solo hay una fina línea. Y esta línea, desde 1979, ha crecido mucho más.
¿Qué vino después?
A lo largo de las décadas siguientes, la relación entre Estados Unidos e Irán ha estado marcada por episodios de confrontación. Uno de ellos fue la guerra entre Irán e Irak, durante los años ochenta, cuando Washington respaldó de forma tácita al régimen de Saddam Hussein. No lo hizo por casualidad, sino temeroso de la expansión del nuevo régimen islamista iraní en Oriente Medio.
@milenio 🇮🇷🔥 Alí Jamenei ha muerto tras un ataque militar conjunto de Estados Unidos e Israel. Durante casi 37 años fue mucho más que un mandatario: como líder supremo y ayatolá de Irán, concentraba todo el poder político, militar y religioso del país. Su mandato transformó la vida de millones de iraníes y convirtió a Irán en un actor clave en Medio Oriente. Pero, ¿qué significa realmente ser un ayatolá? ¿Cómo influyó Jamenei en la política, la sociedad y la región? Su asesinato no cierra un capítulo, sino que abre uno lleno de incógnitas sobre el futuro de Irán y el equilibrio de poder en el mundo. Para más detalles y actualizaciones, mantente informado aquí en MILENIO. 🖋️🎙️ Naomi Valle #MilenioInforma #MILENIONoticias #Jamenei #Irán #Ayatolá
Con el final de la Guerra Fría no terminó todo. Durante los años noventa y dos mil, Estados Unidos acusó a Irán de apoyar a organizaciones como Hezbolá en Líbano, así como de promover una política regional desestabilizadora. Es más, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, el presidente George W. Bush endureció aún más el discurso y situó a Irán dentro del denominado “Eje del Mal”, junto con Irak y Corea del Norte.
Y, aunque durante el gobierno de Obama se llegó a un acuerdo con Irán que limitaba el desarrollo de su programa nuclear a cambio del levantamiento de sanciones internacionales, en 2018, el presidente Donald Trump decidió retirar a Estados Unidos del tratado. Se instauraría entonces una política de “máxima presión” contra Irán.
¿Es el inicio de algo más grande?
En este contexto, después de los ataques militares de EE.UU. e Israel contra Irán, el conflicto podría convertirse en uno de los detonantes de una posible guerra más grande. Aunque puede parecer una hipótesis alarmista, lo cierto es que existen varios factores que contribuyen a alimentar esta preocupación.
En primer lugar, la posibilidad de que Irán llegue a poseer armamento nuclear es vista por Estados Unidos e Israel como una amenaza directa al equilibrio estratégico en Oriente Medio. En segundo lugar, el conflicto no se limita a dos actores. Aunque aliados europeos como España, Italia o Francia hayan dicho “no a la guerra”, Estados Unidos sí posee una estrecha amistad con Israel, potencia armamentística en la región que comparte la misma preocupación por la proliferación nuclear de Irán.
Por último, la implicación de Estados Unidos en la región continúa siendo determinante. Aparte de que Washington mantiene una red de bases militares en Oriente Medio, el país norteamericano se interesa por Irán por otros factores. Entre ellos, por la importancia estratégica que tiene, como Venezuela, en recursos como el petróleo y el gas.

Ante este escenario, más allá de las consecuencias económicas y sociales, este conflicto no puede pasar por una escalada militar. La historia ha demostrado que la confrontación entre Estados Unidos e Irán se caracteriza más por ciclos de tensión y distensión que por enfrentamientos prolongados.
Por ello, aunque la potencia norteamericana no se caracterice en estos momentos por la diplomacia y el diálogo, la prioridad debería estar en evitar que una rivalidad histórica termine desencadenando un conflicto de dimensiones mucho más amplias.


