Aprovechando que este año dos obras japonesas están nominadas a estatuilla, haremos un repaso por la historia del cine nipón en estos premios
Desde 1929, cuando se empezaron a celebrar los premios de la Academia hasta 1957, las películas extranjeras no eran premiadas. Las cintas no procedentes de Estados Unidos que habían conseguido reconocimiento internacional se galardonaban con una gratificación especial llamada Premio Honorífico. En la actualidad, el premio a la mejor película en lengua extranjera es uno de los más esperados por el público.
Los primeros años de los Premios Oscar
La primera obra en alcanzar el reconocimiento occidental con el Premio Honorífico fue Rashōmon del director Akira Kurosawa en 1952 (24ª edición), coincidiendo con la llamada “época dorada” del cine japonés. Este cineasta es considerado de culto por muchos cinéfilos y realizó obras conocidas internacionalmente como Shichinin no samurai (Los siete samuráis) o Ran (Caos). Es admirado por directores consagrados como Steven Spielberg e incluso se le otorgó en el año 1990 el Oscar honorífico por la gran trayectoria de su carrera.

Los otros dos Premios Honoríficos al cine nipón fueron entregados a Jigokumon (La puerta del infierno) de Kinugasa Teinosuke en el año 1955 (27ª edición) y a Miyamoto Musashi (Samurái), de Inagaki Hiroshi en el año 1956 (28ª edición). Estas películas dieron a conocer al mundo occidental la cultura japonesa y su historia, cómo fue la época de los samuráis y su forma de vida que se basaba en los valores de lealtad y valentía. La mezcla de una trama enrevesada con escenas de acción muy llamativas suscitó la curiosidad de un público que no estaba familiarizado con su cultura.

El siglo XXI y la animación
Desde estas nominaciones más primitivas hasta el siguiente galardón otorgado pasó casi medio siglo, ya que hasta la 71ª edición de los Oscars en 1999 el cine nipón no volvió a ganar una estatuilla en Hollywood. Este año, el Oscar al mejor cortometraje documental fue otorgado a The Personals: Improvisations on Romance in the Golden Years de Ibi Keiko. Este cortometraje fue el escogido para volver a abrir la puerta de los Oscars al cine japonés e instauró una racha de notoriedad en los premios.
En 2003 llegó finalmente un premio que cambió para siempre la percepción de occidente hacia el cine japonés, más concretamente su cine de animación. En la 75 ª edición de estos premios, Sen to Chihiro no kamikakushi (El viaje de Chihiro), de Hayao Miyazaki, ganó el Oscar a mejor largometraje de animación, convirtiéndose en la primera película no estadounidense en hacerlo. Esta cinta hizo que toda una generación de niños se criaran viendo las películas de Studio Ghibli y que el público más adulto se cautivara por sus animaciones y las historias tan bellamente narradas en las películas.
El siguiente Oscar fue otorgado a un cortometraje de animación llamado Tsumiki no ie (La Maison en Petits Cubes), de Katō Kunio, en la 81ª edición de estos premios (2009). Este cortometraje es un profundo viaje por la vida solitaria de un anciano que tendrá que enfrentarse a las diferentes etapas de su vida gracias a la búsqueda de una pipa por su casa inundada. En esta misma edición, también se otorgó el Oscar a mejor película en lengua extranjera a Takita Yōjirō y su bello retrato de un músico que se ve obligado a trabajar como enterrador llamado Okuribito (Despedidas).

Nueva voz del cine japonés
Esta voz renovada del cine nipón que se ha ido instaurando durante la última década es una mirada profunda a lo íntimo y cotidiano que nos muestra de una forma muy bella costumbres, trabajos o aspectos de la vida diaria que a priori parecen banales pero tras la lente de un buen cineasta se convierten en toda una obra de arte.
Podemos apreciar este estilo en la última película japonesa galardonada con una estatuilla hace tan solo unos años en la 94ª edición de los Oscars (2022) , Drive My Car, de Hamaguchi Ryūsuke. Esta película se desarrolla a través de conversaciones de un director de teatro con su chófer. En este acto tan trivial como es mantener una conversación con una conductora, el protagonista logra afrontar sus traumas y dialogar de una forma que jamás se habría atrevido. El director logra transmitir la impetuosa belleza que existe en lo ordinario.

Nominaciones de este año
En la gala de los Premios Oscar celebrada este 11 de marzo, dos películas japonesas se estarán disputando la codiciada estatuilla dorada con la que galardonan a los oscarizados. Las nominaciones fueron anunciadas el 23 de enero, Perfect Days de Wim Wenders se instauró como una de las nominadas a mejor película en lengua extranjera y Kimitachi wa dô ikiru ka (El Chico y la Garza), última obra de Hayao Miyazaki y Studio Ghibli, fue una de las elegidas para optar a ganar el Oscar a mejor película de animación.

Perfect Days continúa con la oda del cine japonés a lo cotidiano, relatándonos cómo es la vida de un limpiador de retretes en Tokio. Así mismo, El Chico y la Garza sigue fascinando con el conocido estilo propio del Studio Ghibli y nos presenta un mundo inverosímil que fascinará al público desde el principio hasta el final del metraje. Tanto las películas actuales como todas las anteriormente mencionadas son obras de arte muy recomendadas para cualquier amante del cine que quiera conocer más del séptimo arte japonés y la cultura del país.

