A los pies de los Alpes y atravesada por el río Po y Dora, se encuentra una de las ciudades más desconocidas de Italia, Turín. Aristocrática y austera, es el destino perfecto para los amantes de la cultura, historia y arquitectura.
El aspecto ordenado y serio del centro de Turín revela sus orígenes como colonia militar romana. Fundada con el nombre de Augusta Taurinorum en el 27 a.C por Julio Cesar, la protección natural que garantizaban las montañas la convirtieron en un importante núcleo de defensa y comercio. La ciudad todavía conserva una de las puertas de su muralla original, Porta Palatina, actualmente una de las entradas al Mercato di Porta Palazzo, el mayor mercado al aire libre de Europa con una extensión de 51.300 metros cuadrados.

A cinco minutos de Porta Palatina, se encuentra la Catedral de San Giovanni Batista. De estilo renacentista, es famosa por albergar la Sacra Sindone o Sábana Santa. Esta tela de lino de más de 4 metros de largo es una de las reliquias más adoradas del catolicismo y un polémico objeto de estudio científico. Aunque sea expuesta al público en momentos puntuales (la última vez en el año 2015 para conmemorar el segundo centenario del nacimiento de Don Juan Bosco), es una parada obligatoria en toda visita de Turín.
La imponente capilla de la Sacra Sindone, realizada por el artista barroco Guarino Guarini, es una obra maestra arquitectónica por el complejo uso de la geometría y los juegos de luces que genera. El artista firmó otros grandes monumentos de la ciudad, como la Real Iglesia de San Lorenzo o el Palacio Carignano, siempre a las órdenes de la Casa Saboya, asentada en Turín desde 1563.
Ciudad barroca y señorial
Turín narra irremediablemente la historia de la dinastía de los Saboya, casa aristocrática antiquísima que transformó la pequeña urbe en una elegante metrópoli europea. Entre las 22 residencias de la familia dispersas por la capital del Piamonte, destacan el Palacio Real, el Palacio Madama, el Castillo de Valentino o la Villa della Regina, todas ejemplo del poder y riqueza de la estirpe y declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997.

Los Saboya tuvieron un papel crucial en la unificación del país en el siglo XIX. La saga, que ya había pasado por el trono del reino de Sicilia y en ese momento gobernaba en Piamonte-Cerdeña, canalizó el descontento popular con la ocupación extranjera (en el norte, el Imperio Austriaco y al sur, la dinastía Borbónica) y protagonizó, junto con figuras como el conde de Cavour o Garibaldi, las tres Guerras de la Independencia. Finalmente, el 17 de marzo de 1861 Victorio Emanuel II de Savoya declara el reino de Italia, con Turín como capital hasta 1865.
Turín, núcleo industrial
El revolucionario turinés Camillo Benso, conde de Cavour, promovió la industrialización de su ciudad natal entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Gracias a ello, Turín es la cuna de prestigiosas marcas como la empresa automovilística Fiat, fundada en 1899 como F.I.A.T (Fabbrica Italiana Automobili Torino), así como el lugar del nacimiento del vermú y la casa de Martini.
En la capital piamontesa también se instauró una de las primeras productoras de cine en Italia, Itala Film, que financió la innovativa Cabiria (1914, Giovanni Pastrone), siempre mencionada en los manuales de la historia cinematográfica. En honor a la colaboración en los albores del séptimo arte, Turín acoge desde el año 2000 el Museo Nacional de Cine que se encuentra dentro de un emblema de la ciudad, la Mole Antonelliana.

La Mole es el símbolo indiscutible de Turín. Ideada por el arquitecto Alessandro Antonelli en 1863, finalizó su construcción en 1889 y, durante un tiempo, fue el edificio más alto de Europa. Está dotado con un ascensor panorámico desde el que disfrutar de las vistas urbanas y las montañas alpinas.
Infinidad de museos y mucho más
Es imposible hablar de Turín sin mencionar el Museo Egipcio, que, con más de 8.000 objetos de esta fascinante y misteriosa civilización, es el segundo más importante después del Museo Egipcio de El Cairo. El motivo por el cual la ciudad piamontesa es un lugar tan importante para la egiptología se remonta de nuevo a la Casa de los Saboya. En 1824, Carlos Félix de Saboya, aficionado a la cultura egipcia, adquirió la colección de estatuas, sarcófagos, momias, papiros, amuletos y objetos varios del general Bernardino Drovetti, cónsul general de Francia durante la ocupación de Egipto.
Rodeada de naturaleza y con una rica gastronomía, Turín ofrece una amplio catálogo de actividades culturales, una interesante historia y es perfecta para pasear por sus elegantes calles y disfrutar de sus majestuosas plazas y parques.


