El periodismo literario ha encontrado un hueco vivo en Malasaña. Espacio Late —jazz los domingos, microteatro, no ficción— es una café-librería que nace como proyección física de la revista Late.
Ubicado en la calle de San Hermenegildo 5, se inauguró en septiembre para defender el periodismo independiente entre vino, café y libros. Una trampilla en el suelo da acceso a la entrada de la redacción, todavía en proceso de apertura. Daniel Wizenberg, coordinador del espacio y editor de la revista, es partidario de encontrar, con este tipo de proyectos, la intersección del periodismo con otras disciplinas: la tecnología, la antropología, el arte. Espacio Late es un encuentro de periodistas, una puesta en común para la escritura.
Madrid ha aparecido en el camino de seis socios latinoamericanos como epicentro cultural e intercambio de ideas. El continente se hace presente en la capital española todo el tiempo. “Es un lugar muy nodal, incluso difícil de encontrar en América Latina. En su momento quizá lo fue Buenos Aires; en algún otro punto, Ciudad de México. Pero la circulación que hay por Madrid de lo que se produce en español es muchísimo mayor”. Es una ciudad donde confluye una parte significativa de las manifestaciones culturales de América Latina. Si hablamos de edición, las estanterías de Late lo confirman.
Late prioriza la no-ficción en su revista y en su espacio. Hace una reivindicación de la profesión periodística desde una construcción narrativa. Este tipo de periodismo se sostiene en el arte de mirar. No se trata, sin embargo, de un acto meramente creativo, individual y de inspiración, como una novela. Cada descripción, figura y pausa responde a un trabajo previo de observación, estudio, documentación y búsqueda. En Late organizan talleres de escritura junto a reporteros y otros profesionales para aprender, debatir, justificar cómo el periodismo se puede nutrir de la literatura sin el propósito de imitarla.
Más allá de informar
Leila Guerriero, periodista argentina, visitó Late en mayo de 2024 para impartir un taller de construcción de textos. Ha hablado en numerosas ocasiones del periodismo literario con la certeza de que no da igual contar una historia de cualquier manera. Da valor a la experiencia que la lectura efímera de una noticia informativa no consigue. En Late reafirman sus palabras. La diferencia entre ambos tipos de periodismo radica en que un reportero narrativo no tiene la necesidad de informar. “Uno no lee periodismo narrativo para saber qué ha pasado en la esquina. Apunta a otra cosa”, afirma Daniel. Una noticia, muchas veces fragmentaria, sobre todo en la era de la inmediatez, tiene más probabilidades de ser olvidada que una buena historia. Escribir sobre el terreno, mirar donde otros no miran, dar con la justa pausa, es lo que busca Late desde antes de abrir su Espacio.

Espacio Late es un sitio para conversar, leer, encontrar, ser con otros. Daniel mantiene que evitan la endogamia. El periodismo literario parece huir -y con él, Late- de las dinámicas cerradas. El periodista escribe para que le lean y no siempre los mismos. Buscan con ello una lectura pausada de su obra, una escritura profunda resultado de un proceso lento, meditado, necesario.


