La escritora publica su segunda novela, de la mano de Reservoir Books
En El valle del silicio, Carla Nyman nos adentra en un mundo digital para enseñarnos esa actualidad sobre las identidades que nos creamos en internet, la cultura incel y el capitalismo digital.
El valle del silicio
Carla Nyman nos presenta en su nueva novela a una protagonista solitaria cuya casi única fuente de relaciones es internet. Con su perro parlante, Averroes, descubre sitios de internet oscuros y a SamuelPearce, una especie de gurú digital.
Destapando la cultura incel, el capitalismo digital y la mística de internet, El valle del silicio muestra una parte de la actualidad que está muy presente en las vidas de muchos. Creando un mundo singular, Carla nos traslada a un sitio inquietante y oscuro de la sociedad y del ciberespacio.
Seducción por el mundo digital
Pregunta: ¿Cómo y cuando surgió la idea de escribir El valle del silicio?
Respuesta: El valle del silicio, en principio, en 2018, iba a ser otra cosa. Empezó siendo simplemente porque a mí me interesaban mucho las relaciones de internet o las relaciones especulativas que tú puedes generar con un usuario al que no ves la cara nunca, pero de pronto compartes una intimidad con ese ser.
Luego, eso se quedó aparcado en 2018 y no lo continué. Y hace un año, más o menos, me empezó a interesar de nuevo. Porque empecé a leer sobre transhumanismo, sobre aceleracionismo, también sobre este tipo de seres que habitan en internet, ya sean los incels o los criptobros o los Llados Fitness. Y dije aquí hay algo que no sé por qué me obsesiona y me seduce mucho, quiero entender qué les pasa a este tipo de personajes que viven en los sumideros digitales.
Aparece de nuevo este mismo personaje, que aparece ya en 2018 en esa novela que empecé, que es una mujer que se siente muy sola y no se encuentra correspondida o identificada con ninguno de sus vínculos interpersonales. Ni siquiera con sus amigas, porque no tiene. Tiene una compañera de trabajo, que es Lady Kombucha.
Luego también se relaciona con un interlocutor, el único que tiene en un principio, que es un perro. Imagínate lo delirante que tiene que ser esto. Pero tampoco tiene lazos familiares ni lazos libidinales ni eróticos con nadie. Tiene que generar sustituciones compensatorias y así es como empieza a relacionarse con un interlocutor, que es un perro, y luego ya con SamuelPearce, que es este personaje extraño de internet.
La soledad
P: ¿Cómo fue adentrarte en este universo? ¿Qué historia querías contar a partir de esto?
R: Creo que porque me llamaba mucho la atención esa tristeza o esa soledad que se vive en internet. Al principio claramente yo estaba muy colocada desde el punto de vista de la protagonista y desde su soledad. Ella vive casi paralizada porque ha deshecho todos sus lazos interpersonales y se acaba disolviendo en internet, que es su única forma de subsistir o de definirse identitariamente.
De pronto basculó mi interés hacia esos hombres que también habitan en internet o seres con discursos totalmente delirantes, discursos transhumanistas, incluso discursos incel bastante misóginos, que creen que el mundo en el que vivimos no es suficiente, que no les corresponde, que no les define como son, no les da un sentido y que hay que, como si fuera un transbordador espacial, meterse en una especie de meteorito y salir despedido hacia fuera del cosmos.
Salir de este mundo terrenal en el que no hay promesa de felicidad ni promesa de armonía. Entonces de pronto empiezo a sentir la tristeza de estos personajes y veo que son el resultado también de este siglo XXI tan delirante en el que estamos.
Que tiene sentido que ellos quieran alimentar este tipo de discursos tan omnipotentes, tan delirantes, para poder sobrevivir.
Una triada quijotesca
P: ¿Cómo creaste a esta protagonista con todo su pasado familiar y con todas estas relaciones?
R: La protagonista vive como una especie de orfandad cósmica porque no tiene lazos. Necesita compensar esos lazos que le faltan de una madre ausente, un padre ausente, una pareja ausente, amistades ausentes… con tres personajes.
Se genera una especie de triada, tres personajes muy delirantes y muy surreales. Que es un perro que habla, Averroes, que yo creo que viene en representación del mandato de la casa, del mandato del hogar, de realizar las funciones biológicas básicas. Porque va olvidando a medida que va avanzando la novela hacer pis o comer o ducharse. El perro le recuerda las funciones biológicas animales de un perro.
Luego aparece el segundo personaje que es SamuelPearce, que yo creo que sustituye también esa parte más libidinal de la que ella carece, que es ese personaje casi divino que le promete amparo en ese ciberespacio.
El tercer personaje, que es Lady Kombucha, que yo creo que es también el mandato ético, maternal, esa especie de norma proyectada de que tienes que ser intachable, tienes que ser perfecta, y que ya llega a rozar peligrosamente los mandatos capitalistas.
Esta es la triada que ella se monta quijotesca para poder subsistir y sobrevivir porque no tiene otra manera de montarse una familia postiza.
El desencanto
P: Nos adentras en un capitalismo digital y en esta cultura incel. ¿En qué te querías enfocar o qué es lo que querías transmitir con esto?
R: Justamente yo creo que esta tristeza, que también se vive dentro de esos conductos de internet por parte de estas personas que reniegan de una realidad o reniegan, en el caso de los incels, de las mujeres porque no se ven correspondidos, no se deben identificados, sienten que no pueden conquistar.
Como no tienen el poder de conquistar a las mujeres ancestralmente y de esa manera tan tradicional y absurda, reniegan de ellas. Se refuerzan todavía más desde un punto de vista identitario en una especie de anomalía biológica. Por lo tanto, tienen que ocupar otro espacio, que es el de internet. Esas habitaciones ocultas, manchadas las sábanas de pizza fría… Y me interesaba radiografiar todo eso de cómo se vive ese tipo de tristeza y cuál es el síntoma de todo esto.
Al final yo creo que es una sensación de desencanto profundo, que es el que le pasa a SamuelPearce, que no se siente tampoco identificado con su infancia, como si hubiese tenido una infancia perdida o destruida. Habla casi de naufragio biográfico. Y lo mismo le ocurre en relación también a sus relaciones libidinales. Incluso con su sensación social sobre cómo funciona políticamente el mundo.
Necesita generar y engordar este tipo de discursos, cada vez más delirantes, transhumanistas, espirituales, tecnomísticos. Porque si él reniega de esta realidad, tiene que montarse otra, y esa es la del ciberespacio de internet.
Por eso necesita este tipo de seguidores, que son la protagonista y otros seguidores que va encontrando en internet y de los que se va apropiando, para reforzar un discurso totalmente ilógico y que es un sinsentido. Pero, al tener seguidores, de pronto eso adquiere incluso las dimensiones de un nuevo universo.
Más terrenal de lo que parece
P: Hablas de temas muy actuales, como la IA o el mundo digital, pero también todo atravesado por la filosofía, que es algo muy atemporal. ¿Por qué quisiste expresarlo desde ese punto de vista?
R: Es verdad. Yo creo que se junta con que en esta época en la que empiezo a escribir El valle del silicio, me interesó mucho por todos estos temas que tal vez aborda más el ensayo, que es todo lo que tiene que ver con el aceleracionismo, el pesimismo, también me empieza a interesar el transhumanismo.
Empiezo a leer mucho sobre inteligencias artificiales, sobre cómo están construidas estas inteligencias artificiales. Entiendo de pronto que esa nube de la que tanto se habla no es algo que pertenezca a algo aéreo o flotante, esa nube del cielo, sino que es algo mucho más telúrico y terrestre.
Al final esa nube son servidores que están enterrados bajo tierra y refrigerados con litros y litros de agua. Además, esos cables están construidos con litio y silicio, que se extrae de montañas y de la tierra. La nube está bajo tierra y tenemos que hacernos responsables de todo ese extractivismo y toda esta ingesta o desperdicio que estamos haciendo de materiales y recursos de la corteza terrestre.
Entonces empiezo a leer sobre todo esto que claramente se podría haber reflejado traducido en un ensayo, y probablemente en algún momento lo haga. De hecho, estoy ahora empezando a escribir algo más ensayístico, que tienen que ver con esto. Pero creo que dialogaba muy bien con estos personajes ficticios, entonces se ha traducido en forma de ficción.
Todo este síntoma podría haberse traducido en ensayo, pero ha empezado como ficción.
Una fantasía omnipotente
P: También hablas de la identidad, la identidad digital y de estas relaciones que creamos con gente que ni siquiera conocemos en persona, físicamente. ¿Cómo querías enfocar esto o cómo lo relacionas con la actualidad?
R: En internet lo que pasa es que las relaciones son mediovaporosas. Básicamente porque es otra interfaz. Entonces uno no se ve reconocido igual que en otra interfaz, por ejemplo, en esta en la que estamos tú y yo hablando. Y de pronto no reconoces o no identificas al otro de la misma manera que lo identificas en otro tipo de interfaces y las identidades construyen de forma distinta.
Creo que internet tiene un pequeño riesgo o un gran riesgo, que es ese espejo narcisista que nos devuelve. Nos devuelve una imagen muy narcisista de nosotros mismos. Parece que estamos monologando en internet, en esos conductos, en esos sumideros en los que estamos constantemente hablando con nosotros mismos y construyendo y reforzando una imagen identitaria muy cerrada de nosotros mismos, supongo que por sobrevivir también.
Debido a que estamos en un momento de tanta incertidumbre, tanta desolación y tanto malestar que necesitamos entender quién soy y cómo me puedo definir.
Me defino a través de este recorte de este tweet, me defino a través de esta fotografía de Instagram. Que al final son cosas muy esloganianas y consignas. El único problema que le veo a esto es que impide que podamos dialogar verdaderamente. Porque al final yo creo que la subjetividad se construye siempre por contaminación del otro, por diálogo con el otro, friccionar o negociar con el otro en la realidad.
Si nos cerramos a una imagen invulnerable de nosotros, al final estamos construyendo una imagen casi omnipotente, una fantasía omnipotente de quiénes somos y eso no es así. Nos estamos deshaciendo todo el rato y nos estamos contaminando y contagiando con las otras cosas. Y esto es algo que creo que se olvida mucho en internet.
Un nuevo régimen gramatical
P: Una cosa que me gustó mucho fue este juego del lenguaje, cómo SamuelPearce hace faltas de ortografía y crea una especie de nuevo lenguaje. ¿Cómo se te ocurrió esta idea?
R: Yo lo que creo es que SamuelPearce es un pedorro. Entonces, como reniega del mundo y reniega también del sistema, que así lo denomina él, y reniega de su propio cuerpo, claro que tiene que renegar también de la gramática. Porque la gramática también, según él, es una forma normativizada de entender el mundo, las prácticas, la psique, las relaciones interpersonales… Entonces él necesita fundar un nuevo lenguaje.
Para fundar este nuevo lenguaje, lo que empieza a hacer es romper el antiguo régimen, el régimen de la gramática tal y como la conocemos. Trascender a una nueva gramaticalidad. Propone este lenguaje, que está mediorroto, lleno de faltas de ortografía.
Creo que es muy retador para la prota eso también, porque ella justo es correctora ortotipográfica. Hay algo medioatractivo y seductor en ver cómo uno hace lo contrario a lo que hace el otro. Es un personaje el de la protagonista que vive siempre desde la falta, desde la ausencia y desde la necesidad de reencantar el mundo, al igual que SamuelPearce. Ahí se genera el enganche perfecto entre los personajes.
La ascensión divina
P: También tiene una estructura marcada. El libro se divide en tres partes: la vía purgativa, la iluminativa y la unitiva. ¿Por qué decidiste llamarlas así?
R: Estas son las fases para ascender espiritualmente y fusionarte con una especie de divinidad abstracta. Es lo que propone SamuelPearce. Y lo que yo creo que proponen todos estos discursos tecnomísticos de internet.
Como si el ciberespacio de internet fuera en ese espacio nuevo, ese nuevo mundo, casi como si te metieras en un transbordador, en un meteorito, que te expulsa fuera del cosmos y al exterior. Es curioso ver cómo esa ascensión de la que ya hablan los místicos como San Juan, de pronto se coloca en el mundo del ciberespacio. Hay muchos que hablan sobre esto. Son discursos que a mí me resultan muy seductores, pero también son muy peligrosos.
Es como si esa ascensión mística ahora estuviese mediada por la tecnología porque es en el ciberespacio, en internet, donde hay una verdadera promesa de felicidad, una promesa incluso de inmortalidad, una promesa de armonía.
Como si el cuerpo, que eso también lo proponían los místicos, fuera nada más que un saco de huesos, de fluidos, que vamos arrastrando por el planeta y que es perecedero y tuviésemos que desatarnos de esas fuerzas gravitacionales que nos atan mortalmente a la vida y desaparecer y disolverlos en internet para deshacernos de este cuerpo mortal. Como montarnos en una nave espacial y pirarnos de este mundo que ya no tiene sentido y está desencantado. Reencantar el nuevo mundo fundacional en internet. Eso es lo que plantean los tecnomísticos y lo que plantea SamuelPearce.
El proceso creativo
P: ¿Cómo ha sido el proceso creativo de esta novela? ¿Ha sido diferente al de tus otros libros o parecido?
R: Últimamente escucho mucho que me dicen que la anterior novela era mucho más torrencial y esta tiene una estructura un poco más convencional de novela decimonónica. A mí eso me asusta y también me sorprende a partes iguales.
Creo que a lo mejor está un poco más ordenada que Tener la carne porque es verdad que era un monólogo muy torrencial y estábamos dentro de la cabeza de la protagonista permanentemente, pero esto sigue ocurriendo aquí. Lo que es cierto es que a lo mejor en El valle del silicio, al tener más longitud, hay que ordenarlo un poco porque si no ya se dispersa tanto la trama que es muy complicado mantener, ya no solo la atención del lector y la lectora, sino mi propia atención como escritora, porque ya no sé ni dónde estoy, y de los personajes también. Pero yo creo que sigue ocurriendo lo mismo que Tener la carne, que
se privilegia no tanto la acción trepidante, sino más bien la acción mental.
De hecho, hay casi agujetas mentales de tanto moverse neuróticamente. Porque hay un engordamiento o un ensanchamiento del pensamiento. Hay una escena, uno los primeros capítulos, que ella está comiendo o cenando con un señor con el que ha quedado de Tinder o de alguna aplicación, y no interesa tanto en este capítulo qué es lo que están comiendo o de qué están hablando, sino más bien todo el torrente de pensamiento que está teniendo la prota. Creo que en ese sentido estructuralmente se ha construido más o menos igual.
Abunda mucho más ese mundo interno y yo creo que también ayuda a entrar también en esta cosa de vamos a deshacernos de lo físico, que es lo que quiere hacer un poco en ese viaje de la ascensión. Nos deshacemos de lo físico y nos adentramos en algo que podemos llamar como el alma, lo espiritual, el pensamiento, que solamente ocurre en internet.
Un continuum artístico
P: Al ser también creadora escénica, ¿te influye esto en tu escritura?
R: Sí. De hecho, para mí no hay un corte real entre escritura dramatúrgica o escritura escénica, novela o poesía. Para mí todo es lo mismo. Lo que pasa que, al publicarlo, lo tienes que publicar con algún tipo de etiqueta. Creo que siempre hay un trasvase. De hecho, creo que
todo lo que voy escribiendo es un alargamiento de lo anterior.
Tuve que cerrarlo en algún momento y publicarlo. Cerrarlo en las dimensiones y los perímetros de un libro o el perímetro de una obra teatral escénica, pero luego ha continuado. De hecho, por ejemplo, en Hysteria, que es una obra que hicimos hace ya un año, aparecía también un perro que hablaba, un perro parlante. En este caso era un perro heideggeriano, no averroísta como es Averroes.
De hecho, yo recuerdo que, cuando finalizamos con la temporada de esta obra, empecé a escribir El valle del silicio. Porque era una continuación de Hysteria.
Creo que permanentemente estoy escribiendo sobre lo mismo, lo que ocurre es que va tomando diferentes transformaciones y va mutando
pero siempre es lo mismo. Ves todo el paisaje y el continuum. La imagen de la portada es de una artista visual chulísima, que se llama Oona Ode. Es maravillosa y soy seguidora suya desde hace unos cuántos años. Ella había hecho una ilustración con un conejo, que es exactamente la misma que tenemos en El valle del silicio, pero con un conejo.
Le dije a mi editora Berta “oye, ¿tú crees que sí hablamos con la artista, le podemos pedir esta misma ilustración, pero con un perro?”. Al final nos dio el visto bueno y yo estoy encantada de trabajar con ella en ese sentido. Aunque sea también virtual, porque nunca la he conocido.
El título claramente es una españolización de Silicon Valley. Yo, al menos, cuando pienso en Internet, me lo imagino como una especie de pantano al que accedes de repente, te disuelves por ahí, como en esos sumideros que decíamos antes. Es una especie de valle, un valle vaporoso al que no terminas de ver bien. Está todo mediodistorsionado. Eso es lo que al final se ha visto cristalizado en este libro.
Referencias
P: ¿En qué influencias o referentes te has inspirado para este libro?
R: Muchísimos. Sobre todo, mucho ensayo. He leído mucho ensayo en este tiempo para poder escribir El valle del silicio. Diría que Kate Crawford con el Atlas de IA. También La hipótesis cibernética. También he leído mucho a estos autores que escriben sobre los perros parlantes, como por ejemplo Gogol, Bulgákov o Kafka incluso.
También mucho Chaucer, Los cuentos de Canterbury, que son muy divertidos. También Virgilio Piñera, que es un autor cubano, con Cuentos fríos. Luego todo lo que tiene que ver con el deseo, como Chris Kraus me encanta, que tiene una novela que se llama Amo a Dick, que es para mí ha sido muy importante para construir ese relato obsesivo en torno a SamuelPearce. Esto sería un poquito el ecosistema que me acompañado.
El peso de la soledad
P: ¿Con qué quieres que se queden los lectores cuando lean El valle del silicio?
R: Lo que me encantaría que ocurriese es lo mismo que le ocurre a la protagonista, que no es que internet le haya inoculado una soledad de pronto o le haya colocado en un espacio de soledad, sino que ella ya venía arrastrando mucha soledad y malestar, y de pronto internet le ha ayudado a emerger o le ha ayudado a activar o visualizarse o devolverle su propia imagen sobre esa soledad, esa incertidumbre y ese malestar.
Me gustaría, en este caso, que los lectores de pronto se viesen reflejados en esos síntomas y en esos malestares y que, debido a que estamos en un momento tan frenético, no podemos parar, y sentir el peso de la propia soledad. Eso es lo que me gustaría, que sintieran el peso de su soledad.


