Cada verano todo se repite. Un triángulo amoroso que hace que nos dividamos. El verano de toda una generación
Este verano no es como los demás. Hay algo distinto en el sol de Cousins que no se puede explicar. Es la brisa que lleva los momentos y secretos de los veranos anteriores. Todos los veranos, la misma historia parece repetirse, y aún así, nada se siente de la misma forma. Un triángulo amoroso vuelve a aparecer frente a nosotros. ¿Team Conrad o Team Jeremiah?, una pregunta que es ya casi una parte de tu identidad, una elección que ejemplifica lo que buscas en una relación y tu forma de ver la vida. Algo extraño pasa cuando volvemos a verlos que volvemos a sentir esa incertidumbre, pasión, y sobre todo cierta torpeza ante sus corazones intentando no romperse. Es casi imposible no verse reflejados, divididos entre lo que queremos y lo que sabemos que debemos hacer.
Esta serie de drama romántico estadounidense basada en los libros de la novela de Jenny Han, ha conseguido conquistarnos y que cada temporada sea un verano con recuerdos inolvidables. Belly, la protagonista, vive cada verano atrapada entre emociones que no puede controlar y decisiones que no quiere afrontar. Refleja el miedo a algo que todos hemos vivido: el primer amor. Verla decidirse entre lo correcto y lo que siente, entre lo que desea y lo que teme, es entender que los primeros amores, aunque sean dolorosos, son necesarios y nos hacen crecer como personas.
Los hermanos Fisher son su debilidad, el eje de su conflicto interno. Conrad nos hace sentir la complejidad de amar a alguien que parece inalcanzable. Es difícil entenderle, descifrarle. Fascinante y frustrante al mismo tiempo, él es el significado de lealtad por encima de todo, cada silencio, cada mirada, dice más de lo que cualquier palabra podría expresar. Nos recuerda que a veces incluso las personas más seguras, son aquellas que están luchando contra sus propios miedos y expectativas. Jeremiah por el contrario, es la seguridad y la alegría que nos arrastra sin previo aviso. Su cercanía y su capacidad de hacernos sentir seguros, es sentir el valor de mostrar lo que sentimos sin miedo. Mientras Conrad guarda, Jeremiah comparte. Y en medio de ellos, Belly busca la forma de poder encontrarse a sí misma.
A lo largo de los veranos, hemos visto a Belly y a los Fisher crecer, equivocarse y aprender. Lo que empezó como un romance adolescente se fue transformando en decisiones cada vez más serias, en heridas sin cerrar, y en saber que el amor no siempre es suficiente. Quizá por eso, este fenómeno, ha dividido nuestros corazones. No se trata de dos equipos, no elegimos entre Conrad y Jeremiah, sino entre lo que realmente buscamos en el amor.
La magia de la serie El verano en que me enamoré, nos muestra que el verano no es solo una estación. Para los protagonistas es su refugio. Es el lugar donde todo parece posible. Una casa de playa que guarda los recuerdos de toda una vida. Un amor que se transforma a lo largo de los años, pero sigue siendo igual de puro. Un amor que cambia y tiene muchas formas. Al final, la pregunta que nos hacemos, no es a quién elige Belly, sino qué verano guardamos de esa misma forma en nuestro corazón. Cada verano todo se repite, pero nada es igual. Porque los veranos terminan, pero hay amores que nunca desaparecen. Lo único que permanece es la certeza de que la vida es demasiado corta para no pasarla con la persona que amas.

