SICAB, el mayor evento ecuestre de España, la gran cita del caballo de Pura Raza Española
SICAB son seis días intensos en Sevilla que comenzaron para enseñar lo mejor de la competición deportiva. Pero el espectáculo ha superado lo tradicional hasta eclipsar el verdadero espíritu deportivo. La atención se centra más en la imagen que en la pista. Actualmente hay una pugna entre la competición deportiva o el glamour del espectáculo. ¿Hasta qué punto la tradición puede convivir con el show?
El peso deportivo es relevante y debe ser el eje central del evento. En la pista se muestran cientos de ejemplares y profesionales de primer nivel, que son resultado de un trabajo exigente y de toda una temporada de dedicación y preparación. Sin embargo, toda esa grandeza pasa casi desapercibida. El mérito deportivo recibe escaso reconocimiento, con un público que prefiere el aplauso fácil, y no le da el protagonismo que en realidad merecen.
Sin embargo, el afán y el empeño por ofrecer un buen espectáculo y deslumbrar a toda costa ha opacado la propia esencia del SICAB. Las pruebas se centran en lo visual, lo llamativo, y en una buena puesta en escena, mientras que la complejidad de la competición queda en segundo plano, convirtiéndose en una demostración por y para los espectadores. Esto se ha visto reflejado en la masificación de asistentes que acuden al evento atraídos por la fama o el prestigio. De esta manera, el SICAB corre el riesgo de convertirse en una pasarela de caballos convertidos en títeres.
Las exhibiciones necesitan adaptarse a las nuevas exigencias. La ciudad se inclina por el beneficio económico, donde los turistas son los que deciden lo que quieren ver. La organización mezcla tradición y espectáculo y el resultado es la apuesta por exhibiciones, desfiles y stands pensados para la imagen pública que multiplican la repercusión mediática. Modernizarse no tiene por qué ser siempre malo, pero cuando este tipo de eventos se diseñan para vender la mayor cantidad de entradas y conseguir patrocinadores, lo deportivo se convierte en algo secundario.
Si esta dinámica continúa, SICAB podría transformarse en un evento de entretenimiento en vez de competición y se cambiaría la forma de ver la hípica y la equitación. Cambiaría la percepción de cómo se percibe al caballo PRE. Se perdería la razón por la que inició el evento deportivo, mostrar la pasión de los jinetes por demostrar sus destrezas. Ya que lo que ha convertido a SICAB hoy día como referente mundial no está en los focos, sino en la calidad y exigencia de las pruebas.
El verdadero reto ahora es seguir siendo relevante sin perder su identidad e historia. Lo atractivo del espectáculo podrá convivir con la competición, pero solo si aseguran que el caballo PRE siga siendo el eje central de estos concursos. Si no se mantiene este equilibrio, SICAB podría llegar a perderse. Daría el paso a convertirse en un lugar donde los caballos son solo marionetas y no los protagonistas del verdadero arte que representan.

