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‘Una historia es una piedra arrojada al río’: sobre preservar la cultura

Mònica Batet, con un propósito muy claro, decidió lanzar una piedra al río y consiguió que su onda se expandiera, simultáneamente, hasta la memoria de generaciones pasadas, presentes y futuras. 

En Una historia es una piedra arrojada al río, Batet construye un relato imperecedero sobre cómo se transmiten las historias. Relata los desafíos que atraviesan aquellos que luchan por divulgar la cultura de forma libre y ahonda en la censura que, de manera expansiva, le extirpa lo humano a la sociedad, la priva del avance. La obra original fue publicada en 2023 por la editorial Angle, con el título Una història és una pedra llançada al riu. La versión en castellano ha sido editada este 2025 por Las afueras, con la traducción de Carlos Mayor. 

Portada de la edición en castellano de ‘Una historia es una piedra arrojada al río’, publicado por Las afueras

La autora deja ir lo concreto para abrazar la abstracción. Utiliza figuras despersonalizadas como personajes protagonistas, meros sintagmas sin nombre propio que rehuyen la individualidad, pretendiendo simbolizar roles sociales. El Folclorista, el Revolucionario o la Escuchadora de canciones son algunos ejemplos. La  forma en la que se refiere a ellos evidencia los cambios temporales que va sufriendo la narración. Una vez también fueron el Futuro Folclorista, el Futuro Revolucionario o Esa muchacha. Mònica Batet recurre a esta fórmula para tratar de emular los cuentos populares. Estos no solo son un motor fundamental dentro de la obra a nivel narrativo y temático, sino también a nivel formal. La misma prosa de la autora refleja estructuras propias de los relatos folclóricos que gobiernan gran parte de la trama. El libro es, en sí, una fábula política contada por una voz narrativa ligera, cargada de fantasía y simbolismo, similar a las que narran las leyendas. 

Un relato atemporal

La portada de la edición en castellano contiene un extracto de una ilustración que es parte de la obra La ciudad de Frans Masereel, al que se hace referencia en la página final del volumen como “otro autor que retrató los excesos de una época oscura de la historia que amenaza con regresar”. En 1925, Masereel se aventuró a dar voz mediante grabados en madera a materias que Batet rescata, cien años después, con la escritura. Si bien ninguno de los dos trabajos se preocupa por mantener nunca un realismo estricto, tampoco lo necesitan. Su valor se encuentra en su capacidad de representar la cotidianidad de un colectivo que trasciende una época, de crear imágenes que reflejan varias generaciones.

La historia contada en la novela transcurre en un país imaginario sometido a un régimen totalitario. El narrador se refiere a él como “la ciudad” (véase, quizás, también aquí, el guiño a Masereel), “el país”. No se hace mención a fechas o nombres específicos. Batet opta por no anclar el relato geográficamente, otorgando a la novela un carácter colectivo que lejos de desvincularlo de la historia universal, la dota de una naturaleza atemporal.

De la cultura a la propaganda

Aun así, la atmósfera resuena con fuerza con sucesos históricos conocidos. Comparte una cierta alegoría con la Rumanía de Ceaușescu, aunque también puede llegar a recordar a otros gobiernos dictatoriales como el de la Unión Soviética estalinista o las distintas dictaduras comunistas de Europa del Este. La cultura pasó de ser un instrumento de expresión a convertirse en un dispositivo depurado y propagandístico. Una historia es una piedra arrojada al río también se enmarca en un sistema controlador y manipulador de la tradición popular que neutraliza todos los elementos que se escapan del discurso oficial. El régimen hace uso de una especie de política del miedo para fortalecer el aislamiento del país ficticio.

Este aislamiento no es solo simbólico, sino también físico. Se materializa en la novela con una frontera denominada la Línea, que separa en dos una misma ciudad. Este nombre proviene de un cuento popular homónimo del que se habla al comienzo de la obra: “En este país tenemos un cuento popular que todo el mundo conoce y puede contar de memoria. Es el cuento de  la Línea. Hay distintas versiones y casi todas las familias tienen la suya”.

Rescatar las historias

Dentro de las motivaciones de los protagonistas de la novela se encuentra el deseo por reunir todas esas interpretaciones, todas las variantes de una misma historia. Esta es una parte fundamental de la esencia de la obra de Batet. Se trata de una lucha por la preservación de la identidad popular, un reconocimiento a la misma. La tradición oral no muere aunque el poder trate de borrarla porque se transmite de boca en boca.

“Las historias son piedras arrojadas al río: crean ondas que llegan lejos, aunque no sepamos hasta dónde”; la cita que da nombre a la novela y que condensa la visión que reivindica la autora. Recuperar la cultura, hacer eco de las historias, es un acto de resistencia y de memoria.

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