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Caloncho, una noche de colores en el Teatro Eslava

Sorpresas y cercanía profunda de la mano de Caloncho

El pasado 12 de septiembre el Teatro Eslava recibió con un abrazo gigante a Caloncho, quien haría de la noche un paisaje de juegos. Las luces bajísimas, la espera expectante, el murmullo del público acumulando ganas. Cuando Caloncho salió al escenario, se sintió como si el aire mismo se transformara, parecía ser el momento más esperado de la noche de quienes estaban allí, sus sonrisas lo decían todo.

Abrió con Hora dorada, canción cálida que encendió el vínculo con quienes ya lo esperaban, seguida de Julia y Wacha Checa un llamado a liberarse, a sacarse de encima lo que duele. El ánimo subió con Chupetazos, un tema que resuena últimamente en sus conciertos, con el público coreando y moviéndose.

Caloncho con toda la energía de su público | Fotografía: Paola Gómez Gualteros

Después saludó con sencillez, reconociendo lo importante que es estar ahí, juntos. Llegó el bloque de canciones más íntimo Vitamina D, Derroche, Superdeli y Fresh, una mezcla de ternura, seguido por Amigo mujer, declaraciones al oído, a la cercanía.

En un punto intermedio apareció una Bolita de pan pero incluso esos momentos de descubrimiento suman, todos pendidos de cada nota, adivinando letras, dejándose llevar.

Con Morenita, la fiesta se empezó a colar entre susurros y risas; luego un Amor violento, una cumbia/salsa mezclada con Amor Prohibido de la gran Selena, que generó coro colectivo.

Un viaje entre formas de colores y paisajes

Continuó con Un sexto sentido; luego Luciérnaga, donde él pidió que cantaran todos juntos. Fue un momento cargado, esa comunión en la melodía donde se siente que el concierto trasciende la canción. Después vino la ranchera Sensei y Brillo mío un bloque de nostalgia ranchera y confesión.

Caloncho coreando Luciérnaga | Fotografía: Paola Gómez Gualteros

Hacia el final, canciones como Palmar y otras conocidas que retumban en los conciertos recientes le dieron aire de cierre. El público ya estaba entregado, coreando, saltando, compartiendo. Caloncho bajó del escenario para acercarse, cantar entre la gente, agradecer, mirar a los ojos al ritmo de Optimista.

El cierre fue fiestero, una canción del nuevo álbum, parte de Tofu y otra como la de siempre, Instantes, Noches Negras y Naranjita, sí carnal, que desbordó energía. Despedida con sonrisa gigante, con gratitud profunda por quienes estuvieron, por quienes cantaron, por quienes hicieron de la noche algo sentido y alegre.

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