Un homenaje a los fieles compañeros que siempre están de manera incondicional
Cuando ellos se van se embarca en un viaje narrativo referenciando historias de los perros enlazadas con el hombre. Julia Navarro explora uno de los vínculos más especiales de la historia, mientras comparte cómo se siente tras la muerte de su perro Argos y la adopción de Barbie.
Hay quien dice que uno no elige el libro, si no que son ellos los que te eligen a ti. Algo así le pasó a Julia Navarro cuando llegó a sus manos el libro Su olor después de la lluvia de Cédric Sapin-Defour, un regalo de Leticia Rodero, responsable del departamento de comunicación de su editorial. El libro recogía el testimonio del francés con Ubec, un perro de raza canina boyero, desde la adopción hasta el fallecimiento del animal. Tras este acontecimiento, Sapin-Defour decidió escribir todos esos momentos compartidos y reflexionar sobre ese vínculo que les unía.
El libro no pudo llegar en un momento más afín al que sentía la escritora, Julia Navarro estaba en ese momento atravesando el duelo por la muerte de su perro Argos, y aunque la sinopsis de ese libro le removiera no pudo evitar sumergirse en sus páginas. El libro acabó por animar a la autora a escribir y reflexionar sobre ese duelo mientras que realizaba un recorrido en la historia de la relación, siempre presente, entre perros y humanos.
La escritora, antes periodista aunque ya no ejerce la profesión, se abre para explicar su relación con los animales y dedicar un último homenaje a su perro Argos y a Tiflis. Asimismo, aprovecha la oportunidad para Cuando ellos se van para aludir a los nuevos comienzos tras la adopción de su perra Barbie, de raza schnauzer.
Este libro supone un nuevo salto en su trayectoria tras sus últimos libros de ficción publicados como El niño que perdió la guerra, que llegó a librerías un año atrás. La autora aprovecha el dolor como un estímulo para dedicar unas palabras a los perros, acompañantes desde su infancia. En relato incluye anécdotas de algunos célebres escritores cuyas relaciones con los perros han sido esenciales, historias sobre perros que tuvieron una participación crucial en guerras y enumera algunas de las representaciones pictóricas de los canes que más le han conmovido.
De un libro a otro
Pregunta: El libro relata el proceso de duelo que sintió con el fallecimiento de su perro. ¿Cómo ha sido desnudar esos sentimientos?
Respuesta: Antes de escribir novelas había escrito libros de no ficción de manera que no es algo nuevo. Aunque sí que es verdad que hay un momento en el que hago un punto y aparte profesional abandonando el periodismo y me dedico exclusivamente a escribir novelas con la única excepción de que hago Una historia compartida (2023) y ahora Cuando ellos se van. Cuando se muere Argos no se como gestionar ese dolor tan intenso que me produce su marcha, él murió mientras yo le tenía abrazado. Realmente me conmocionó y no sabía cómo gestionarlo, y lo hice de la única manera que supe: escribiendo esta historia que no quería que fuera una historia personal, sino que quería buscar ese hilo de la relación entre perros y hombres, que siempre han estado presentes.

Argos, una relación siempre especial
P: ¿Qué cambió para que el duelo de Argos fuera distinto a de otros perros que había tenido su familia?
R: Yo nunca había visto fallecer a mis perros, pero a Argos sí. Y fue algo terrible para mí, desde que llegó a casa descubrimos que estaba enfermo. Tenía la columna hecha polvo, hernias y displasia con tres meses, que suele ocurrir cuando son mayores. Pasamos mucho sufrimiento con él, mi hijo sufría mucho al ver al perro que no podía correr y había sido operado. Entonces, cuando él ya estaba tetrapléjico y no podía andar, había que levantarle. No bebía, ni comía y ya no tenía remedio, tenía un sufrimiento y dolor enorme tras trece años y medio. Me decían que debía dejar que se marchase y no quería, una veterinaria me dijo: “Ya, pero estás siendo egoísta, estás alargando su sufrimiento porque a ti te aterra el sufrimiento que vas a sentir cuando muera”. Ese dilema se planteó qué hacer, ponerle la inyección para dejar que se marche, le abracé y se la pusieron. Se murió en mis brazos, para mí fue durísimo. No supe gestionar ese dolor.
P: Durante el libro reitera mucho que ese amor animal lo tienes o no lo tienes, no se puede convencer a alguien del amor de ese vínculo. ¿Se podría despertar esa sensibilidad a través del libro?
R: No lo sé, pero ojalá. Yo no soy doctrinaria, no me dedico a hacer sentencias de nada. Yo lo que hago con este libro es compartir mi dolor y al mismo tiempo compartir una historia, son seres que a veces abandonan y por los que en muchos casos no se siente ninguna compasión, pero vienen acompañando al hombre desde el principio de los tiempos. Siempre ha habido hombres que han sabido tener esa relación de respeto y de amistad con los animales. Por ejemplo, cuento en el libro como los persas en su libro sagrado dicen que aquel que maltrate a un perro no entrará en el paraíso. Desde el principio de los tiempos se tuvo en cuenta de que estos seres tenían que ser tratados con respeto.
P: ¿Cuál es la historia que más le conmueve del libro?
P: Una de las historias que más me conmueven, es la del perro que está esperando a que llegue Ulises y le está esperando para morir. Es un ejemplo de lealtad y fidelidad, pasó de ser el perro de Ulises a que le maltrataran, tener que comer de las sobras y sin embargo le espera, y es el único que le reconoce.
La perdida de un integrante más de la familia
P: Estamos acostumbrados al duelo por un familiar, pareja o amigo. ¿Por qué está minimizada esta pérdida?
R: No está comprendido por los que nunca han tenido un perro, o nunca han vivido con un animal. Las personas que hemos tenido esa relación con perros sabemos el vacío que dejan cuando se van porque forman parte de la familia y de tu vida. Y sobre todo, porque los perros son los seres más leales y más incondicionales que uno puede encontrar. Te dan todo a cambio de nada, están contigo pase lo que pase. Cuando todo el mundo te da la espalda ellos siguen ahí.
«Las personas que hemos tenido esa relación con perros sabemos el vacío que dejan cuando se van porque forman parte de la familia y de tu vida»
P: Ha vivido en un contexto familiar siempre rodeada de perros, durante las páginas de esta recopilación de recuerdos y lecturas comenta algunos de los nombres de estos animales que han tenido y tienen miembros de su familia. ¿Influye ese contexto para desarrollar un vínculo con un animal?
R: Yo creo que sí me ha influido. Nací en una casa en la que había un San Bernardo, en mis primeros días de vida había un perro a mi lado. A mis abuelos les encantaban los perros, a mi madre, mis primos…Todos hemos tenido siempre perros y han sido perros que hemos sentido nuestros, los perros de mis primos también eran los míos. Los perros siempre han formado parte de nuestras vidas. Lo cuento en Cuando ellos se van, mi abuela cuando era pequeña me tiro de las orejas, tenía tres o cuatro años y me sorprendió que me tirase de las orejas con lo que me quería. Miré a mi abuela y entonces me dijo: “No te gusta, ¿no? Pues a ella tampoco”. Fue toda una lección, un perro era un ser vivo que debía respetar y querer.
El maltrato animal, una lacra a erradicar
P: Durante el relato incide en no supeditar la figura del perro, y a ningún otro animal, al ser humano. Concebirlos como acompañantes sin poseerlos. Un aspecto que no está en muchos casos extendido. ¿Qué se podría hacer para que cambiase esa mentalidad?
R: Son seres vivos y no creo que los hombres tengan derecho a maltratar o a sentirse dueños de otros seres. Creo que el amor y respeto por los animales debería ser una asignatura, algo que se enseñe a los niños en el colegio. Hay que educar en el respeto a los animales en general, es un déficit que tiene nuestro país, no se educa en el respeto a los animales. No se enseña a los niños que son seres que sienten, si a ellos les dan una patada en la espinilla les duele, pues si se la das a un perro también. Educar en el respeto a los animales me parece que es algo fundamental y no se hace.
P: ¿Cree que están algunos tipos de maltrato están normalizados en la sociedad?
R: Esa falta de respeto está absolutamente normalizada, decir “es solo un animal”. Es una frase que me revuelve y me entristece. Es un perro, es un gato, es un animal…también sienten.
«Hay que educar en el respeto a los animales en general, es un déficit que tiene nuestro país, no se educa en el respeto a los animales»
P: Según la Fundación Affinity cada año se abandonan aproximadamente 300.000 animales en España. ¿Por qué cree que ocurre esto?
R: Creo que ocurre fundamentalmente por esa falta de educación y respeto por los animales, por la soberbia de los seres humanos que desde la ignorancia creen que son los dueños y señores de los animales y que estos no son seres que sienten. En una auténtica barbaridad, yo creo que el grado de civilización de un país también se mide por cómo es capaz de tratar a los animales. No solo a los perros, sino también a los animales de las granjas que forman parte de la cadena de la comida de los seres humanos. Se trata mal a los animales, no se respeta a otros seres.

La ilusión por los nuevos comienzos
P: El contexto de la adopción de su perra Barbie en 2021 despertó muchas críticas en su círculo por su nombre. ¿Cómo las ha enfrentado?
R: Me di cuenta que el prejuicio está en nuestra mirada. Se llama Barbie porque así se lo pusieron en la protectora y aunque todo el mundo me insistiera en cambiarle el nombre, a mí me gustaba así. Los estereotipos estaban en el resto, el problema lo tenían ellos, ni Barbie, ni yo. Y está guapísima vestida de rosa. Yo fui la que la encontré, y la busqué en ese sitio, supongo que será por eso, me muevo por la casa y me sigue a todas partes.
P: ¿Se sentía con fuerzas para volver a tener otro perro?
R: No imagino mi vida sin un perro al lado, no ha habido ni un solo momento en mi vida sin ellos. Y luego, hay tantos perros que están abandonados, maltratados y sufriendo. También hay seres humanos, y procuro ayudar en eso también. A los tres meses de haberse ido Argos me sentía con fuerzas para que viniera Barbie. Y ahí empezó el proceso de adopción, era horrible. Pensaba que no iba a tener un perro nunca. Una amiga me decía: “Deja ya de sufrir, voy a ir a un criadero y te voy a comprar un perro”. Le dije que no, hay muchos perros abandonados y quiero darle la oportunidad a un perro que haya sido abandonado o que haya sido maltratado.
La deshumanización de las adopciones eternas
P: En el libro también aprovecha para comentar lo duraderos y exasperantes que pueden ser algunos procesos de adopción animal. ¿Considera que limita las oportunidades de estos animales para ser adoptados?
R: Creo que sí. Naturalmente, para un proceso de adopción de un perro hay que tomar ciertas cautelas, los perros no son un entretenimiento, que es lo que sucede a veces. Una familia va a una tienda para comprar un perro porque el niño lo ha perdido por su cumpleaños, pero luego ese ser les molesta porque se comen la pata de la silla siendo cachorros, hace sus necesidades por la casa porque no están adiestrados, y sobre todo porque en las vacaciones dicen: ¿Qué hacemos con el perro? Una vez asistí a una escena que me desgarró por dentro. Un coche se paró y abrió la puerta para empujar a un perro. El perro empezó a correr detrás de ese coche hasta que le atropelló el siguiente. Me pareció tan horrible…
Las protectoras tienen que tener un mínimo de garantías que ese perro que van a entregar esta con una serie de condiciones, pero como estas asociaciones están formadas por voluntarios no dan a basto. Yo sigo esperando que uno de los sitios en los que me apunté me contesten y en otro recuerdo que me contestaron tras rellenar el pliego de cómo quería que fuera. No quería que fuera muy grande, me daba igual que no tuviera raza o los años, no me importaba que estuviera enfermo. No quería que fuera grande porque no tengo edad para que sea el perro el que me saque a pasear.
P: ¿Qué le respondieron?
R: Me contestaron: “Se nota que usted nunca ha tenido perro porque se permite elegir”. Yo que siempre he tenido perros, que alguien se atreviera a decirme que se notaba que nunca había tenido me daba risa. Hay fallos, y se debería afilar más porque hay muchos perros que se quedan sin ser adoptados porque no se facilitan las condiciones. Eso no significa que no tenga que haber controles, pero hacerlo todo más flexible. Estaría bien que sus veterinarios hicieran un informe o hablasen con esas protectoras, y que el veterinario dijera tras tratar durante unos años cómo fue todo. Hay muchas formas de tener información y controlar que la persona a la que le vas a entregar el perro pueda tenerlo.
«Hay muchas formas de tener información y controlar que la persona a la que le vas a entregar el perro pueda tenerlo»
P: Cuenta en Cuando ellos se van las hazañas que realizaron algunos animales durante la guerra: desde mensajeros en la contienda, escudos protectores o incluso, vaticinaron misiles futuros gracias a su desarrollada capacidad auditiva. En algunos casos murieron desarrollando este papel. ¿Dónde empieza y termina el uso de estos animales y se convierte en un abuso a su integridad física?
R: Son animales en contextos especiales, estos perros están con su dueño o están perdidos y hay un soldado que los ha encontrado. Terminan formando parte de ese regimiento, siendo uno más. Entonces, hay momentos en los que entran en combate como un soldado más. La verdad es que yo no sé si utilizaría a mis perros para eso, pero las cosas no se pueden juzgar desde la lejanía, todo tiene un contexto y es importante para explicarse lo que sucede y por qué. Lo que sí me parece de una crueldad enorme es el uso de la perra Laica, pero un perro que está abandonado en medio del campo de batalla, o en una zona de guerra y empieza a perseguir a un soldado porque le ha dado algo de comer y termina convirtiéndose en algo más… En esa situación tan especial puede terminar convirtiéndose en un combatiente. En la Antigüedad ya sucedía, Alejandro Mango combatía con su perro que era de una fiereza enorme y le protegía.

R: En el libro menciona el ejemplo de Ulises y su perro Argos que es el único que le recuerda cuando vuelve a casa tras su viaje. El perro parece sentir predilección por él. ¿Ha sentido alguna vez ese favoritismo de un animal frente al resto de personas del hogar?
P: Los perros eran compañeros de caza y si ahora les tratamos mal, imagínate en aquella época… Aquellos que salían a cazar le llevaban a cazar. Los perros eligen a un jefe, puede querer a toda la familia pero hay alguien a los que ellos eligen. Por ejemplo, Argos realmente era el perro de mi hijo. Me quería y yo a él, pero cuando él veía a Álex no había nadie más importante. Y ahora tengo a Barbie, ella sí que me ha elegido.


