El domingo como sinónimo de calma, el momento perfecto para reflexionar
Alejandra G. Remón publica un libro en el que invita a descansar, pausar la actividad para reconectar con aquello que se olvidó durante este tiempo. Publicado por la editorial Lunwerg, Mis (no pretendidas) reflexiones de domingo crea un espacio para reflexionar, sin pretenderlo, sobre todo aquello que nos pesa y no encontramos tiempo para nombrar.
Un diario muy íntimo
No es de extrañar que un nuevo libro de Alejandra G. Remón (Calahorra, La Rioja, 1985), implique introspección e intimidad. En cada uno de sus cinco libros anteriores, Cuando nadie mira, Todas aquellas veces y otros asuntos pendientes, Anatomía de las emociones, Diario de AzuLES y Mudanza, ha desarrollado un trabajo de exploración íntima sobre su propia experiencia personal.
Desde la publicación de Cuando nadie mira, aquel primer libro que publicó en 2017, surgido de manera natural y sin expectativas de que pudiera llegar a conectar con un número tan elevado de personas, ha mantenido una seña clara en cada una de las publicaciones: su autenticidad.
Ahora llega Mis (no pretendidas) reflexiones de domingo, un libro que ahonda en otro tema igualmente importante: el descanso.
Acompañado por elementos visuales, fotografías, recortes y frases manuscritas, Alejandra G. Remón compone un libro en el que se respira calma, acentuada por la cuidada selección de los colores, una amalgama de verdes, grises y tonos terrosos.
El libro sostiene esa idea de poner el freno de mano y parar, descansar para poder volver a reconectar con aquello que hemos perdido en un intento de cumplir con todas las tareas propuestas. Aprovecha para reflexionar sobre esa autenticidad, que no busca los focos y no intenta impresionar la mirada ajena. Busca conectar con el yo, perdido en una maraña de exigencias y expectativas.

La calma del domingo
La escritora toma el domingo. Ese día normalmente asociado a la calma previa a comenzar de nuevo la semana. Un día de mucha introspección y fronterizo entre el descanso prometido y la reanudación de la actividad laboral que no cesa.
El domingo es ese parón antes de volver a la rutina, esa conciencia de la actividad realizada durante la semana, antes de volver a recuperar la actividad. Cuando acaba el domingo, todo vuelve a la normalidad. Regresan los correos electrónicos que esperan en la bandeja de entrada, obligaciones y tareas pendientes que esperan recuperar su ritmo frenético en el que nos sumergimos cada lunes.
El domingo es un territorio ambiguo. Algunos les profesan un marcado odio, véase el título de uno de los libros de la directora Isabel Coixet titulado Alguien debería prohibir los domingos por la tarde y para otros es un lugar de exploración.
Es el paréntesis entre la serenidad y la inquietud por aquello que vendrá. Es ese día de calma transitoria, descanso y un momento de conciencia que Alejandra G. Remón eleva.
La culpa
La autora incide mucho en el momento del descanso, un momento que ha dejado de sentirse como un derecho enlazado a nuestra actividad constante, para convertirse en un momento de culpa y fustigación.
Esa lógica de la productividad que hemos construido durante años, reforzada por la cultura de la hiper conectividad y el rendimiento en los trabajos.
Todo ello ha instaurado esa idea de que descansar es perder el tiempo, renunciar a muchas horas que podrían dedicarse para aspectos que pudieran transformar nuestra situación actual.
Ese supuesto oasis de paz que espera cada vez que llegamos al final de nuestras tareas se vuelve una utopía cada día: acabas unas tareas para sumergirte en otras, una y otra vez. Alejandra G. Remón se propone recuperar el descanso, sentirse cómoda con él y lograr que la presión afloje. Un cambio que nos va a permitir sentirnos mejor y favorecer que la creatividad fluya.
Una creatividad que hemos perdido entre las distintas tareas del día y que, en momentos de «productividad» acaba ahogada por la necesidad de demostrar que hemos concluido todo lo que nos habíamos propuesto ese día.

Volver a ser
Mis (no pretendidas) reflexiones de domingo avanza entre esa sensación de dejar de pretender, de volver a ser. Regresar a quienes éramos antes de que nos devorase la proyección construida sobre nosotros mismos.
Es un proceso de desaprender aquello que se ha construido durante tanto tiempo, dejar esas capas y cuestionar los hábitos que nos han traído hasta este momento. Es volver al cuidado, a escucharse a uno mismo y a abrazar a aquellos que comparten el camino con nosotros y elegimos activamente para que formen parte.
Remón se mantiene durante todos los libros con la idea de que no se necesita adornos ni explicaciones. Lo que necesitamos es ahondar para tener una relación mucho más honesta con nosotros mismos.
Una oda a dejar de crear personajes para sostener un papel que no nos pertenece y un proceso de recuperar esa identidad perdida. Todo ello con la idea de comenzar a vivir sin exigirnos tanto esfuerzo.


