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Versándonos: el hogar de la poesía juvenil en Madrid

El taller poético del momento abre sus puertas para reflexionar acerca de los tiempos que corre la poesía y para explicar su filosofía en un mundo de inmediatez.

El sonido de Madrid está en clave de calma, es domingo, con restos de lluvia; el ambiente invita a la melancolía sobremanera y, para la empresa de tal sentimiento, el ser humano decidió hace siglos desgajarse enteramente en la construcción de la poesía. Poesía como arma, como refugio y como expresión de sí mismo.

La aureola que se cierne sobre este Madrid con olor a verso encuentra su epicentro en el céntrico barrio de Malasaña. Allí me dirijo para charlar con los jóvenes artistas Luarsis (@luarsis) y Miguel Ángel Jerez (@mahejerez), profesores y directores del taller de poesía juvenil Versándonos (@versandonos_). Considerado espacio de creación poética del momento, reúne a más de 4.000 seguidores en TikTok y casi 2.000 en Instagram. Nacido en 2024, este taller es la principal referencia literaria independiente entre la juventud de la capital.

Este abril se cumplen dos años del nacimiento del taller que, según me cuenta Luarsis, nació como una necesidad personal, dentro la búsqueda que había emprendido de un espacio artístico en el que compartir sus versos. Buscaba encontrar inspiración en personas afines tanto en edad (actualmente tiene 20 años), como en inquietudes, lejos de entornos academicistas y a precios asequibles para la juventud. De aquella joven poeta que acudió a una librería a preguntar si podía realizar un taller, a los más de 100 alumnos mensuales que componen los 10 grupos semanales a los que hasta el momento se les imparte clase en una librería de Malasaña, les ha seguido un crecimiento cualitativo inesperado para una iniciativa tan propia de la filosofía del hazlo tú mismo

El papel de las redes: crucial y contradictorio a la vez

Luarsis se lanzó a emprender en el mundo de la poesía ya que “tenía alcance en redes sociales, me dedicaba a subir en TikTok e Instagram vídeos míos recitando”. Aquello “hizo que la gente se animase”. Llegó a verse rápidamente sorprendida por la cantidad de jóvenes que tenían esa misma necesidad de encontrar espacios en donde sacar a la luz a su voz poética. Aún así, es complicado encontrar a gente que “esté interesada en dejar el móvil, respirar, estar tranquila y debatir dos horas a la semana sobre poesía”. Miguel Ángel apostilla que mucha gente escribe poesía en la intimidad. Aunque cuando se da la oportunidad de compartir esas creaciones en un entorno afín, acaban pensando “¿por qué no hacerlo?”. El taller se ha desarrollado como “una forma de romper la espiral del silencio”.

La filosofía de Versándonos es la de la “anti-inmediatez”, reconoce Miguel Ángel, que asume que “alimentan contradicciones desde dentro”. Según me comentan, las redes sociales son “el monstruo que fagocita el cara a cara, el respeto a los tiempos y las conexiones genuinas”. Por eso, el proyecto se ha formado en torno a sostener una “contrahegemonía heavy”. Son conscientes de que “las redes lo arruinan todo” y a la vez son “la forma de llegar a la gente”. 

Una de las señales de crecimiento del taller es que, en esta charla, también esté presente Miguel Ángel, que es la más reciente incorporación al equipo del taller (que son, únicamente, ellos dos). De familia de “titiriteros saltimbanquis”, con una compañía de espectáculos propia y con gran pasión por el teatro clásico español. Miguel Ángel ahora se encarga de impartir una clase sobre poesía escénica al mes, para tener recursos que den forma al poema con el cuerpo y la voz, ya que “aspiramos a compartir lo nuestro y las artes escénicas ayudan a desarrollarlo”.

Creadores de Versándonos durante la entrevista | Fuente: Juan Martínez Molina

Horizontalidad: pilar fundamental

A pesar de ser un emprendimiento, si algo buscan evitar es la lógica empresarial: Versándonos no es un taller en el que pagues por recibir lecciones. Es, dicen, una formación que complementa a un espacio en donde abrir el arte interno a un grupo de personas con los mismos intereses. En ese sentido, me cuentan que “buscan que cada uno tenga su papel y su momento para brillar” desde “la horizontalidad”, ya que las dinámicas de los talleres a los que habían acudido como alumnos contaban con dinámicas “muy ligadas a otras generaciones”. Por eso buscan “romper con las jerarquías”. Si algo aporta al taller, es la familiaridad y “el trato entre iguales”. 

Parte de este trato familiar proviene de que ambos son jóvenes, tanto que no es tan fácil que lleguen alumnos mayores que ellos a los distintos horarios de Versándonos. Les pregunto si es difícil gestionar estas situaciones, me cuentan que las dinámicas del taller giran en torno al funcionamiento de un “laboratorio creativo”. Llevan propuestas sobre las que trabajar, cediendo total libertad para ser partícipe de la dialéctica creativa o no, no siguiendo dinámicas de clases magistrales. Aportan teoría, recursos y debate sobre temáticas literarias, buscando un “aprendizaje entre las propias alumnas”, siguiendo la clase como hilo conductor. 

Por las propias dinámicas del taller, junto con el reducido número de asistentes, es visible que forma parte de lo underground en Madrid, y más volviendo a esa idea de contrahegemonía que exponían Lua y Miguel. Dicen que “Versándonos no está hecho para el mainstream, por su propia naturaleza no busca llegar a ese alcance”. En una época en la que todo el mundo busca destacar y viralizarse, Versándonos “va de frenar, de desacelerar, en un espacio donde no se busque llegar a más y más gente”. Sobre todo en un Madrid “donde la gente no se para ni siquiera a hablar dos minutos y escuchar al resto”.

Luarsis durante la entrevista | Fuente: Juan Martínez Molina

Publicar poesía: la gran apuesta del taller

Dentro este laboratorio creativo, se lanzan propuestas que buscan impulsar las carreras literarias de los autores que entran al taller que, según me dice Miguel Ángel, “entran como alumnos y salen autodenominándose ‘poetas’”. Un espacio de creación así, no podía olvidarse de una parte fundamental de la literatura: su publicación. Por eso, en diciembre lanzaron el primer poemario antológico del taller, bajo el título Habrá poesía, una declaración de intenciones. El título del poemario variará cada mes, junto con el color de la portada, este primero reúne a más de 70 poetas.

Es poesía amateur, al fin y al cabo, y el consumo de poesía por parte del público lector español es minoritario con respecto a otros géneros literarios. Artistas consagrados no tienen ventas millonarias, por ello pregunto si la gente compra poesía amateur. Miguel Ángel me responde, a modo de ironía, que “sobre todo tus amigos y familiares”, a lo que Luarsis añade, siguiendo la broma un “pero… pero sí, se compra”. 

Temáticas que plantean crítica

El título de inicio de este primer poemario es Habrá poesía, porque busca introducir al lector en el mundo de la intimidad conversacional, el estar frente a frente. Dependiendo del mes, se pensará una temática u otra, que marque continuidad y evolución.

“A la gente le ha hecho mucha ilusión”, comenta Luarsis tras un sorbo de zumo, ya que “publicar teniendo veintipocos años, diecialgo, es muy difícil”. “A todos nos hace ilusión decir que nuestros versos están en físico, alejarnos de lo digital y volver a lo analógico”. Miguel Ángel nos cuenta que “también muchas editoriales se aprovechan de la inexperiencia de jóvenes poetas y terminan por desincentivar que autores noveles se lancen a la aventura editorial”.

Luarsis y Miguel Ángel Jerez posan con el poemario Habrá poesía. | Fuente: Juan Martínez Molina

La independencia, fundamental

Con respecto al funcionamiento del taller y el planteamiento del poemario, motiva observar que un trabajo tan denso puede ser repartido únicamente entre dos personas. Les pregunto acerca de su visión con respecto a la colaboración de empresas e instituciones, si aceptarían que una editorial publique el poemario o que algún ente público les aporte financiación, a lo que me responden que “va a depender, según los valores que tenga la mano que se nos tienda”, primando que “vengan desde nuestros principios y no desde un consumismo mainstream”. «Les importa explorar “el buen feeling”, como el que trabajan con la madrileña Sala Badulaque, en la que realizan recitales al final de cada mes.

Lo importante es no partir desde la ambición de comerse el mundo. Buscan partir de un espacio propio del que otra gente con inquietudes pueda sacar provecho. Eso, es una clave fundamental del trabajo en Versándonos. Es un espacio en el que Lua y Miguel Ángel tienen que lidiar con las inquietudes personales de muchas personas diariamente, desde una perspectiva absolutamente íntima. “Somos trágicas”, me comenta Lua. ¿Qué huella imprime esa forma de compartir tantas emociones en ellos, como impulsores? Me cuentan que es un trabajo “psicológico”, porque lidias con la confianza y la forma de compartir lo más profundo del alma de cada poeta. Lua distingue entre “poetas felices, tristes o muy tristes”. “Hacemos catarsis”, dice, porque “nos encanta escuchar a la gente y darles la confianza para compartir”.

Lo que realmente genera alegría es que la gente se anime a compartir, como una terapia grupal cargada de versos. Suelen recibir feedback de sus alumnos que, como comentan, tiende a ser muy positivo. Se vislumbra “mucho agradecimiento por tener un espacio en donde compartir sus intimidades”. Versándonos se convierte en un espacio en el que conectar con gente de intereses parecidos. De allí ha salido gente que, al principio, no tenía interés en desarrollar una carrera literaria. Ahora, esa gente “publica poemarios y comparte sus poemas en redes sociales”.

“Buenos tiempos para la lírica”

En una época en la que todo se mide en números de ventas y capacidad para ser mercantilizado, la poesía parece mantenerse ajena a este mundo de mercado. Por consiguiente, aparenta estar en riesgo de desaparecer o perder peso en el imaginario colectivo. Es sencillo, dedicándose a la poesía, caer en el pesimismo. Sin embargo “todo el mundo puede mirar a la vida con ojos poéticos, hacer poesía”, dice Lua. “Está todo fatal, vivimos un contexto histórico terrible y parece que el mundo se va a acabar pero, a pesar de todo, habrá poesía”. Esa es la filosofía que sostiene a Versándonos, el saberse conscientes de ser un espacio-baluarte para la lírica.

Como colofón, dentro del poemario se da una vuelta de tuerca a aquel título del poema de Bertolt Brecht Malos tiempos para la lírica.Son buenos tiempos para la lírica” y es que, según Luarsis y Miguel Ángel, aún viviendo en este mundo de inmediatez y de “consumo exacerbado y falta de empatía, nuestra generación aspira a un ‘nuevo despertar’ que puede observarse con el apego a lo vintage, a sentirse parte de las cosas”. Vivimos, como dice Lua, una época de “volver a ser humanos y volver a lo instintivo y natural”.

La poesía es un arma cargada de futuro

Pese a todo, dicen que en las nuevas generaciones se busca conectar de forma directa con el mundo. Por suerte, esa búsqueda de sentido tan interna pasa por la poesía, por el contacto con lo real. Pasa por “tener una libreta para escribir, escuchar música en un vinilo”. Son buenos tiempos para la lírica. Lo son porque el ser humano siempre regresa al hogar en el que puede edificar su propio fuego. Lo son porque hay rebeldes que construyen los reductos para resistir a la pérdida de la esencia del ser.

Sesión escénica del taller de poesía juvenil Versándonos | Fuente: Juan Martínez Molina

Cuando Lua y Miguel Ángel acaban sus cafés, salimos en dirección a la librería. Hoy toca taller escénico, de improvisación. Se puede apreciar que la gente que compone la comunidad de Versándonos llega contenta, compartiendo sonrisas y conversaciones. Me despido de ellos y les agradezco la charla, hoy, domingo lluvioso en Madrid. Siento que me he llevado un trocito de poesía a casa. “Buenos tiempos para la lírica”, y que así sea, siempre.

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