La Asistenta representa de manera sutil las dinámicas familiares que pueden provocar la aparición de parejas abusivas, como Andrew Winchester
La película La Asistenta, también conocida como The Housemaid se estrenó a finales de 2025, y llamó la atención por su desenlace inesperado. Durante la primera parte de la película, conocemos a la familia Winchester desde los ojos de Millie, la nueva asistente, que refleja una familia casi perfecta. Pero no todo es lo que parece, como pronto descubre al entrar al servicio de esta casa.
No todo es lo que parece
La asistenta nos presenta una interesante propuesta: observar una relación abusiva desde fuera, y posteriormente desvelar su trágica dinámica desde el interior. La segunda parte revela el intricado mundo de Nina, completamente controlado por los estándares y manipulaciones de Andrew. Pero, ¿Cómo se originan este tipo de personas? Aunque su presencia en la película puede casi pasar desapercibida, hay momentos reveladores que destacan exactamente cómo Andrew acabo siendo tal y como le conocimos.
Andrew Winchester, el rico y guapo protagonista de esta película, basada en el libro de Freida McFadden, se ve a ojos de todos como el hombre perfecto. Deseado por todas, su principal admiradora era su propia madre, Evelyn. Aunque aparece pocas veces tanto en la novela como en la pantalla, nos da pistas de cómo se crean hombres así.
El ideal de la maternidad
La maternidad suele representarse desde una visión idealizada, como el más puro amor incondicional. A su vez se espera que la figura materna actúe como modelo ético y moral para sus hijos, con altas expectativas de ser un buen ejemplo para ellos. Pero, ¿qué sucede cuando este modelo maternal se aleja completamente de lo esperado y se convierte en una dinámica destructiva para el niño?
Andrew Winchester vive en una casa perfecta, impecable, caracterizada por su limpieza y orden, que representa la imagen que ofrece al exterior. En contraste, la zona oculta de la casa, un ático aislado del resto del edificio, es aterrador. Pequeño, tenebroso y claustrofóbico, se convierte en la jaula perfecta para manipular a sus víctimas.
En ese hueco recóndito, los castigos a los que son sometidos Millie, la ayudante, y Nina, la esposa, destacan la obsesión del «hombre de sus sueños» con el control absoluto. Un control que antes de forzar implacablemente en estas dos mujeres, parece haber ejercido Evelyn contra su propio hijo. Su apariencia pulcra, la obsesión por sus dientes, y por objetos materiales dados por ella, son las primeras señales de el férreo control al que el esposo estuvo sometido desde una muy temprana edad. Y crecer con lo que aparentemente era un modelo estricto e inadecuado provocó los patrones que Andrew aplicó en sus parejas.
Cuando la maternidad se idealiza como amor incondicional y perfección, puede dar lugar a una presión extrema sobre los hijos, especialmente si la madre usa esa idealización para reafirmar su propia imagen, como vemos en Evelyn.
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El narcisismo materno: parte de sí misma
El narcisismo materno es considerado un patrón psicológico caracterizado por una serie de acciones y pensamientos que se enfocan en satisfacer las necesidades no resueltas de la madre, a coste incluso del bienestar del niño.
Una de las características más destacadas es observar al hijo como una extensión de sí mismo. Los logros, comportamientos, aspecto físico lo perciben como el directo reflejo de la madre. Así, Evelyn toma un orgullo particular en la apariencia de Andrew, la admiración que otros le tienen, y le exhibe con más que el típico orgullo de madre. Le ve en esencia como un trofeo, una extensión de sus logros.
Competencia, perfección y consecuencias
Otro rasgo destacado a lo largo de la película es, como ya se ha mencionado, un control excesivo que se camufla como «la manera adecuada de hacer las cosas». Pero en realidad, Evelyn demuestra que esas normas rígidas que Andrew siguió hasta el final se enfocaban especialmente en mantener una determinada apariencia. Evelyn no solo controla; también invalida los sentimientos de Andrew y lo manipula emocionalmente para asegurar que cumpla con su imagen de hijo perfecto.
Por último, el narcisismo materno se caracteriza por una sensación de celosía hacia las parejas de sus hijos. Aunque efectivamente la interacción entre Nina y Evelyn no es tan habitual, se puede observar un cierto desagrado hacia la esposa. Hasta el día de la muerte de Andrew , ella no es lo suficientemente buena para su «hijo dorado». A Evelyn le consume la sensación de superioridad que asume para sí misma, al ver a su hijo como una extensión, nadie sería suficiente para cumplir sus estándares.
El caso de Andrew y Evelyn es un ejemplo perfecto de como el modelo de familia moldea lo que se busca y desarrolla en el futuro en las relaciones sentimentales de la persona. Un modelo tóxico o nocivo puede provocar la repetición de un patrón abusivo de los hijos a sus parejas.


