La honestidad de lo analógico y el mapa imperdible creado por Ela Minus
El pasado martes 9 de junio, Café Berlín se transformó en un laboratorio de baja frecuencia para recibir a la colombiana Ela Minus en el cierre de su doble fecha en la capital bajo el formato SON Estrella Galicia 360º.
La premisa era idílica, las máquinas en el centro exacto de la pista, rodeadas por un anillo de luces en suelo y techo, disolviendo cualquier jerarquía entre la artista y el público. El directo es un animal vivo y la acústica de la sala presentó fallas evidentes, con un sonido que no terminó de ser del todo envolvente. La capacidad de Ela de convertir el contratiempo en un segundo plano, quedó en evidencia imponiendo la urgencia de su hardware analógico.

El trance de la proximidad
La experiencia comenzó de manera magnética. Ela entró al círculo, se plantó ante su arsenal de sintetizadores y cables, y activó los primeros compases de IDK. Comenzó a caminar mirando fijamente al público, sumergiéndonos de inmediato en un trance absoluto provocado por su sola presencia y su magnética energía.
Armada con dos micrófonos —cada uno configurado con efectos y texturas diferentes—, empezó a tejer una atmósfera de intimidad industrial que estalló cromáticamente con IDOLS. Tras la descarga, se detuvo un instante para saludar y lanzar una promesa que se sintió como un pacto: dejarnos ser.

La caldera y el llamado de atención
A partir de ahí, el set se convirtió en una aceleración constante. Con I WANT TO BE BETTER y la combativa megapunk, la pista ya era una caldera. Sonaba El cielo no es de nadie cuando Ela hizo un llamado de atención técnico debido a las fallas de sonido de la sala
Lejos de enfriar el ambiente, la tensión acumulada potenció la crudeza de They told me it was hard but they were wrong y la introspección bailable de Dominique. Para cuando sonaron BROKEN y QQQQ, la compenetración con sus sintetizadores era total; Ela modulaba el hardware en tiempo real mientras la audiencia danzaba libre.

El refugio y el combate final
Hacia el tramo final, Ela Minus se tomó un respiro para volver a agradecer la presencia del público. Con una sonrisa genuina, confesó que Madrid es uno de sus lugares favoritos en el mundo para tocar, revelando su mapa de afectos: «El primero es Colombia, por supuesto».
Esa calidez humana sirvió de preámbulo para el bloque de cierre, una transición impecable y ascendente que encadenó ONWARDS y UPWARDS, elevando los bpm de la sala. Tras la emotiva marea de You stayed / to live«, el ritual concluyó con COMBAT.
Con las luces proyectando su última energía, Café Berlín entendió el verdadero mensaje de Ela, la electrónica no es solo para evadirse, es un acto de presencia y por encima de todo, un espacio de resistencia colectiva.


