Anne Hathaway y Ewan McGregor tratan de sobrevivir en un mundo jurásico
El final de Oak Street es un regreso al cine de dinosaurios de la mano de David Robert Mitchell (It Follows). Una película divertida y emotiva cargada de violencia, espectacularidad y, sobre todo, con una familia disfuncional como núcleo emocional.
Los dinosaurios han formado parte del imaginario colectivo de los niños durante mucho tiempo. El hecho de que estos animales casi fantásticos caminasen la Tierra parecía un mito que nada tiene que envidiar a los dragones de Juego de Tronos.
Claro está que este furor se vio impulsado con el éxito de Jurassic Park en 1993. Sin embargo, el hit de Steven Spielberg marcó un antes y un después en el cine de dinosaurios: todos querían replicarlo, pero nadie daba con la tecla.
Películas, series de televisión y hasta una secuela espiritual protagonizada por Chris Pratt han intentado recuperar o reinventar esa magia. Sin embargo, muchas caían en los mismos fallos: clichés, poco valor emocional e intentos de imitar a Spielberg sin asumir ningún reto.
El final de Oak Street no es ese caso. Hay intención de homenajear a Spielberg, pero también de pervertir el cine de dinosaurios.
Spielberg a través de la lupa Robert Mitchell
Con El final de Oak Street, David Robert Mitchell (It Follows) busca algo diferente. Es claro que el cineasta norteamericano quiere emular el espíritu Spielberg/Amblin de los años 80 y 90, con películas como la propia Jurassic Park o Gremlins como influencias.
Es decir, estamos ante una familia que abandona su hogar y comodidades para vivir una peligrosa aventura que los reconciliará. No obstante, no deja de ser una cinta de Robert Mitchell y, así, el director retuerce el cine de dinosaurios hasta dar algo diferente. Todo dentro de los parámetros del blockbuster.
El cineasta junta el sci-fi más cósmico con el cine de supervivencia y dinosaurios cargado de violencia, pero todo ello con una familia desunida como pilar dramático.

Los personajes no dejan de ser personajes que ya hemos visto cien veces antes. Denise (Anne Hathaway), una madre encasillada en la rutina; Greg (Ewan McGregor), un padre cerrado emocionalmente y con culpa por no poder cumplir con su familia; y Audrey y Brian (Maisy Stella y Christian Convery), dos hijos adolescentes con miedo a que su unión familiar se quiebre.
El caso es que a Robert Mitchell eso le da igual. Tiene unos personajes establecidos y una arena con la que jugar. Es una película de 100 minutos y, entre dinosaurios, supervivencia y reconciliación familiar, la cinta no se detiene. Y por todo eso se siente fresca.
Hay espectacularidad sin reparos con la brutalidad, hay un manejo sublime de la tensión -el cineasta ya tiene escuela después de It Follows-, hay personalidad estilística y hay una historia guiada por sus personajes.
La familia como pilar dramático ante el peligro
El punto de partida es simple: un suburbio norteamericano es telestransportado a la era de los dinosaurios. A partir de ahí, es la familia la que afronta diferentes retos intentando sobrevivir.
Durante esa supervivencia, Mitchell deja relucir su imaginación, sorprendiendo, impactando y moviéndose entre la seriedad absoluta y la pura comedia. Los dinosaurios reccorren los suburbios con total impunidad: devorando, destrozando, persiguiendo e, incluso, manteniendo relaciones sexuales.
Y es tarea de la familia, gracias al poder del amor que se tienen el uno al otro -y a su perro Starbuck, MVP de la película-, superar estas situaciones mientras van desvelando las capas del misterio de lo ocurrido con su barrio.

Aquí entra el sci-fi, que le da un giro a la película, especialmente durante su tercer acto. Sin abusar de explicaciones ni contextos, la cinta juega con la ciencia ficción sin que nos importe ni el qué ni el cómo. Está ahí para el disfrute y cerrar la trama. Hemos venido a ver dinosaurios, no a ver una clase de Carl Seagan. Gracias.
Quizás el movimiento entre tonos puede llegar a ser algo extraño. A lo largo de El final de Oak Street, hay momentos absurdos que pasan a ser emotivos o aterradores, colocando al espectador en una posición que no sabe cómo sentirse. Alguna risa incómoda llega a salir. Algo muy en línea con el director.
Así, con El final de Oak Street, David Robert Mitchell firma un blockbuster fresco y divertido que demuestra que todavía hay mucha creatividad y juego en el cine de dinosaurios. El director pervierte el género, poniendo el foco en la importancia dramática de una familia sin dejar de lado la espectacularidad, brutalidad y violencia que caracteriza a estos animales.


