Hamnet, la película que aspira a brillar en los premios Oscar y dejar marca en el espectador
Este 23 de enero llega a los cines Hamnet (2025), la nueva película de Chloé Zhao que explora la vida, la muerte y la trascendencia a través del arte. Con actuaciones conmovedoras y una dirección visual impecable, la cinta promete tocar al espectador de manera profunda y duradera.
El cineasta soviético Andrei Tarkovski describía en su libro Esculpir en el tiempo cómo el arte consiste en «explicar por sí mismo y a su entorno el sentido de la vida y de la existencia humana». Para él, el director de cine era un «escultor» capaz de capturar en el celuloide la realidad y darle forma.
Esta reflexión de Tarkovski no dejó de rondar mi cabeza mientras veía Hamnet (2025), y resulta fácil extenderla a todas las artes: cine, pintura, música, teatro… Todas ellas funcionan como un medio a través del cual el artista transmite su forma de percibir el mundo y establece un vínculo íntimo con el espectador.
Hamnet, dirigida por Chloé Zhao y basada en la novela homónima de Maggie O’Farrell, retrata la relación entre Agnes (Jessie Buckley) y William Shakespeare (Paul Mescal), así como las vivencias que llevaron al dramaturgo a crear Hamlet.

En relación con el planteamiento de Tarkovski, el objetivo de Zhao parece precisamente ese: mostrar cómo percibe la vida y cómo el arte ayuda a comprenderla. El arte se convierte aquí en una herramienta para canalizar emociones y dotar de sentido a la experiencia humana.
A través de planos largos y un ritmo pausado, Zhao encuentra un equilibrio con los momentos de catársis, en los que los personajes estallan, gritan, lloran… No rehúyen expresar sus sentimientos con una visceralidad absoluta. Aunque en ocasiones están un poco sobre actuados, todo es parte de la intención metateatral del filme

Una producción a la altura
Al ser una historia que reside principalmente en sus personajes, la cinta se apoya en dos de los mejores actores contemporáneos: Jessie Buckley y Paul Mescal. Ambos están pletóricos, con unas actuaciones cargadas de una intensidad emocional que atraviesa al espectador. La gran revelación es el pequeño Jacobi Jupe, tan adorable como desolador y profundamente conmovedor. Chapó.
Zhao no está sola para plasmar todas las emociones de los protagonistas. El director de fotografía Lukasz Zal plasma una visión áspera del siglo XVI, donde la suciedad de las ciudades convive con una naturaleza cargada de significado, especialmente para el peresonaje de Agnes.
La banda sonora de Max Ritcher refuerzan esa carga emocional, quizás en exceso. Muchas escenas ya poseen por sí mismas una fuerza devastadora, arrollando al espectador, pero la música insiste en provocar no diez lágrimas, sino cien. La cinta busca desesperadamente la catársis y vaya que la logra.

Con todos estos recursos la cineasta busca que el espectador sienta, vibre y se deje atravesar por cada emoción, especialmente en ese bello tercer acto. Es en el desenlace donde Zhao alcanza el climax emocional y articula su reflexión más poderosa: la posibilidad de hacerse eterno a través del arte.
Porque el arte no es solo transmitir o emocionar, sino fundirse con la creación. En capturar un instante que contenga la mirada del autor, su realidad, lo que le rodea y cada latido de su experiencia.
Zhao firma así una obra que encoge el corazón y reafirma el arte como una realidad emocional, capaz de trascender la vida y prolongarla a través de la creación.
En conclusión, Hamnet (2025) es una película que invita a la reflexión y busca conmover profundamente al espectador. Narra una historia sobre la vida, la muerte y la trascendencia a través del arte. Quienes logren conectar con la visión de Zhao saldrán del cine como una persona totalmente diferente.

