Al hablar sobre las más obras de arte más relevantes de la historia de la humanidad, es común olvidar las escenas bíblicas con las que Artemisia Gentileschi representaba su propia experiencia de acoso sexual, los autorretratos que Clara Peeters escondía en sus bodegones y el impresionante realismo con el que Rosa Bonheur retrataba a sus amados animales, así como el trabajo de otras muchas virtuosas artistas, como Angelica Kauffmann, Mary Cassatt, Berthe Morisot, María Blanchard, Natalia Goncharova, Sonia Delaunay o Maruja Mallo.
“Maestras”, una exposición del Museo Thyssen-Bornemisza dirigida por la feminista investigadora de arte contemporáneo Rocío de la Villa, explora la importancia de estas pintoras en la esfera artísticas a las que pertenecieron, desde finales del siglo XVI a las primeras décadas del XX. A lo largo de un extenso repertorio de pinturas, esculturas, obras sobre papel y textiles, reivindica el reconocimiento de su influencia, tanto tiempo olvidada, y cómo su mirada alternativa y su educación privilegiada destacaron en tiempos más patriarcales. Estará abierta hasta el 4 de febrero.
Con la colaboración de la Comunidad de Madrid y el patrocinio de Carolina Herrera, el Museo Thyssen, que poco a poco se involucra en la redefinición feminista, da un gran paso al albergar “Maestras”, vertebrada por ocho escenas que resaltan el papel de la mujer en la historia del arte:
1. Sororidad I. La causa delle donne

La primera parada nos traslada a la Europa de finales del siglo XIV hasta la Revolución Francesa y el dilema literario y académico que versaba sobre la intelectualidad y el acceso a la educación y política de las mujeres. Para ilustrar este debate, se recogen obras italianas de finales del siglo XVI y gran parte del XVII que representaban heroínas bíblicas y símbolos del triunfo de la mujer frente a la violencia de género como Judit (Judit con la cabeza de Holofernes (1600), de Lavinia Fontana; Judit y su criada (1618-1619), de Artemisia Gentileschi), Porcia (Porcia hiriéndose en el muslo (1664), de Elisabetta Sirani) o Susana (Susana y los viejos (1623), de Artemisia Gentileschi), ejecutadas por mujeres beneficiadas por la buena disposición de los Estados Pontificios hacia su trabajo artístico.
2. Botánicas: conocedoras de maravillas
La revolución científica supuso el fin de la caza de brujas, pero también marcó el ocaso de la tradición del conocimiento botánico, biológico y médico de las mujeres. El segundo capítulo de la exposición reflexiona sobre la participación femenina durante la época de esplendor del género del bodegón y la tendencia de sus obras, dotadas de gran detallismo y conocimientos científicos, a pertenecer al subgénero de naturaleza muerta con insectos, donde destacan la artista-científica alemana Maria Sibylla Merian y otras pintoras centroeuropeas e italianas del siglo XVII como Fede Galizia, Giovanna Garzoni o Clara Peeters, y francesas y británicas como Louise Moillon o Mary Beale.

3. Ilustradas y académicas
Durante la época de la Ilustración la mujer se inmiscuyó en el debate artístico de intelectuales y artistas masculinos. En el mecenazgo destaca la figura de las salonnierès (anfitrionas de tertulias culturales, mecenas y participantes activas de estas esferas), las Mesdames y la propia María Antonieta, que impulsaron la producción artística femenina, tanto pictórica como escultórica.

Las reconocidas artistas Angelica Kauffmann, Adélaïde Labille-Guiard, Louise-Élisabeth Vigée-Le Brun o Victoria Martín Barhié, entre otras, pertenecen a esta etapa. La expulsión de las mujeres del ámbito académico en Francia en 1804 sentó jurisprudencia para que se hiciera lo mismo en el resto de Europa, acabando con este prolífico periodo de avance femenino en las artes.
4. Orientalismo/ costumbrismo

Las colonias anexionadas a las grandes potencias europeas durante la segunda mitad del siglo XIX suscitaron curiosidad a los pintores, que trasladaron el exotismo y la novedad de estas lejanas culturas en sus obras. Sin embargo, las artistas lograron capturar otra esencia de estas civilizaciones, una que dignificaba más a los sujetos de sus pinturas. “Maestras” alberga obras de Henriette Browne, Rosa Bonheur, Mary Cassatt, Alejandrina Gessler de Lacroix, Elena Brockmann de Llanos y María Blanchard.
5. Trabajos, cuidados
La expulsión de las Academias oficiales parisinas y las primeras reivindicaciones feministas motivaron la fundación de las primeras asociaciones femeninas y, en 1893, el Pabellón de la Mujer en la Exposición Colombina Mundial de Chicago. Este episodio de la exposición, de marcado estilo realista, recoge obras que representan a la mujer trabajadora, siempre acompañada en sus labores por otras mujeres como ella. Algunas de las escenas expuestas son Las lavanderas (1882) de Marie-Louise Petiet, El cerezo (1891) de Berthe Morisot, Las amas de casa (1905) de Lluïsa Vidal o La zapatería (h. 1911) de Elizabeth Sparhawk-Jones, entre otros.

6. Nuevas maternidades
La maternidad ha sido siempre un tema popular entre pinceles masculinos. A partir del siglo XIX, las mujeres comenzaron a mostrar a través de su arte sus propias representaciones del “ángel del hogar”.

La exposición recoge Desayuno en la cama (1897) de Mary Cassatt, Ver Sacrum (Autorretrato con su hijo Peter) (1901) de Elena Luksch-Makowsky, Maternidad, media figura (1906) de Paula Modersohn-Becker, Marie Coca y su hija Gilberte (1913) de Suzanne Valadon y Maternidad (1932) de Tamara de Lempicka, además de esculturas de Käthe Kollwitz y Emy Roeder.
7. Sororidad II. Complicidades

Entre finales del siglo XIX y principios del XX, el compañerismo que retrataban los artistas impresionistas generó que las mujeres pintaran también a amigas en grupos pequeños disfrutando de momentos de ocio. Las obras Las hermanas (1869) de Berthe Morisot, Tres mujeres con sombrillas (Las tres gracias) (h. 1880) de Marie Bracquemond, Confidencias crepusculares (1888) de Cecilia Beaux o El ramo (1925) de Lola Anglada son ejemplos de este retrato de hermandad.
8. Emancipadas
En los albores del movimiento sufragista, las artistas siguieron demostrando su talento en el ámbito artístico. Entre 1900 y 1937, se inscribieron en las corrientes vanguardistas y fueron ejemplos de fuerza, determinación, creatividad e independencia. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial y, en nuestro caso, la dictadura franquista hicieron caer en el olvido a estas artistas. Ahora, “Maestras” las recuerda en su máximo esplendor y preserva su trabajo para que sea admirado por las generaciones venideras.



