El ensayo El club de las modernas recuerda a las fundadoras del Lyceum Club, imprescindible para el feminismo español
El camino hacia el reconocimiento de las mujeres en nuestro país ha sido largo y tortuoso. Tras una exhaustiva investigación y con un profundo amor y respeto por las pioneras que se llamaron por primera vez «feministas», Eva Cosculluela recoge en su nuevo ensayo los orígenes, los proyectos y el legado del Lyceum Club.
Para los estudiantes de Historia de España en Bachillerato, el año 1926 es un año anodino: la dictadura de Primo de Rivera comenzaba su etapa de directorio civil, el intento de derrocamiento por parte del general Sanjurjo fue todo un fracaso y faltaba solo un año que para que la vanguardista Generación del 27 fuera fundada durante la celebración del tercer centenario de la muerte de Luis de Góngora. Y sin embargo, ese año nació una institución clave para los derechos y libertad de mujer en este país, una asociación que enarbolaba la cultura como motor de la emancipación.
Entre sus fundadoras destacaban abogadas, diputadas, pedagogas, escritoras y artistas de posturas ideológicas, religiones y clases sociales diferentes que apartaron sus diferencias para formar el que sería el primer espacio cultural feminista español. Sus nombres eran María de Maeztu, Victoria Kent, Clara Campoamor, Zenobia Camprubí, Carmen Baroja, Ernestina de Champourcín o Maruja Mallo y la asociación fue el Lyceum Club Femenino Español.
En El club de las modernas, la periodista cultural Eva Cosculluela nos invita a conocer la vida de aquellas mujeres increíblemente cultas y preparadas que trabajaron duro por hacerse oír durante la España de entreguerras. Nos presenta la obra de las valientes revolucionarias que lucharon por la creación artística, la conciliación laboral y la erradicación de violencia de género. Pero sobre todo nos pregunta: si el feminismo en España nació de la unión, ¿no deberíamos tomar ejemplo?
En conversación con Eva Cosculluela
Pregunta: ¿Qué significaba ser mujer feminista en la España de entreguerras y por qué el Lyceum Club se considera la primera asociación feminista de nuestro país?
Respuesta: El término feminista estaba muy demonizado y muy pocas mujeres se reconocían dentro del término. En aquel momento cuando se hablaba de feminismo se miraba a Inglaterra o a Francia y se veía todas las acciones que estaban haciendo las sufragistas británicas para pedir el derecho al voto, que llegaban hasta la violencia como romper escaparates o quemar cosas.
Se retorció mucho el término por parte de la sociedad que decía: «Cuidado, que si viene el feminismo…». Por eso había pocas mujeres que se reconocían como tal, a pesar de ser feministas de acción, porque todo lo que hacían es ahora canónico del feminismo mismo. Había algunas que sí se consideraban feministas, como María de Maeztu, que dijo que ella era feminista y estaba orgullosa de serlo; María Lejárraga, Carmen Baroja… Pero las demás estaban ejerciendo su feminismo también, como podían y como sabían.
Ser feminista era saber que estabas siendo profundamente molesta, porque era una sociedad que quería que las mujeres estuviéramos en casa, cuidando a nuestros maridos, teniendo hijos y yendo a misa los domingos. Era lo que se esperaba de la mujer.
Sin embargo, las mujeres feministas y las mujeres fundadoras del Lyceum quisieron ir más allá y reivindicar un espacio propio. Poder ocupar ese espacio público donde expresar su opinión y que fuera considerada, igual que hacían los hombres. Era una cuestión de justicia, pero que, en aquel momento, era muy provocadora, muy transgresora. Subvertían así el orden establecido, con lo cual eran miradas como revolucionarias.
Las que rechazaron el club
P: ¿Qué opinas de figuras como Teresa de Escoriaza, que renegó del Liceo y otras mujeres precursoras que tampoco quisieron asociarse a él?
R: El caso de Teresa de Escoriaza es muy curioso y por eso le dedico un poquito de espacio en el libro, porque era una mujer que lo tenía todo para ser socia del liceo. Era un perfil fantástico y nunca quiso serlo. No sé muy bien por qué, porque además escribió artículos contra el liceo. Pero ella fue muy feminista y escribía artículos feministas y también la demonizaron mucho por defender el feminismo, por lo cual, era un poco un contrasentido.
Yo no sé muy bien por qué no quiso ser socia o por qué no fue. Yo no he encontrado ningún registro de nadie al que no hubieran aceptado. Creo que quienes quisieron entrar pudieron, pero hay una cosa que dice Carmen Baroja en sus memorias, que es que lo único que se pedía era que tuvieran una conducta decente. Entonces, había mujeres, como por ejemplo Margarita Nelken, que eran famosas por llevar una vida lo que se llamaba licenciosa, es decir, por ejercer su libertad y sexualidad como querían, como debería ser. Pero era lo que Carmen Baroja llamaba conducta non santa.
Yo me aventuro a pensar que mujeres como Teresa o Carmen de Burgos no quisieron solicitar la entrada porque se la podrían negar por esta conducta indecente. Quisieron evitar la ofensa, la humillación de haber sido rechazadas. Por eso creo que se quedaron un poco lejos, aunque sus actos y lo que hicieron en la vida hubiera correspondido perfectamente, no solo al feminismo, sino a lo que hicieron las fundadoras del liceo.

Ahondando en El Club de las modernas
P: Has hablado de la reconstrucción histórica que has realizado para poder conformar este libro. Tratándose de mujeres completamente desconocidas, ¿cuáles fueron los mayores retos que has encontrado?
R: Ha sido por un lado muy frustrante y por otro lado me ha dado tanta rabia que me ha llevado a buscar más. Porque claro, tenemos información de los hombres todo el rato. Y sin embargo, intentaba rastrear las vidas de estas mujeres y encontraba tres líneas aquí y allá. Mujeres que pusieron su talento, su tiempo, su dinero en una asociación tan generosa como esta y luego no se les ha reconocido nada, no sabemos nada de ellas.
He tenido que reconstruir la época y el liceo a base de las memorias de las fundadoras, libros biográficos, artículos académicos y, sobre todo, la prensa de la época, que me permitía saber no solo lo que hicieron, sino cómo fue recibido, que tela marinera. He pasado horas y horas visitando la hemeroteca de la Biblioteca Nacional, buscando todos los artículos que hablaban de ellas. De ahí he tomado muchos nombres para el censo, porque el censo que aún se conservaba de Zenobia Camprubí, la secretaria del Liceo, era muy incompleto y solo conservan los más de cien nombres en su censo.
Después yo encontré más en un archivo privado de la nieta de una de las fundadoras, Pilar de Zubiaurre, que ha tenido la enorme generosidad de abrirme las puertas de su casa para enseñármelo. Para mí ha sido muy emocionante poder tener en la mano el cuaderno que tenía su abuela donde anotaba los nombres con tanto cuidado. Me permitió también rastrear mucho de lo que habían hecho y fue muy bonito.
Ha sido mucho trabajo, mucho más trabajo que si hubiera habido un archivo donde consultarlo todo. Pero también me ha permitido ir más allá, porque de cada hilo que tiraba me salían otros. Quería ponerlas en contexto con la vida que la rodeaba, contar por qué fueron importantes para la sociedad, para la España de la época y para nosotras 100 años después.
No he puesto toda la información que tenía, porque no quería que fuera un libro pesado. Necesitaba una narración más ligera, que se leyera de una manera natural. Quería aportar a una investigadora académica que lleve años investigando el Liceo, pero también que lo pueda leer alguien que nunca hubiera oído hablar de estas mujeres y de este club y que le interese también.
La recepción social del Lyceum Club
P: En el libro hablas de cómo figuras relevantes como Gregorio Marañón o José Ortega y Gasset no estuvieron a favor del Lyceum. Irónicamente, sus esposas fueron las fundadoras de la asociación. ¿Cuál es tu opinión personal sobre esta paradoja?
R: A mí me gustaría haber visto por un agujerito las conversaciones que tenían en casa. Tanto Marañón como Ortega y Gasset representaban el pensamiento avanzado de España. No les niego que fueron progresistas, pero en este tema pinchaban un poquito.
También era producto de la sociedad y aceptaron el discurso de la época, que era que las mujeres no teníamos ninguna capacidad intelectual. Podíamos ejecutar lo que los hombres nos decían, éramos bien mandadas, sabíamos hacer lo que ellos nos decían. Pero de ahí a ser nosotras las que pensáramos, no podía ser. Ellos, que tenían que haber sido los aliados de las mujeres de las fundadoras del Lyceum, los hombres que se hubieran puesto a su lado para tirar del carro, tenían este pensamiento.

Por otro lado, en esa época si ellos no hubieran permitido que sus mujeres fueran socias, no lo hubieran podido ser y no hubiera pasado nada. Y, sin embargo, dejaron que sus mujeres lo fueran, por lo que hay que darles también el crédito que merecen.
Pero su opinión acerca de las mujeres era que éramos poco más que niñas en tamaño un poco más grande, éramos como títeres que ellos manejaban. Si había una mujer que se dedicaba a la música, podía interpretar la partitura que otro creara, pero este tenía que ser exclusivamente un hombre. No podía ser una mujer porque no teníamos capacidad creadora. Toda nuestra capacidad estaba concentrada para ser madres, no podíamos ser nada más. Lo que ellos defendían era contra lo que las mujeres del Lyceum luchaban.
La confrontación del pasado con el presente
P: ¿Cómo crees que deberíamos a día de hoy mirar a estos personajes? ¿Es importante tener en cuenta esta faceta antifeminista?
R: Yo creo que nadie resistiría a ningún análisis que solo se centrara en una parte de nosotros, porque todos tenemos contradicciones internas. La vida es esto, nadie es puro del todo, aunque lo intentemos.
Yo creo que ellos fueron grandes hombres en la historia de España. No se puede negar el pensamiento de Ortega, el avance que proponía Ortega en la sociedad o la visión de Marañón en la ciencia. Eran hombres importantes y avanzados. Lo que pasa es que, igual que en otras cosas quisieron ir más allá, no se molestaron demasiado en pensar más lejos acerca de las mujeres.
Para no ser injusta con ellos, hasta la Primera Guerra Mundial más o menos, había un discurso que era mucho peor para las mujeres. Decía que éramos bestias, éramos animales, que teníamos el cerebro más pequeño y podíamos pensar menos. Ellos ese discurso no lo aceptan.
Marañón no dice que las mujeres seamos inferiores. Lo que dice es que no tenemos capacidad, somos diferentes. Frente a las teorías que decían que podríamos pensar menos, la visión de estos hombres es progresista también en cierta manera. Ya solo decir que no somos inferiores, sino que somos diferentes. Es un paso adelante, aunque no era tan adelante como a nosotras nos hubiera gustado.
El legado del Lyceum a día de hoy
P: Dentro del Lyceum, había mujeres con posturas políticas, religiones o clases sociales muy diferentes, que consiguieron unirse para luchar por la emancipación. ¿Crees que un siglo después las mujeres de la sociedad actual podrían encontrar un punto de encuentro como al que ellas lograron llegar?
R: A mí me parece todo un ejemplo que estas mujeres consiguieran dejar de lado esas diferencias para centrarse en lo que las unía, que era un bien que estaba por encima: conseguir la igualdad, mejorar la condición de la mujer y, con ella, la condición de la sociedad entera. Hoy que está todo tan crispado, tan polarizado, que nos peleamos todo el rato tanto, pienso en cómo estas mujeres consiguieron ponerse de acuerdo.
Otro gran ejemplo también es que consideraran la cultura como un motor de formación social y un motor de emancipación de las mujeres. Creo que sigue siéndolo, que a lo mejor a algunos no les interesa que lo sea, pero creo que la cultura sigue moviendo el mundo. Nos hace avanzar y nos hace ser más críticos, mirar mejor lo que nos rodea y tener una capacidad mayor para analizarlo y para saber si estamos de acuerdo o no. Nos hace crecer y evolucionar, convertirnos en mejores personas. Ellas lo vieron hace 100 años y ahora sigue siendo igual de importante.
Recomendaciones de Eva Cosculluela
P: Como coordinadora del club literario Sin género de dudas, ¿qué lecturas recomendarías para seguir profundizando en la historia feminista de nuestro país?
Yo he aprendido mucho leyendo las memorias de estas mujeres. Carmen Baroja cuenta cómo su educación fue muy liberal y artística, por lo que había un caldo de cultivo fenomenal para crear. Sin embargo, los hombres de su familia podían hacer lo que quisieran, pero ella no. Más tarde, cuando ya era la presidenta de la sección de literatura del Lyceum y organizaba charlas, a veces las tenía que dejar a medias porque si no estaba a la hora de la cena, su marido se enfadaba.
Cuenta los problemas que tuvieron que enfrentarse para poder vivir conforme ellas querían vivir, que era creando y expresando su opinión. Para cualquier cosa que ahora nos parece completamente sensata ellas tuvieron que enfrentarse con numerosas dificultades.
Las memorias de Concha Méndez también son preciosas porque además era una gamberra de cuidado, pero me sorprendió mucho He de tener libertad de Isabel Oyarzábal, que es menos conocida quizá, pero fue la primera mujer embajadora de España, además de la primera mujer inspectora de trabajo.
Nace en una familia acomodada en Málaga y a raíz de que muere su padre, Isabel quiere dedicarse al teatro. Su padre no lo hubiera permitido, pero su madre, que era escocesa, le dice, «¿Te quieres ir a Madrid? Pues yo me voy contigo». A partir de ahí te va contando cómo era la época, te cuenta también todo el gobierno de la República y su exilio.
Entonces, yo recomendaría las memorias de estas mujeres porque es una forma de celebrarlas y de reivindicarlas, pero además se aprende muchísimo sobre ellas, la condición de la mujer y la época.


