El filósofo y activista LGBTIQ+ Paul B. Preciado reconstruye a través de 26 personas trans la primera novela que nombra de manera directa la transexualidad
Virginia Woolf es considerada una de las figuras más importantes de la literatura del siglo pasado. Mujer perteneciente al colectivo LGBT, publicó en 1928 una de sus obras más importantes, Orlando. La novela está inspirada en Vita Sackville-West, poetisa aristócrata con la que Woolf mantuvo relaciones a finales de la década de los años 20.
En Orlando, mi biografía política, Paul B. Preciado presenta una película documental que alterna pasajes literarios del relato original con experiencias que muestran las semejanzas y discrepancias entre la vida de las personas trans en el siglo XXI y la historia que escribió Woolf. Esto no solo queda implícito en el guion, también la contraposición de planos en los que de manera implícita montan y desmontan escenarios es reflejo de dicho contraste.
Con el cambio de sexo de Orlando, llega el destierro. El mundo que rodea al personaje no entiende su identidad. Por dicho motivo, se ve obligada a huir al campo ante las agresiones y el acoso de la sociedad. De igual manera, hoy en día las personas transexuales se han visto relegadas a un juicio público sobre sus derechos y, en numerosas ocasiones, a espacios secundarios en los que se encuentren fuera del sesgo y la crítica.
La patologización del ser
Una de las críticas que el director hace a la obra original es la falta de realidad en el proceso de transición propia de una obra publicada hace casi un siglo. Orlando, tras un sueño plácido, despierta un día cualquiera en otro cuerpo. Sin embargo, hace tan solo seis años desde que la OMS deja de considerar el transexualismo como una enfermedad mental. No obstante, todavía en la mayoría de los países del mundo el proceso de transición tiene que ser aprobado por numerosos psiquiatras haciendo que la identidad de uno mismo quede controlada por instituciones médicas.
Por otro lado, no hay que olvidar que dichos procesos, llevados a cabo en numerosas ocasiones para conseguir un simple reconocimiento legal, supone la medicación y hormonación, actos que no siempre son el objetivo de quienes desean transicionar.

Mirada a las calaveras
“La calavera, es la máscara universal” con estas palabras Orlando se adentra en la cripta donde se encuentran los cadáveres de su linaje. Allí, mientras el personaje se encuentra sumido en la oscuridad, el director del filme emplea la necesaria memoria histórica y recuerda a todos los que, a lo largo de la historia, fueron víctimas de la violencia institucional. En palabras propias, “saberse Orlando significa comprender que somos herederes de una historia que ha sido borrada, significa aprender a honrar a les sin rostro que nos han precedido”


