Muere, papá, el nuevo proyecto literario de Greta García
Hipocondría, una relación padre-hija y miedo o deseo de muerte, así es Muere, papá, el nuevo libro de Greta García en colaboración con su padre, de la mano de la editorial Tránsito.
Una relación padre e hija
Pregunta: ¿Cómo y cuándo surgió la idea de crear Muere, papá?
Respuesta: Un momento exacto no te diría. Al final, después de acabar Solo quería bailar, quería hacer otro proyecto en un formato diferente y tener otra fuente de inspiración que me removiera un poco más. Que me llevara a otro lugar me apetecía.
Estoy acostumbrada a ver los dibujos de mi padre desde pequeña y siempre me han sugerido muchas cuestiones. Me han parecido muy divertidos y me han dado mal rollo también. Fue en ese momento, hace tres años o cuatro, que mi padre por varias razones me estaba sacando de quicio. Me daban muchas ganas de matar a mi padre y me apetecía el poder exorcizar cosas.
Me pareció un planteamiento divertido y muy bonito. Se lo planteé a mi padre y me dijo que sí. Esto hace como tres años o cuatro. Ha sido divertido, también como experimento, como para ver qué podía pasar o cómo podía agregar una narrativa paralela sin hacer una transacción de los dibujos, sino como ir inventando una historia en base a cosas muy nuestras.
P: En el libro vemos esta relación entre un padre y una hija, también la convivencia, el no salir de casa, también una reflexión sobre el paso del tiempo, ya que cuentas anécdotas del pasado, pero también cosas sobre el presente… ¿Cómo querías introducir todos estos temas dentro del libro?
R: Ha sido un proceso bastante fragmentado. Iba sacando temas que me iban removiendo o cosas que me iba acordando en base a los dibujos o a conversaciones que tenía con mi padre. Iba recopilando también con mi hermana, que tenía bastante material.
Estos temas son los que van a estar atravesando la historia. Yo seguía pasando todo a mi padre y todo lo que le hacía gracia o me daba su beneplácito lo iba añadiendo. Sol Salama, la editora, también me ayudó a ponerle un poco de orden, porque al principio el borrador que yo tenía era una cosa mucho más destartalada, más dispersa, sin un hilo conductor o sin una trama. Tanto mi padre como Sol como editora me dijeron que también necesitaba algo que agarrase todo esto, porque si no se queda demasiado etéreo.
Para mí se sostiene una idea de pesadilla todo el rato en la que no se sabe cuándo está despierta o cuando está dormida. Es verdad que se estira, pero sí que tiene un hilo que lo lleva un poco a tierra.
Que sea el padre que no quiere salir de casa y la niña que está ahí con él.
El secreto de la autoficción
P: Muere, papá se podría considerar autoficción, una autoficción experimental, ya que cuentas muchas cosas de tu vida. ¿Qué límites has querido poner? ¿Qué has querido contar y qué has decidido que no?
R: El único límite que me puso mi padre es que no hablara de mis abuelos. Los abuelos no los nombro. Lo demás lo que a él le iba pareciendo bien. También narrarlo de una manera que pudiese parecer más ácida o más deprimente de lo que es. Que todo está hecho desde una mirada muy gris. Así que límites los que me han puesto él y han sido muy pocos.
Yo soy supercotilla, entonces a mí me encanta el salseo de la autoficción. Que hay gente que le da mucho coraje, pero a mí me encanta. Me encanta imaginarme a los autores pasando esas cosas. A veces es mentira. Es como intentar averiguar el truco, querer saber cómo ha sido. Pero ese misterio que me genera me parece muy atractivo, muy divertido, me encanta.
Crear la composición
P: ¿Cómo fue juntar estas ilustraciones de tu padre dentro de los textos? ¿Cómo fue la elección de esa composición?
R: Eso ha sido lo más divertido realmente. Mi padre tiene miles de dibujos y muchos se repiten constantemente. Muchos ya me lo sé de memoria porque desde pequeña pintó lo mismo. Es una cosa que él tenía en la intimidad, en casa, que nunca ha publicado ni expuesto. Hay otras cosas que mi padre como fotógrafo sí que tiene un proyecto positivo, pero con esto era algo diferente.
Incluso sin tener que tenerlo físicamente, muchas veces me lo sabía de memoria y sabía cuáles eran los clásicos que a mí me han marcado, que componen y configuran mi pensamiento y mi imaginación. Me han dado vía a escribir ciertos textos, que esos los quería sí o sí. Luego sí que ha habido alguna sorpresa que ha nutrido el texto o que simplemente le ha acompañado.
Había algunos que yo veía una conexión. Yo buscaba cada dos páginas de texto algún dibujo que fuera lo más fifty fifty posible. Luego fue muy guay también una primera selección con el okey del mío padre. Y luego Donna Salama, la hermana del Sol, que ha hecho toda la maquetación, ella también después le dio como un último reorden o reajuste que afinamos juntas. Fue muy chulo también porque ella como lectora externa también veía directamente: «Ah, pues, yo también habría puesto esto aquí».
Ha sido de ir muy poco a poco. Yo me llevaba dibujos suyos o los imprimía. Algunas veces que también lo recordaba y me los pegaba. Antes hacía algunos cuadernos y pruebas de diferentes maneras y al final con Donna conseguimos cuadrar esa maqueta.
Un collage en forma de libro
P: Hay textos que son más conversaciones, otros más reflexivos, hay también incluso denuncia social en alguno… ¿Cómo fue componer toda esta estructura, con estos textos, para que hubiera tanta variedad?
R: En mi manera de hacer me puedo poner un orden de ciertas cosas o temas que quiero escribir, pero después me pongo delante del ordenador y me dejo bastante llevar. Hay temas que sin querer están ahí runrún en tu cabeza, en tu subconsciente, y luego ya cuando me pongo seriamente a darle al tema veo que tengo más fluidez a lo mejor en ciertas cosas o temas que puedo hablar. Me dejo bastante llevar, es algo visceral también. Ya solos había algunos textos que tenían más fuerza, más potencia, entonces ya se distribuyen en el texto de equis manera.
Luego también por otro lado tenía varios flashbacks de recuerdo de la infancia que pensaba en cómo los podía ir colando en esta evolución de la historia y conversaciones, como la conversación por whatsapp que va teniendo con Francis, con el amigo del padre. Fue mucho de cortar, pegar, recolocar, hacer mucho proceso de collage hasta que ya estuviera todo, para que estuviera salteadito y hubiera un poquito de todo. Que también fuera goloso a la hora de leerlo.
Me gustaba la idea de que pudieses leer la página y disfrutar esa página, y abrirlo en verdad por cualquier página y decir «Ah, mira, pues está guay». Pero si quieres leerlo entero también tienes una historia. Me parecía muy bonito también la idea de que pudiese tener cierta fuerza cada página que abría del libro. Fue bastante sensación de hacer un collage para que hubiera un poco de todo.
El ritmo y la lengua
P: Utilizas un lenguaje muy especial. También lo vimos en Solo quería bailar, un lenguaje muy oral, con un tono muy irónico, a veces macabro también. ¿Cómo encuentras este tono, este lenguaje, para tus libros?
R: Reescribo muchísimo las cosas que escribo. Cojo un primer texto y yo noto que cuando me lo estoy pasando muy bien escribiendo ese texto, que estoy conectando con una villana que tengo yo dentro o con ira, me lo paso pipa. Y yo misma soy muy prudente en mi día a día. Yo puedo tener un humor bastante negro o ácido en la vida y puedo ser muy petarda, pero luego hay cosas que no digo.
La escritura y el humor son las únicas vías por la que me atrevo a decir un montón de cosas.
También gracias a Solo quería bailar, que es un libro que escribí sin ninguna clase de filtro porque no tenía ni idea de que se iba a publicar, lo hice en plan «Me lo estoy pasando pipa con esto», y vi que había tenido buena recepción y que no había pasado nada malo, solo bueno.
Me he sentido muy libre. Ya me siento muy libre para poder escribir como quiera. En esta sí que he buscado no decir palabrotas, que creo que las hay. Y de hecho pretendí ser menos escatológica, pero me han dicho que es escatológico y yo siento que no.
He encontrado una voz en la que yo estoy cómoda. Porque al final hacer un libro o ponerte a escribir es algo en lo que estaba muy sola y no se gana mucho dinero que digamos, entonces a una misma le tiene que gustar mucho para regodearse y estar ahí tanto rato reescribiéndolo. Intento que a mí me haga risa, que lo lea en voz alta y me haga tilín. Yo también soy mucho de pasarle el texto a la gente y que me diga cosas.
Me gusta que tenga bien de ritmos. Al reescribir me obsesiona muchísimo el ritmo, como en la escena también. Yo me dedico al circo y a la danza, y al final es todo una cuestión de ritmo y de composición. Me gusta que las palabras tengan cierta musicalidad. Eso es lo que creo que le da ese humor o ese desparpajo o esa rapidez que a mí me hace sentir cómoda.
Que reviente todo en el proceso creativo
P: ¿Por qué este título Muere, papá? ¿Y la elección de la ilustración para la portada?
R: El título es porque realmente me dan muchas ganas de matar a mi padre porque me pone de los nervios. Es este pedazo de hipocondríaco y a mí la hipocondría me saca de quicio. Puedo empatizar mucho con la gente con hipocondría, pero me pone de los nervios. También porque yo me veo, veo que algo está creciendo de hipocondría en mí y me horroriza. Entonces es la cura, como «Muérete ya». Si tienes tanto miedo a morirte, mátate. Muérete ya, ¿qué va a pasar?, pues vamos a descubrirlo. Viene por esta ira que me da, y mucha rabia.
Luego también porque al final papá es una figura, aparte de todo lo psicológico-freudiano, lo típico que estás tú escuchando de «muerte al padre», que también el padre es el estado, el patriarcado, todo lo establecido. Entonces también me gusta el «a reventarlo todo».
En esta historia se traduce al final en una hija con un padre que al final es la autoridad, que ha heredado su genética, que ha puesto unas normas en la casa, que están encerrados en esa casa. Lo típico de «Mi casa, mis normas». Si se muere el padre ya soy libre y el mundo es mío, las normas van a ser las mías. Era una manera poética de poder reventarlo todo y poder separarte para ganar esta libertad. Me parecía muy divertido y me daba mal rollo. A mi padre no le gusta nada, le parece horrible, lo único que no le gusta.
La ilustración de la portada la eligió Donna. Me pareció genial. Ella también hace siempre el diseño de la cubierta de toda la editorial. Yo ahí tenía bastantes dudas porque a lo mejor hay otros dibujos que a mí gustan más, pero es buena elección.
Yo me lo imaginaba, como «todo bien, pero aquí está la muerte». Es bonito que cada uno lo interprete como quiere porque mi padre nunca me ha explicado nada de esos dibujos, pero mi sensación es que es mi padre chiquitito, que es mi mano agarrando a mi padre chiquitito.
P: ¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Ha sido diferente a Solo quería bailar? Y ese proceso creativo, como tú eres también bailarina y creas más cosas en otros ámbitos, ¿se parecen más o menos al proceso de escritura los demás procesos creativos?
R: Sí. Al final se me mezcla todo bastante y se me parece también por eso, porque reescribo mucho las cosas. Me puedo obsesionar con un primer guion, con una estructura… Parto de un concepto, de una primera idea y de ahí me pongo. Me dejo llevar e improviso.
En escena lo improviso con el cuerpo y pruebo diferentes materiales, canciones, coreografías, me pongo diferentes tareas para que me sea estimulante y no aburrirme muchísimo. Y al escribir un poco igual, este tema, este recuerdo, este hecho, cosas que veo que me apetecen tratar un poco. Les doy el tiempo y ya de ahí lo reposo un poco y veo qué me está dando.
Poco a poco va creciendo la trama o el hilo o el grueso que lo que lo construye todo. Primero me doy un tiempo de prueba y de juego muy grande, que es con el que voy sacando mucho material. Cuando a lo mejor ha aparecido el final y me gusta, eso ya ayuda a terminar de componerlo todo. Puedo ser bastante caótica, pero sí que también soy muy disciplinada. Entonces sí que me pongo equis horas o los ratos que tengo para concentrarme y hacerlo.
Cuento muchísimo siempre con la ayuda de la gente. Yo sola o hacer algo cien por cien sola me aburriría más o no confiaría. Me gusta mucho colaborar con la gente. En las cosas que hago en escena, siempre tengo a alguien desde fuera que me acompaña, que me ayuda o está dentro. Siempre pido muchísimas opiniones y luego ya veo si me interesa algo o no, incorporarlo algunas que me resuenan y otras que no.
Al escribir también. He confiado mucho en Sol, en mis padres, en mi hermana, en algunos amigos. Qué les resuena, qué sensaciones se llevan y digo «Eso es lo que yo busco» o «No, por aquí no».
En la escena sí que se gana el que a medida que vas haciendo funciones puedes terminar de construir la obra o puedes seguirla escribiendo infinitamente. El libro hay un momento en el que tienes que decir “Bueno, venga, ya está” y te tienes que tienes que aguantar. Busco que eso sea previamente y pasarlo por muchas manos.
Solo quería bailar, al ser el primero, sí que también estuve más arropada todo el proceso. Hubo un primer borrador más inocentón, más básico, y sí que me ayudó Brenda Navarro desde el principio y me dio una clave muy grande para construir una novela y sacar más material que yo no tenía ni idea de cómo hacerlo y ella me dio ciertas claves que me ayudaron muchísimo. Aquí la he echado de menos, aquí he estado más sola.
Influir y reír
P: ¿Qué quieres o qué esperas que se lleven los lectores cuando lean Muere, papá?
R: Que les sea la inspiración para otra cosa. A mí al final lo que me gusta mucho de algo, aunque la historia en sí no me guste a veces, es que de algún modo me inspira. Veo algo nuevo que me ayuda a mi envidia para generar otra cosa para enfrentarme a algo o que me da alguna frase o algún concepto, alguna idea que me hace luego la vida un poco más golosa o atractiva. Así que, si por ahí se genera algo de alguna manera o haga reír, me va a dar alegría.


