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Bibiana Candia: “El tiempo va colocando delante de la humanidad una vez tras otra los mismos dilemas”

Lar, una mitología moderna, de Bibiana Candia

La escritora gallega Bibiana Candia publica de la mano de Alfaguara su nueva novela, Lar. Un libro coral ambientado en 1854 y que da voz a las cigarreras y a la revolución que hubo en A Coruña.

Historia de Galicia

Pregunta: ¿Cuándo y cómo surgió la idea de escribir Lar?

Respuesta: Lar surgió cuando estaba en plena escritura de mi primera novela, Azucre. Cuando estaba investigando el tema de los gallegos que fueron llevados a Cuba a trabajar en la caña de azúcar y que luego fueron vendidos como esclavos. Para ver el contexto histórico, vi que esto fue en el año 1854 y me puse a mirar qué había pasado en Galicia cinco años antes y cinco años después, para entender cómo era el sentimiento de la gente en esos momentos.

Justo me encuentro que el caso de Azucre abarca los años 1854 hasta el 1856. En 1857, sucede este caso de las cigarreras que, además, está muy profundamente implantado en la memoria popular, especialmente de los coruñeses y, en general, de los gallegos, cuando ellas protagonizan la primera gran huelga y motín de trabajadoras en el que acaban tirando las máquinas al mar porque precarizan sus trabajos y sus sueldos.

Entonces, en ese momento me di cuenta de que no estaba apenas escribiendo una novela, sino que estaba inmersa en un proyecto literario que era mucho más amplio y que tenía que ver con esa idea de recuperar la memoria colectiva y, al mismo tiempo, nos trae preguntas a nuestro presente que son tremendamente actuales.

Estaba construyendo una mitología moderna donde los héroes o antihéroes ya no son semidioses, ni aristócratas, sino masa obrera, héroes colectivos, gente de los cuales la historia no habla, pero que en la literatura sí tiene un lugar de honor.

Ahí fue donde nació Lar y después me puse a escribirlo, evidentemente después de la publicación de Azucre, pero yo ya sabía desde el inicio que este era un siguiente episodio, una novela en cierto modo espejo, porque en muchas cosas es continuista de este tipo de voz colectiva, pero al mismo tiempo también es opuesta en muchas cosas.

Azucre es la historia de los que se marchan, Lar es la historia de las que se quedan.

Por ejemplo, en Azucre, el tiempo es una sustancia indefinida, en Lar, todo sucede en 24 horas perfectamente. Este era el reto literario que me apetecía abordar a continuación.

El poder de las mujeres

P: Hablas de muchas mujeres desde una voz coral y de temas como la maternidad, de la feminidad, del cuerpo… ¿Cómo querías enfocar esto en la novela?

R: Cuando ya me senté a escribir Lar, lo primero que hice fue ir a ver la hemeroteca de la época, cómo se había contado este caso al público, cuál era el tono en el que se hablaba de estas mujeres. Porque cuando nosotros nos contábamos la historia popular, a veces el problema es que las historias las contamos mil veces y no nos damos cuenta de hasta qué punto las desdibujamos cuando las estamos contando.

Entonces yo dije “Vamos a hacer como si viéramos este caso por primera vez y voy a ir a los periódicos de la época y qué idea transmitirían esos textos”. Lo que me encontré fue una crónica en la cual se hablaba de estas mujeres como si fueran bestias, de una manera muy arrogante muy displicente, diciendo que eran seres sin civilizar o casi como que no eran mujeres completas por su brutalidad, por su fiereza, por su modo de responder con esa bravura.

A mí eso, la verdad, me enfureció mucho, porque me pareció muy injusto que mujeres que se habían enfrentado a una situación tan terrible y que son capaces de tener la entereza de ponerse delante de un ejército, completamente desarmadas, sean tratadas de esta manera por los medios de comunicación de la época. Entonces, por un lado, tenía esa referencia y por el otro, la otra referencia popular de las cigarreras, de Carmen de Mérimée, que es un personaje folklórico en realidad, no es un personaje real y tampoco me interesaba como referente.

Me puse a reflexionar, a pensar y dije “Vale, lo que tenemos que hacer es contar a estas mujeres, justamente darles la dignidad humana que no les dieron. Contarlas desde su suciedad doméstica, porque, en realidad, si soy capaz de retratar cómo era la cotidianidad de estas vidas, la verdad va a ser tan arrasadora que no hace falta ninguna heroicidad más. Sobrevivir a lo que era la vida normal en aquel tiempo siendo una mujer, estando sola y teniendo hijos a cargo, es tan brutal que no hace falta contar nada más”.

Entonces estamos hablando de mujeres, que en su mayoría eran madres solteras, que tenía tenían varios hijos en una época además en la cual, la mortalidad infantil era algo muy normal, que eran despreciadas por la propia sociedad, pero que al mismo tiempo ellas se ganaban su propio sustento con el producto de su trabajo. Eso hace personajes como los que tenemos en la novela: mujeres que eran tremendamente fuertes y tremendamente fieras para defender sus espacios y que cuando era necesario, si hacía falta, se ponían delante de un ejército.

Del antes y del ahora

P: Hablas de resistencia, de lucha, de memoria… También comparándolo con el presente, que esto está ambientado en 1857, pero realmente puede ser una situación muy actual. ¿Cómo enfocas esa situación de antes comparándola con el presente?

R: Para mí, una de las cuestiones, sobre todo por las que me interesaba retratar y escribir esta novela, era justamente porque pone sobre la mesa cuestiones que son tremendamente actuales, como la precariedad laboral, la necesidad de conciliación, la fragilidad de depender de un sueldo, solamente de un sueldo y no tener absolutamente nada más.

Por supuesto, también la fragilidad de saber que tu trabajo puede ser sustituido por una máquina y que eso te va a precarizar o directamente te va a dejar sin sustento. Yo sabía que, porque ya desde hace tiempo a mí me preocupaba y he leído bastante acerca del tema de la inteligencia artificial, pero yo sinceramente no esperaba que el timing fuese tan exacto cuando la novela saliese, realmente yo creo que nos ha sorprendido a todos. Parece mentira, pero ha sido exacto.

A mí lo que me da satisfacción es que esta novela lo que nos enseña sobre todo es que el tiempo no es una línea recta, el tiempo es una espiral y el tiempo va colocando delante de la humanidad una vez tras otra los mismos dilemas.

El mundo en el que vivimos hoy en día y el mundo del siglo XIX, la única diferencia es que el nuestro es tecnológicamente más sofisticado, pero en realidad los dilemas que se están colocando delante de nosotros son exactamente los mismos que tuvieron que enfrentar las cigarreras en 1857.

Así que, yo creo que es muy importante que seamos capaces de tener este tipo de conversación y darnos cuenta de lo importante que es, por ejemplo, ser conscientes de la fuerza que tiene la colectividad. Creo que es que es importante que tomemos conciencia y si la novela sirve para que tengamos este tipo de conversaciones, para levantar este tipo de cuestiones, yo me doy por satisfecha.

Siempre decimos que el diablo está en los detalles. Ha sido un timing diabólico, es brutal. Aunque es cierto que yo quería abrir esta conversación y en realidad la conversación ya estaba abierta cuando yo llegué. Me alegra que desde la novela se pueda analizar en cierta manera cuando ves las cosas desde fuera y luego lo puedes llevar a lo que te rodea y siempre puede facilitar mucho más el análisis en total.

Una mitología actual

P: La estructura, el ritmo, el tamaño de los capítulos… ¿Cómo querías estructurar Lar?

R: Lo que pretendo es construir una mitología moderna. En el caso de Azucre era una epopeya, porque es la historia de un gran viaje a un lugar desconocido. En esta idea de proyecto literario, yo quería darles a las mujeres el género mayor. El género mayor siempre ha sido la tragedia, es el género más importante. Para mí darles esa dignidad a ellas era también parte de este proyecto y dejarlas hablar sin interrupción.

Hay algunas cuestiones de la estructura o de la forma de la novela que está tomada directamente de la tragedia griega auténtica. Por ejemplo, el hecho de estar dividida en tres actos, de que todo lo que pasa desde el inicio ya se sabe que va a haber un gran estallido final. Todas las situaciones que se retratan en la novela van dirigidas a ese gran estallido final y todos los personajes van a estar reunidos en ese final apoteósico.

Por ejemplo, el hecho de que el tiempo sean 24 horas exactas, porque también en el caso de la tragedia griega se pedía, para que fuese considerada tragedia clásica, que el tiempo estuviese muy comprimidos.

Todos esos detalles, que son puramente literarios y que yo también hago por mi propio placer de crear este universo de esta manera, están tomados literalmente de la de la poética de Aristóteles, de esa teoría literaria donde Aristóteles dice cómo tienen que ser los géneros literarios y simplemente lo que hago es traerlo al siglo XXI, adaptarlo a los lectores de ahora. Son detalles que están muy pegados a la teoría que ya se escribió muchísimos siglos antes de Cristo.

Las cigarreras

P: ¿Cómo ha sido la creación de todos estos personajes? Porque, aunque sea una voz coral, al final son mujeres independientes.

R: Ha sido realmente la parte, para mí como escritora, más divertida. Porque así como el escenario en el que ellas se mueven está perfectamente documentado y es históricamente lo más exacto posible, los personajes son pura ficción.

Pude encontrar algunos nombres de algunas de las que podían haber sido las protagonistas reales de esta revuelta, pero justamente no utilicé sus nombres para darme yo la libertad creativa. No quería apropiarme de la memoria de nadie, entonces los personajes son pura ficción, cada una tiene su problemática, su situación, su carácter.

Lo que hago cuando me planteé una novela como esta es soltarlas en este escenario y ver qué hacen, verlas actuar e interactuar entre ellas. Para mí, ha sido lo más satisfactorio y a la vez lo más difícil porque son muchísimas y se mueven todas en un espacio muy pequeño. Manejarlas ha sido bastante complicado, pero ha sido un desafío como autora muy interesante. Al terminar las quiero mucho a todas. Cada una a su manera, les he cogido mucho cariño a todas.

Documentación y ficción

P: ¿Cómo ha sido primero este proceso de investigación históricamente y luego un proceso más creativo de ficción? ¿Cómo ha sido esta evolución de creación?

R: Yo lo que hago normalmente, porque ya lo hice también con mi novela anterior, primero voy a saber exactamente cuáles fueron los hechos. ¿Qué datos tenemos sobre lo qué pasó? Empiezo primero por la hemeroteca, después la documentación, qué profesores han hablado sobre la fábrica de tabacos en Coruña.

Luego, es un poco como capas de una cebolla, vas cada vez abriendo el espectro un poquito más. ¿Qué pasaba en A Coruña? ¿Cómo se gobernaba en aquel momento?, ¿Qué comía la gente? Ese tipo de datos al final lo sacabas en estudios antropológicos, en papers académicos, en alguna novela de la época…

Me sirvió mucho como documentación la novela La tribuna de Emilia Pardo Bazán, que es escribe 30 años más tarde de este suceso, pero que en realidad Emilia Pardo Bazán estuvo allí entre las cigarreras documentándose para su propia novela. Tiene ese estilo naturalista tan propio de la época, es muy minuciosa describiendo los espacios, describiendo cómo se hacían los cigarros…

Fue mi testigo presencial en el medio de todas ellas. A mí el estilo con el que ella lo cuenta no me interesa tanto, pero toda la información que ya da en la novela es valiosísima.

Después, libros de antropología. Por ejemplo, tuve un libro en préstamo en la en la biblioteca municipal, que se llamaba Ritos de embarazo y parto en Galicia. Si vamos a hablar de mujeres, nos tiene que importar mucho cómo parían y cómo se recuperaban de los partos estas mujeres. Porque dar a luz era una altísima causa de muerte, sigue siendo hoy en día también, pero en aquellos años todavía más, por la falta de acceso a la sanidad, a la medicina.

Me importaba mucho también cómo trataban sus cuerpos cuando parían, cuando no parían o cuando eran estériles, cómo trataban el tema de la regla… Iba por capas. Documentarse es una cosa muy viciosa porque siempre te parece que puedes aprender alguna cosa más. Cuando tienes todo esto más o menos controlado, luego me lanzo a escribir sin mirar nada de documentación y solo pensando en los personajes, nada más.

Primero información y luego escribo el primer borrador solo pensando en personajes.

El poder del fuego

P: ¿Cómo fue la elección del título, Lar, y la imagen de la cubierta?

R: La elección del título llegó muy tarde. En realidad, la novela ya estaba escrita y tenía un título provisional, que yo sabía perfectamente que no era su título correcto. Necesitaba algo, tenía que ser una palabra y tenía que tener más fuerza que el título provisional. Estaba ya en la parte final y hay una frase por ahí que dice: “Somos un naufragio envuelto en llamas, somos un lar que no se apaga nunca, un fuego que arde…”. Esto es, es el lar claramente.

Cuando me pongo a investigar, los lares originalmente eran los dioses domésticos de la antigua religión romana, que se colocaban en la casa, protegían la casa y a la familia, y se colocaban al lado del fuego donde se cocinaba. Por eso después, evolucionó a que el sitio del fuego se llamase el lar, para simbolizar esa protección del hogar.

Es un juego de espejos, ese fuego en la novela acaba convirtiéndose en el fuego interior, que es esa ira que las lleva a todas y que es esa fuerza que las mueve y que las conecta para luchar en el momento final. Hay una serie de juegos de espejos de significado de la palabra lar, que me gustó muchísimo cuando me di cuenta. Hay cosas que tú preparas mucho en una novela y luego hay otras que te las encuentras por el camino, seguramente como producto de lo que ya has trabajado antes. Y de repente, la palabra perfecta aparece delante de ti.

En cuanto a la ilustración de cubierta, es un cuadro de una artista francesa que se llama Magali Cazo, que es de Lyon. Fue una elección del equipo editorial. Teníamos varias opciones y queríamos algo que apelase a la feminidad de una manera contemporánea, que no solamente fuese una foto antigua, porque esta novela es una historia del XIX, pero que nos apela muy directamente.

Queríamos una imagen contemporánea y cuando vimos a esta mujer, con el rostro tapado, que parece casi como una santa quemada, una cosa muy extraña con este negro y este azul. Nos gustó muchísimo. Parece que en el pecho y el vientre tiene una llama adentro por ese color naranja, nos gustó muchísimo conceptualmente. Yo creo que fue casi la primera opción que tuvimos. Estuvimos súper contentos desde el inicio y no dudamos para nada.

El poder obrero

P: ¿Quiénes son tus referentes, tus influencias? ¿En quién te inspiras para escribir?

R: En esta novela, ha habido varios libros que para mí han sido muy importantes. Hay un libro de Tolstoi, que se llama Mi viaje al otro lado de la realidad. Tolstoi en el mismo año que sucede este suceso, en el año 1857, presencia una ejecución pública y en ese momento empieza a cuestionarse la legitimidad del Estado.

A partir de ahí, él, que era un hombre que era noble, se pone a visitar hospicios, hospitales en San Petersburgo y en Moscú, dónde está la gente pobre, y empieza a darse cuenta de que el gobierno es una institución injusta y de que la riqueza está mal distribuida. Entonces escribe este texto, donde él pone sus impresiones. Que no solamente está escrito por Tolstoi, sino que además está escrito por un hombre que está completamente roto por dentro porque se da cuenta de que lo que ha creído toda su vida era una mentira y de que la gente no es pobre porque sea vaga.

La gente es pobre porque muchas veces está atrapada en una especie de rueda de pobreza.

Ese libro después lo va a utilizar de base Lenin para su panfleto, para proponer el marxismo leninismo. Es muy fundacional en la idea de mirar a la pobreza, de mirar al mundo, alrededor y de entender de dónde viene la pobreza y la miseria, y cómo hay personas que están condenadas a ella y que no van a conseguir salir de ella nunca más. Ese libro me influyó un montón.

Después estuve leyendo Germinal de Zola. También estuve leyendo Los Miserables. De hecho, la primera playlist que yo tenía para esta novela, tenía el tema central de la película de Los Miserables que es Do You Hear The People Sing?, ¿Oyes a la gente cantar?, que es una especie de himno de cuando salen a tomar la ciudad, es una canción muy emocionante.

Después tenía también los textos que escribió Virginia Woolf acerca de las mujeres obreras, que son un poco más tardíos porque son ya casi de final del siglo XIX, principios del XX, pero que también son muy interesantes. Además Virginia Woolf habla con las obreras que le piden una reunión con ella y con otras mujeres de la época para contarle sus problemáticas y para que puedan escribir sobre ellas.

Una de las cosas que les dice es “Pero yo no soy digna de hablar, porque yo soy una mujer aristócrata, yo no tengo esta experiencia de vida y ustedes deberían hablar de sí mismas. Yo no me siento capaz de tomar la palabra por ustedes para hablar de ustedes”. Y ellas le dicen que no, que necesitan a alguien que sea su portavoz.

Me pareció, no solamente muy bonito ese hecho, sino que además Virginia Woolf tuviera esa visión en aquel momento de no apropiarse de la voz de la gente que es más desgraciada y de que hay que dejarles el espacio a ellas. Ella decía “Yo estoy dispuesta a cederles mi espacio para que ustedes hablen”. Eso, es realmente muy bonito, yo creo que vale la pena remarcarlo.

Y en general, me interesa la literatura desasosegante. Me interesan, aparte de estos autores, Kafka, Pessoa, Camus, todos los existencialistas, Dostoievski, los rusos… Que son capaces de mirar a la realidad como si la vieras por primera vez y de replantearte en realidad toda tu vida sin necesidad casi de salir de una habitación. A mí me interesa ese modo de mirar lo cotidiano y de repente cuestionarlo todo desde el principio.

Lar

P: ¿Con qué quieres que se queden los lectores cuando lean Lar?

R: Yo quiero, ante todo, que se enamoren de sus protagonistas. Quiero que las quieran, así como son ellas: brutas, deslenguadas, bravas, regias… Que no intenten cambiarlas porque eso es despreciarlas, hay que quererlas así.

Después de ese primer momento, que se queden con la idea de que hay un fuego interior dentro de todos nosotros, que es esa ira y que es la parte de nosotros que más nos quiere porque, cuando la ira se despierta, es porque algo nos ha herido. Hay que mantener esa ira viva, porque es nuestro propio sentido de autopreservación.

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