Como una cinta de Möbius, sin principio ni final
Catherine Lacey regresa con un nuevo experimento literario. La escritora estadounidense estrena en España El libro moebius, un libro se divide en dos y que realiza una exploración a las relaciones humanas y a los sentimientos que florecen de ellas.
El regreso de Lacey
En 2024, Catherine Lacey (Tupelo, Misisipi, 1985) publicaba Biografía de X, una novela, que se mueve entre los géneros de ficción y biografía, y que destacaba por el ejercicio de ingenio que realizaba al dar vida a un personaje envuelto por el misterio y las dificultades del mundo del arte.
Este último libro consolidaba una trayectoria que ya venía gestándose con la publicación de sus libros anteriores, tres de ellos editados en España por Alfaguara: Nunca falta nadie, Las respuestas y Altar. Con Biografía de X, Lacey se afianzó como una de las voces más frescas de esta nueva generación de escritores. Esta vez regresa a librerías españolas con la publicación de El libro moebius, un libro que se divide en dos y que explora uno de los episodios más duros de su vida y realiza a la vez un juego literario con una obra de ficción.
Una edición simbólica
La edición española, que llega un año después de la publicación original en inglés, respeta la presentación original de la historia. En el libro físico aparece por un lado una novela corta y al girar el tomo, desaparece el tradicional texto de la sinopsis para dar paso, con la misma portada, a la otra parte de la historia: unas memorias de la autora en los que escribe con mucha transparencia sobre uno de los momentos más duros de su vida.
En su presentación, el libro adopta de manera simbólica la forma de una cinta Möbius que, lejos de ser un elemento estético, va en consonancia con el contenido de la obra y refuerza su idea de unidad. El libro no tiene un principio ni un final claro, ni existe un orden preferible de lectura, sino que invita al lector a recorrerlos bajo su propio criterio y que en sí mismos formen un mismo elemento narrativo siendo el paso de una historia a la otra una transición natural.

La cinta Möbius
El libro tiene una clara referencia e inspiración a la cinta de Möbius, que es en parte lo que articula todo. Esta cinta es una superficie con una sola cara y un solo borde. Fue descubierta de manera independiente en 1958 por los matemáticos August Ferdinand Möbius y Johann Benedict Listing. Esta cinta tiene varias propiedades, las más destacables y que conviven con el libro, es que no tiene una orientación para recorrerla y pasa de un lado a otro sin percibir una ruptura.
El experimento literario de Lacey funciona de manera similar: recorre las páginas con varias ideas, imágenes, reflexiones que una y otra vez regresan sobre sí mismas, sin concluir en un final. Lejos de entender esta estructura como un posible límite narrativo, la autora convierte esta analogía con la cinta de Möbius en un motor de la obra, que aspira a poder prolongarse indefinidamente. De una manera u otra, la estadounidense recuerda que cada final es un comienzo en sí mismo.
Una parte más íntima
Una de las mitades de El libro moebius representa una faceta más introspectiva e íntima, marcada por la ruptura sentimental que es el motor del relato. La expareja de Lacey, llamada durante todo el libro como “La Razón” deja a la escritora por medio de un correo electrónico: un gesto frío, carente de humanidad que resulta aún más doloroso cuando la autora explica que lo envía cuando todavía siguen compartiendo techo, aunque en distintas habitaciones. Una convivencia forzada, cada vez más tensa y que se hace más asfixiante con el mensaje.
Fruto del desasosiego que supone desmantelar de manera física y emocional un hogar. La historia versa sobre volver a encontrar un refugio y recolocar todas las emociones tras un fuerte impacto emocional. Asimismo, según transcurre la historia afloran todas las conductas tóxicas que se han acumulado en la relación y que la protagonista ha dejado pasar, pero que ahora parecen tener una importancia clave. Su expareja acaba por transformarse en alguien siniestro según pasan las páginas y se descubre todo lo que carga a sus espaldas. La historia no tiene final y realiza un degradado con su segunda parte, fundiéndose entre ellas.
Un relato ficticio
A pesar de que la historia empezó con esa primera parte, marcada por sus vivencias personales, Catherine Lacey decidió bifurcar parte del contenido hacia una historia ficticia. El resultado es un relato que tiene una marcada dimensión teatral. Presenta a Marie, su protagonista, que vive en un edificio de apartamentos y un día descubre debajo de la puerta de sus vecinos un líquido rojo, demasiado parecido a la sangre, que le alarma y le genera múltiples preguntas.
A este incidente se le suma la historia de Edie que acaba de pasar por una ruptura y reflexiona, al igual que hace Lacey en la otra parte del libro, sobre la vida y las relaciones humanas. Esta separación le proporciona de alguna manera una claridad mental, aunque eso no evita que surja la incertidumbre y las dudas propias de la situación que sobrelleva.
La familia que elegimos
Algo que comparten las dos mitades y que se vuelve esencial en la trama es el impacto de la amistad en las dos historias, y cómo ayuda a cada uno de los personajes. Lacey menciona a numerosos amigos, algunos de ellos vinculados al mundo artístico, y presenta una idea de amistad más madura, aquella que se ha asentado tras la juventud, pero que no deja de ser acompañante y sostén en esos momentos.
En la trama también hay cabida para numerosas reflexiones sobre la religión, el perdón y la literatura, que supone diferentes puntos de apoyo del libro. Además, se habla sobre el propio proceso de escritura, un espacio ambivalente ya que por un lado parece darle oxígeno a la autora y a la vez desojarle parte de la vida. Reflexiona sobre la carga que condiciona a su vida privada, ya no solo por el trabajo de la construcción de los personajes y la historia que quiere contar, sino que explora cómo ese acto de escritura influye transforma su propia vida, convirtiéndose en un punto de inflexión dentro de la propia obra.


