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Gràcies, Joan Manuel

El genio catalán se despide de Madrid para entonar su adiós final el próximo 23 de diciembre en el Palau Sant Jordi

Joan Manuel Serrat le da al público madrileño una justa despedida tras dos conciertos con un WiZink Center completamente lleno. Debemos agradecer una carrera de más de medio siglo en la que el cantautor ha compuesto la banda sonora de nuestras vidas.

Nuestro querido Serrat

Parece como si la edad no fuera con él. Cuando uno lo ve, a semanas de sus 79 años, encima del escenario bailando con una sonrisa de oreja a oreja, no puede ni creérselo. Tal y como nos confesaba Joaquín Sabina: «yo, de joven, quisiera ser como él». Y si la edad no combina muy bien con Serrat, con su público tampoco. Una de las virtudes que tiene, el Noi del Poble-Sec, es que se trata de un cantautor atemporal. No es exclusivo de una generación, el de Barcelona es patrimonio de la humanidad.

En fin, pese a que quien escribe no tenga ni la mitad de años que su carrera, no se puede hacer a la idea de su adiós. Eso no puede comprenderse. ¡Jamás lo dejaremos marchar! Quizás sea el egoísmo del público, que entiende al músico como una máquina engrasada e infinita. Nada más lejos de la verdad, Serrat no es una máquina. Joan Manuel es, más bien, un artesano del verso que ha pasado más de cinco décadas haciéndonos felices y eso, querido lector, no hay cómo pagarlo.

Joan Manuel Serrat en el Gran Rex de Buenos Aires | Fuente: Flickr

Universal, charnego y trashumante

Si digo que Serrat es de todos, no es un recurso literario. Esa voz, trémula e inconfundible, ha sido una constante histórica, un consuelo disciplinado. Cada vez que un pueblo ha derramado una lágrima o alzado un puño contra la injusticia, ahí ha estado Joan Manuel. Se las ha dado de frente con Franco, Pinochet o Videla. Ya lo sabemos, esos «Tienen doble vida, son sicarios del mal. Entre esos tipos y yo, hay algo personal».

Desde Ciudad Juárez hasta Tierra del fuego no hay quien no se emocione al nombrarlo. Estamos hablando de un cantautor total. La voz del despertador, el alfarero del poema de amor, el conductor de los sueños adolescentes, eso significa Joan Manuel Serrat. Nos ha hablado de amores, de justicia, de poesía, de amistad… Como un ladrón, se ha colado en nuestra memoria sentimental. En cualquier momento, cuando menos te lo esperas, te acecha una de sus canciones, Serrat juega contigo al escondite más tierno que puede existir.

El cantautor catalán, Joan Manuel Serrat.| Fuente: Flickr

El cantor de la alegría

«Defender la alegría como una certeza. Defenderla del óxido y la roña» le habría dicho su querido Benedetti. Un hombre, como Joan Manuel, nacido bajo las sombras de la posguerra y cuyos veranos de niñez transcurrieron entre las ruinas de Belchite, se tomó el osado lujo de reivindicar la alegría. Porque sí, sonreír – como tantas veces lo hace Serrat – es un lujo que pocos se atreven a permitirse.

«Pelea por lo que quieres y no desesperes si algo no anda bien. Hoy puede ser un gran día y mañana también» nos ha dejado escrito el maestro. Serrat nos ha enseñado que, tanto en tiempos de luz, como durante las peores escaramuzas de la Historia, debemos adentrarnos «en la magia de pasar de todo» montarnos con la gracia de los niños «en el carrusel del furo». Hay que pelear, soñar, reír, comprender que la sartén la tenemos por el mango.

Serrat en concierto | Fuente: Flickr

Quien lo probó lo sabe

Desde hacía mucho tiempo – allá por el siglo del Fénix de los ingenios – nadie le había hablado al amor cara a cara, sin miedo, como lo hace Serrat. «¡Ay, mi amor! Sin ti no entiendo el despertar» Si ni siquiera Curro el palmo lo entiende ¿Cómo podríamos nosotros vivir sin conocer el amor? ¿Sin entregarnos al pulso percutor de la pasión de Lucía? ¿Sin imaginar los zapatos de Penélope?

Ya hemos comprendido que, tal y como lo hacen los versos del maestro, el amor nos acecha, nos prende «semáforos carmín». Pero, aunque nos despidamos, seguimos teniendo esas palabras de amor, nacidas del soñar de los niños, que no se agotan. Porque, si como de un filosofo se tratase, hablamos de la doctrina de Serrat, debemos tener presente que «el amor no tiene cura y es eterno mientras dura a tope o al ralentí».

Serrat en concierto | Fuente: Flickr

Serrat y los poetas

¿Quién no habrá entonado los Cantares de Antonio Machado con la voz de Joan Manuel Serrat? O quizás los poemas de Mario Benedetti en su disco El Sur También Existe. Incluso, las nanas del genio de Orihuela, Miguel Hernández. El Nano nos ha cantado los versos de León Felipe o Rafael Alberti. Serrat ha trabajado como preservador de la poesía española, se la ha servido al pueblo en bandeja de plata, la ha hecho asequible.

Existe una teoría – y si no existiera, procedo a inventarla – que afirma que Serrat sería algo así como una especie de Juan de Mairena. Aquel ficticio profesor, creado por Machado, que ideaba la creación de una escuela popular de sabiduría superior y que, como lo hace Joan Manuel, dejaría la poesía al alcance de los más humildes. Como nos canta el profesor Serrat, hay que tomarse la vida «golpe a golpe, verso a verso».

Serrat y Mario Benedetti abrazados | Fuente: Flickr

Esos locos bajitos…

Tal vez una de las mayores razones por las que Serrat es amado por todas las edades sea su manera de tratar el tiempo y la nostalgia. Nadie habla, ni hablará de los hijos como lo hace él. Cuando dice que «nada ni nadie puede impedir que sufran […] que crezcan y que un día nos digan adiós…» no se puede evitar sentir un pellizco en el centro del pecho o una velada lagrimita en la mejilla.

El nido vacío – que todos conocemos -, la incertidumbre de la hija que abandona el hogar… En el caso de los jóvenes, cada vez que Serrat canta «qué va a ser de ti lejos de casa, nena, qué va a ser de ti», lo que en realidad se pasa por nuestra cabeza es más bien: ¿Qué va a ser de mi? ¿Cómo se pedalea sin una mano en el hombro? Es imposible no pensar en él como alguien de la familia, un amigo íntimo, un confidente. Al fin y al cabo, ha estado con nosotros a cada momento.

Joan Manuel Serrat cantando con Joaquín Sabina | Fuente: Flickr

Gràcies, Joan Manuel

Quizás por que nuestra niñez sigue jugando en tu playa y escondido tras tus versos duerme nuestro primer amor. Tal vez porque nos enseñaste que «mañana es solo un adverbio de tiempo» o que el corazón no entiende de idiomas. Podría haber sido tu vicio de cantar o que, al contrario de la paloma, nunca te has equivocado. Pero, la verdad es que, como sucede con todo lo bueno, no podemos explicar por qué nos gustas tanto Serrat.

Cualquier homenaje ante tu figura resultaría escaso y cojo. Pero, creo que no se puede ofender nadie si digo que, en nombre de la juventud y la alegría, de la locura y la humildad, de la música y la literatura, de nuestro idioma y de algunos otros, sería imposible devolverte todo lo que nos has regalado. Ayer, hoy y siempre: Gràcies per tot, Joan Manuel Serrat.

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