El grupo madrileño, Pignoise, hizo vibrar el antiguo Wizink Center con un espectáculo lleno de invitados, sorpresas y emociones
Madrid se rindió ante Pignoise en una noche de celebración, recuerdos y colaboraciones estelares. El pasado viernes, el Movistar Arena fue testigo de un viaje sonoro que repasó dos décadas de música de la banda madrileña. Álvaro Benito, Héctor Polo y Pablo Alonso volvieron a demostrar que su espíritu sigue intacto, con un concierto que fusionó la nostalgia dosmilera con la energía del presente.

El espectáculo arrancó puntual a las 21:00 con No sentar nunca la cabeza, un tema que encendió la chispa de un público ansioso por revivir su adolescencia. Le siguieron Por verte y Ando perdido, himnos que marcaron a una generación y que fueron coreados con fervor por los asistentes. Y es que la conexión con los seguidores fue total desde el primer acorde. Cama vacía y Los huesos mantuvieron el ambiente en lo más alto, recordando que el repertorio de la banda sigue tan vigente como siempre.
Un desfile de invitados
La noche no solo fue un reencuentro entre Pignoise y su público, sino también un crisol de colaboraciones inesperadas. La primera sorpresa llegó con Hens, quien aportó frescura al interpretar «Quiero», uniendo dos generaciones en un solo escenario. Poco después, Taburete se sumó para cantar Todo me da igual y, como un guiño a sus propios fans, regalaron Sirenas en un emotivo dueto con Álvaro Benito. La química entre los artistas y el entusiasmo del público protagonizaron posiblemente uno de las últimas apariciones en los escenarios del dueto madrileño.

Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó con la aparición de Rulo, que interpretó Sigo llorando por ti antes de dar paso a Mentiras, envolviendo el recinto en una atmósfera de melancolía. Más tarde, Los Secretos aportaron su sello inconfundible con Sin ti, en un claro homenaje a la historia del pop-rock español. La nostalgia flotaba en el aire, recordando a todos por qué esas canciones siguen emocionando después de tantos años.
Pero si algo terminó de encender el estadio fue la llegada de Loquillo. El legendario rockero, vestido de negro y con su inconfundible actitud, hizo estallar la euforia con Nada podrá salvarte y Cadillac solitario. Su presencia sobre el escenario fue arrolladora, consolidando el momento como uno de los puntos álgidos de la velada. Y cuando parecía que nada podía superar ese instante, Hombres G irrumpió en escena para interpretar Sufre mamón y Nada que perder, en un cierre apoteósico que recordó por qué su vínculo con Pignoise ha sido tan especial desde los inicios de la banda. La complicidad entre ambos grupos era evidente, y el público lo celebró con una ovación atronadora.

Un final de fiesta épico
El desenlace de la noche fue un torbellino de emociones. Con Estoy enfermo y Te entiendo, la banda alcanzó el clímax del espectáculo, dejando claro que su esencia sigue intacta. Álvaro Benito, visiblemente emocionado, aprovechó el momento para presentar a los miembros del grupo y agradecer al público por su apoyo incondicional. Mencionó la importancia de las bandas que tocan instrumentos en vivo y reivindicó la música en directo como una experiencia única e irreemplazable.

Antes del cierre definitivo, el trío sorprendió con Parece que va a llover, poniendo el broche de oro a una noche en la que la nostalgia y la euforia se dieron la mano. Entre saltos, gritos y emociones a flor de piel, el Movistar Arena despidió a Pignoise con la certeza de que su legado sigue más vivo que nunca. Más de dos horas de música en directo sirvieron para reafirmar que el grupo madrileño sigue siendo un referente en la escena española. A pesar de los años, su fórmula de rock desenfadado y letras pegajosas continúa funcionando, demostrando que la música no tiene fecha de caducidad. Madrid vibró, saltó y cantó. Pero sobre todo demostró que Pignoise sigue tan vivo como hace 20 años y que su historia, lejos de terminar, sigue escribiéndose con la misma pasión y energía de siempre.


