Un Pabellón Príncipe Felipe abarrotado confirma el magnetismo de un artista que sigue llenando su tierra de rock y emoción
Noche del 20 de septiembre, marcada en el calendario musical aragonés. El regreso de Enrique Bunbury a Zaragoza dentro de su Huracán Ambulante Tour 2025 no solo era esperado, era un acontecimiento señalado con mayúsculas por miles de seguidores.
Con las entradas agotadas desde hacía meses, el Pabellón Príncipe Felipe se vistió de gala para recibir al artista aragonés. A las 19:00 horas se abrieron las puertas y, pese a lo temprano de la cita, muchos fans llevaban ya varias horas en los alrededores.

Una puesta escena que rozó la teatral
Desde el primer vistazo al escenario, quedaba claro que no se trataba de un concierto al uso. Grandes lonas rojas cubrían la escenografía, otorgándole un aire casi teatral, como si el público estuviera a punto de asistir a un musical.
El reloj marcó las 21:00 horas, se encendieron las luces y apareció la banda que acompañaría a Bunbury en toda la velada. El arranque con Otto e mezzo fue la chispa que encendió al público, pero la verdadera explosión llegó cuando el artista pisó el escenario con la fuerza que siempre lo ha caracterizado.
La primera canción de la noche fue El club de los imposibles, recibida con una ovación ensordecedora. A partir de ahí, el repertorio fue un recorrido trepidante por varias etapas de su carrera, enmarcado por la iluminación cuidada y el juego de bombillas que envolvía al recinto.

Repertorio lleno de historia
Uno de los aspectos más valorados por el público fue la amplitud del repertorio. Canciones como De mayor, El extranjero o Desmejorado convivieron con piezas más recientes como Las chingadas ganas de llorar o Alaska.
El homenaje a Héroes Del Silencio, inevitable en una ciudad que fue cuna y testigo de aquella banda legendaria, provocó uno de los momentos más emotivos de la velada. Temas como Apuesta por el Rock And Roll recordaron a los asistentes que esa etapa forma parte de la memoria de varias generaciones.
La intensidad del concierto quedó también en manos de los músicos que acompañan a Bunbury. Cada integrante de la banda brilló en su ejecución, demostrando que todo ello es una maquinaria musical perfecta en cada detalle.

Vínculo irrompible con Zaragoza
Más allá de lo musical, lo que se ha vivido en el Pabellón Príncipe Felipe fue un encuentro brutal. Zaragoza, la ciudad natal de Enrique Bunbury, respondió con un lleno absoluto a más no poder. Se podían ver familias enteras, padres con junto a sus hijos que descubren ahora la música del artista…
Los momentos finales, con canciones como El viento a favor, El Jinete, Y al final y el cierre con Canto (El mismo dolor), fueron la guinda a una velada que desató una ovación prolongada. Aplausos que parecían no acabar, reconocimiento a un artista que ha convertido cada regreso a su tierra en una cita espectacular.
Bunbury demostró una vez más que su vínculo con Zaragoza es muy emocional. Su paso por la ciudad recuerda a los presentes que los sueños de aquel joven zaragozano se transformaron en una de las trayectorias más admiradas del rock en español.

Uno de los aspectos más llamativos de la noche fue la manera en la que el público se sumergió por completo en el concierto. Antes de que sonara la primera canción, una voz recordó a los asistentes lo importante de vivir la experiencia y no perderse en la pantalla del móvil.
Durante gran parte del show, apenas se vieron teléfonos en alto, y ese gesto marcó la diferencia. Enrique Bunbury y su banda han ofrecido un viaje musical de estos que recuerdas toda la vida, confirmando que el rock cobra una dimensión distinta cuando se siente sin filtros.


