La Sala Oasis fue testigo del gran golpe de una gira que promete sudor, guitarras y comunión absoluta con el público
El 2026 musical en Zaragoza no podía empezar de otra manera. La Sala Oasis se preparaba la noche del 10 de enero para recibir a La Paloma en una de las primeras paradas de su nueva gira. Una cita marcada en rojo para quienes llevan tiempo siguiendo el crecimiento imparable de la banda madrileña.
El público fue ocupando la sala con paciencia y expectación a partir de las 22:00H. La Paloma llegaba con Un Golpe De Suerte bajo el brazo, pero también con una trayectoria reciente que los ha colocado como uno de los nombres más sólidos del indie-rock nacional actual.
Antes del impacto: magia aragonesa
La noche comenzaba con protagonismo local. Multipla, banda emergente aragonesa, fue la encargada de calentar la sala una hora antes del plato fuerte. Tres jóvenes músicos, instrumentos en mano, defendiendo su propuesta con convicción, dejando claro que el talento local sigue reclamando su espacio.
Su actuación sirvió para romper el hielo y generar una primera conexión con un público que, aunque todavía reservaba energía, supo responder con respeto y atención. Multipla cumplió con creces su papel de amenizar la noche y sumar identidad a la cita.
Cuando el reloj se acercaba a las 23:00, la sala ya estaba muy llena. Las conversaciones bajaban de volumen y las miradas se dirigían de nuevo al escenario para recibir a uno de los grupos que tanto están dando que hablar.

Puntuales y al frente: el arranque de La Paloma
Sin rodeos ni esperas innecesarias, La Paloma apareció en escena con una puntualidad milimétrica. Desde el primer acorde quedó claro que el concierto iba a construirse desde la cercanía con una honestidad desarmante.
La introducción con En Mucho Tiempo marcó el tono inicial, seguida de Intacto y otros temas de Un Golpe De Suerte. La banda se colocó rápidamente al mando de la sala, compartiendo emoción con una Zaragoza que cantaba desde el minuto uno.
La puesta en escena fue sencilla: dos voces principales al frente con guitarras, bajo y batería al fondo. Vestuario indie-punk, actitud directa y cero distracciones visuales. Lo importante estaba en el sonido, aunque no todo fue perfecto al inicio.

Imperfección, ruido y complicidad
Los primeros compases del concierto estuvieron marcados por pequeños problemas de sonido que tardaron en resolverse. Lejos de esconderlos, la banda los asumió con naturalidad y una frase que define bien su filosofía: «Tocamos como podemos».
Poco a poco, el sonido fue encontrando su punto y la banda también. Cambios de guitarra entre canciones, cervezas sobre el escenario y una sensación constante de estar viviendo algo real, sin pose ni máscara.
La energía, al principio, venía más desde el público que desde el escenario. Pero conforme avanzaba el set, esa energía se contagió en ambas direcciones. La unión empezó a ser total.

Mirar atrás, saltar adelante
Pasada la media hora, el concierto comenzó a mirar al pasado. Canciones de Todavía No (2023) aparecieron como viejos conocidos que el público recibió con los brazos abiertos. Temas como Todo Esto o Quejas Célebres reforzaron la idea de que La Paloma no reniega de ninguna de sus etapas.
La Sala Oasis entró entonces en su punto álgido. Pogos constantes, manos alzadas y un público completamente entregado. Zaragoza estaba jugando su papel a la perfección, con sus propias cartas y sabiendo como disfrutar.
El tramo final fue un auténtico desahogo emocional. Elegante, Algo Ha Cambiado, La Edad Que Tengo, Bravo Murillo y Palos cerraron la noche con una intensidad que dejó la sensación de haberlo dado todo.

Con el último acorde aún flotando en el aire, los miembros de La Paloma y sus compañeros de banda se dieron la mano sobre el escenario. Agradeciendo así por haberlos acompañado en el primer concierto de su 2026.
La próxima parada será en Bilbao, el 15 de enero, con entradas aún disponibles en lapalomavive.com. Si algo dejó claro esta noche en la Sala Oasis es que Zaragoza ha arrancado con fuerza, confirmando que su agenda musical seguirá siendo uno de los grandes motores culturales de la ciudad.

