El Príncipe Felipe de Zaragoza vibra por todo lo alto con un concierto repleto de amor y una solidez de una banda en estado de gracia
Hay conciertos que funcionan como un espejo del tiempo. El de Fito y Fitipaldis en Zaragoza fue uno de ellos. Familias enteras, parejas y grupos de amigos se dieron cita para cerrar el año por todo lo alto junto a una de las formaciones más queridas del rock nacional.
El ambiente ya se veía de que iba a ser una gran noche. Los puestos de merchandising recibían a los primeros asistentes mientras el recinto se iba llenando con calma, pero con expectación. Fito y Fitipaldis llegaban a Zaragoza presentando El Monte De Los Aullidos, su nuevo trabajo, y con la promesa de un repertorio que miraría al pasado y al presente.

Un inicio reconocible y directo al alma
La puesta en escena fue sobria pero efectiva. Un círculo blanco proyectado al fondo del escenario, con la silueta de Fito Cabrales y su inseparable guitarra, marcó el inicio del show. A Contraluz sirvió como carta de presentación antes de que el telón cayera para mostrar a toda la banda en escena.
El arranque fue con canciones como Un Buen Castigo, Por La Boca Vive El Pez, Me Equivocaría Otra Vez y Entre La Espada y La Pared. El público respondió de inmediato cantando cada verso como si fuera suyo.
Aunque hubo algunos ajustes de sonido en los primeros minutos, el propio Fito los afrontó con naturalidad y humor. «Son cosas que pasan», comentó desde el escenario, restando importancia y reafirmando que lo esencial estaba intacto: las canciones.

El peso de la banda y la identidad del directo
Uno de los grandes valores de Fito y Fitipaldis en directo es el protagonismo colectivo: Carlos Raya a la guitarra, Javier Alzola al saxofón, Coki Giménez a la batería, entre otros…
Cada músico tuvo su espacio sin perder la cohesión del conjunto. Los arreglos sonaron precisos y elegantes, manteniendo ese equilibrio entre rock, swing y blues que define al grupo. El saxofón de Alzola, en particular, fue uno de los elementos más celebrados por el público.
El juego de luces, marca reconocible de esta gira, acompañó al desarrollo del concierto sin caer en excesos. Visualmente limpio y bien sincronizado, reforzó los momentos clave del repertorio y aportó una dimensión extra a la experiencia.

El nuevo disco y el diálogo con el pasado
A medida que avanzaba el concierto, el protagonismo se repartió entre los grandes clásicos y los temas de El Monte De Los Aullidos. Las nuevas canciones encajaron con naturalidad, demostrando que el proyecto mantiene la esencia de siempre sin quedarse anclado en ella.
La inclusión de referencias a etapas anteriores, como Cada Vez Cadáver, sirvió para trazar un recorrido completo por la trayectoria del grupo. No se trató de un ejercicio de nostalgia, sino de una reafirmación de identidad.
El Príncipe Felipe, completamente lleno, vivió uno de sus momentos más intensos cuando sonaron Soldadito Marinero y La Casa Por El Tejado. El pabellón se convirtió en un coro unánime, confirmando el carácter transversal de unas canciones que no entienden de edades.

Una carga emocional que pesa en la mochila de la vida
La recta final del concierto llegó con Antes De Que Cuente Diez, Ardi y Garabatos, cerrando un repertorio pensado para dejar huella. Fito Cabrales, cercano pero contenido, se mostró especialmente concentrado durante todo el show.
No ha sido una semana fácil para el artista tras la reciente pérdida de Robe Iniesta, una figura clave en su vida personal y musical. Sin necesidad de grandes discursos, el respeto y la emoción estuvieron presentes de forma silenciosa, integrados en cada canción.
En Zaragoza, Fito mostró entereza y profesionalidad, transformando el dolor en un homenaje implícito a la vida y a la música, valores que siempre han definido toda su trayectoria.

Con este concierto, Fito y Fitipaldis firmaron una de las citas más destacadas del 2025 en Zaragoza. Un directo honesto, sólido y emocional que reafirma el lugar del grupo en la historia reciente del rock en español.
El Príncipe Felipe vivió así su penúltimo concierto de 2025, en una noche para enmarcar. No solo cerraron el año: dejaron una huella profunda en la capital aragonesa, recordando que algunas canciones no envejecen, simplemente crecen con quienes las escuchan.


