Como el final de sus conciertos y entonando las mismas palabras, se despedía su banda y sus seres más queridos: «¡Hasta siempre Robe!, «¡Hasta siempre, siempre!, «¡Hasta siempre siempre, siempre!
Ha muerto el rey de Extremadura, y el rey del Rock. El que siempre llevó por bandera su Plasencia natal en 1962. Robe Iniesta no fue solo un cantante, ha sido el último gran filósofo contemporáneo de la lengua hispana. Él fue quien nos animó a arreglar el mundo con sus canciones, siempre macarras, salidas de tono y perfectamente imperfectas.
En esta última etapa musical, donde veíamos a un Robe más disfrutón, sensible y real. Con sus «enfados» con el público al recordarles por enésima vez que guarden el móvil para disfrutar del «aquí y ahora».
Desde 2015 y con un Extremoduro guardado en la mesita de noche, Robe daba paso a su última etapa musical, con él como protagonista. Una etapa más íntima, y punzante. Con versos más sinceros y directos. Y haciendo algo que no todo el mundo puede presumir a día de hoy: hacer música.
Su última etapa musical
Con Lo Que Aletea en Nuestras Cabezas, Robe se convertía por primera vez en un pájaro guerrero y, en un disco que pudiera parecer embelesado y romántico, te arranca ese sentimiento a golpe de batería en De Manera Urgente. Pero así es Robe, lo que te da te lo quita, y te lo devuelve en forma de más música.
En su segundo disco, Destrozares, Canciones para el Final de los Tiempos, Robe se harta de la humanidad. Asume que «está todo perdido» y desde un tono más filosófico nos habla del tiempo, del bien y del mal y de aquello que queremos pero no debemos tener.
Para llegar al culmen y uno de sus momentos más álgidos tras la pandemia, con Mayéutica en 2021. El disco que lo cambió todo y la forma de muchos de entender la música. Un disco compuesto por un interludio, cuatro movimientos y una coda final. Una carta, un poema narrado que interpreta todas las emociones recogidas en los dos anteriores discos.
Un Robe que vuelve a la vida tras una catarsis, que se ahoga en la filosofía, y que finalmente revive y ve la luz. Para asumir algo, que ya sabíamos pero que hacía falta que nos recordara: entender que en esta vida solo nos queda vivir y sentir al máximo, aliviado de no ser el dueño de sus propias emociones.
Finalmente, y con el disco que el cantante sacó hace dos años, Se nos lleva el aire. Su disco despedida y, en el que de alguna forma, ya se nos despedía. Robe recupera ese pájaro que aleteaba, esta vez para planear y dejarse llevar por el aire. Un disco que nos hace un resumen de toda la discografía de Robe y de su filosofía moderna en forma de acordes: introspección interior, estoicismo, el arte de amar o el amor al arte, su irremediable lucha contra el sistema y simplemente el amor como bandera.
Al final de la vida, el cantante nos recuerda que se nos lleva el aire. Ahora solo nos queda vivir como al abuelo Robe le gustaría vernos: sin nada que perder, a veces de forma ininteligible, y recordando, que todo en la vida se pasa, gracias al poder del arte.
Gracias por todo maestro, vuela alto.

