David Muntané lanza Garrapaterías, un nuevo proyecto que resalta lo cotidiano, lo festivo y lo poético desde Andalucía
Garrapaterías bebe de la rumba, el flamenco y la canción de autor para construir un universo sonoro y visual. En este trabajo, el costumbrismo dialoga con el surrealismo, rindiendo homenaje al espíritu libre y garrapatero de Migue Benítez.
Origen y espíritu garrapatero
Garrapaterías nace de la mano de David Muntané e Inés de Miguel, dos jóvenes músicos que encuentran un punto de unión en la necesidad de rendir homenaje a Migue Benítez, uno de los integrantes de Los Delinqüentes. En este álbum, la música se entiende como celebración cotidiana, como espacio donde conviven la alegría, la melancolía y el costumbrismo popular.
David, formado en percusión clásica en el Conservatorio Zyriab de Córdoba, ya había explorado otros territorios con su banda El Pantano. Sin embargo, Garrapaterías surge en paralelo, casi como un refugio íntimo, hasta consolidarse en un dúo brutal. La canción que da nombre al proyecto fue el germen de todo: a partir de ella se construyó un universo donde lo local se vuelve universal.
La rumba como raíz
La base del proyecto son siempre las dos voces y guitarras de David e Inés, a las que se suman, según lo requiera cada tema, piano o percusiones diversas.
La escala flamenca articula gran parte del lenguaje armónico, con referentes claros como Triana, Los Delinqüentes o Ray Heredia, pero sin caer en la imitación. Las letras transitan entre el amor y el desamor, la soledad y la vida cotidiana, siempre filtradas por un uso constante de la metáfora y un ligero surrealismo. Esa tensión entre lo cotidiano y lo simbólico es una de las claves del proyecto.
Un directo cercano
El concepto artístico se extiende más allá del sonido. La portada del álbum funciona como manifiesto visual: un collage que mezcla lo digital y lo artesanal, inspirado en el patio cordobés, sus azules, su luz y su imaginario popular. Elementos en 3D, fotografías reales y un acabado analógico se mezclan para construir una estética coherente que se prolonga en los vídeos y animaciones. El proyecto apuesta por una combinación de imagen real y animación artesanal, dibujada y pintada frame a frame.
Sobre el escenario, este nuevo trabajo mantiene la misma filosofía: un directo sencillo, cercano y honesto, con cuatro músicos que trasladan fielmente el espíritu del proyecto. Sin artificios ni excesos, la propuesta se sostiene en la complicidad y la palabra cantada. Esa sensación de estar asistiendo a algo que nace desde lo cotidiano para convertirse, canción a canción, en celebración compartida.

