El pop delicado de la artista pamplonesa y la estética de su último disco guiaron la experiencia a todos los fans en la Sala Oasis
La noche del 13 de marzo dejó en Zaragoza una de esas despedidas con cierta sensación de final de capítulo. Natalia Lacunza eligió la ciudad para cerrar su recorrido por salas con un concierto que funcionó como resumen de su presente artístico: un equilibrio entre su sonido actual y las canciones que han construido el vínculo con su público durante los últimos años.
El concierto, celebrado en la Sala Oasis dentro de la programación de Inverfest, reunió a un público que acudió con ganas de despedir esta etapa junto a la artista pamplonesa. Aunque no se colgó el cartel de sold out, la sala presentó una muy buena entrada y una vibra que acompañó de principio a fin a una artista que parece sentirse especialmente cómoda cuando pisa Zaragoza.

Una antesala íntima con Ganges y la expectativa del final de gira
Las puertas se abrían a las 20:00 y poco a poco la sala comenzó a llenarse de asistentes dispuestos a vivir el cierre de esta gira. Antes del plato principal, la noche arrancó con la actuación de Ganges, encargada de preparar el ambiente durante aproximadamente media hora.
Su actuación sirvió como una transición suave hacia lo que vendría después. Con un sonido delicado, la artista logró captar la atención del público que ya empezaba a ocupar cada rincón de la sala. Aunque muchos asistentes esperaban con ganas la aparición de Natalia, la actuación de la telonera se sintió como un pequeño respiro musical antes del momento central de la noche.
Ese tipo de aperturas suelen tener un papel complicado, pero en este caso cumplió perfectamente su función: mantener la energía del público activa mientras crecía la expectación por el show.
El arranque del concierto: “N2STAL5IA” toma el escenario
A las 21:45 las luces se apagaron y el escenario comenzó a revelar la estética del show. Sobre él aparecieron los tres músicos que acompañan a la artista —batería, teclado y guitarra— junto a un elemento visual que se ha convertido en símbolo de esta etapa: el sillón azul asociado al universo de su último proyecto.
El concierto arrancó con varios temas de N2STAL5IA, dejando claro desde el inicio cuál era el eje narrativo de la noche. Canciones como “Sabes qué???”, “Canciones sobre nada” o “Te enamoraste” marcaron el tono del inicio del directo, mostrando a una Natalia segura sobre el escenario y muy conectada con su público.

Un recorrido por su discografía: nostalgia, evolución y conexión
Con el concierto ya en marcha, Natalia comenzó a moverse por diferentes etapas de su carrera. El setlist no se limitó a su último trabajo, sino que también abrió espacio para canciones de Tiene Que Ser Para Mí, el proyecto que lanzó en 2022 y que consolidó su identidad artística.
Durante esta parte del concierto sonaron temas como “Apego Feroz”, “Un Castigo”, “Otro Culito” o “Faber Castell”, canciones que el público coreó con fuerza y que demostraron la conexión que mantiene la artista con quienes la siguen desde hace años.
También hubo espacio para rescatar canciones de DURO, un proyecto muy querido por sus seguidores. Estas interpretaciones aportaron un toque de nostalgia al concierto, recordando etapas anteriores de su carrera y reforzando esa sensación de viaje musical que fue construyéndose a lo largo de la noche.

El tramo final: emoción entre los fans y despedida en Zaragoza
A medida que el concierto avanzaba hacia su recta final, el ambiente en la sala se volvió todavía más emotivo. Uno de los momentos especiales llegó con la interpretación de “Prefiero”, canción que comparte con María Escarmiento y que fue recibida con entusiasmo por el público.
La última parte del show estuvo marcada por varios de los temas más celebrados de su repertorio. “Plastilina” y “Muchas Cosas” fueron preparando el terreno para el cierre definitivo del concierto, en el que Natalia se mostró agradecida y visiblemente emocionada por terminar esta etapa rodeada de su público.
El final llegó con “Nana Triste”, la conocida colaboración con Guitarricadelafuente. La canción, coreada por gran parte de la sala, se convirtió en un cierre brutal para un concierto que combinaba de todo con su estilo especial.

Con este concierto en la Sala Oasis, Natalia Lacunza pone punto final a su gira de salas, una etapa que ha servido para presentar su último trabajo y seguir consolidando su relación con el público. Zaragoza, una ciudad que siempre la ha recibido con cariño, fue el escenario elegido para cerrar este recorrido.
Aunque el final de la gira marca el cierre de un capítulo, también deja abierta la puerta a lo que vendrá después. Con los festivales de verano a la vuelta de la esquina, no sería extraño volver a ver a la artista pamplonesa sobre distintos escenarios del país.


