El estreno absoluto de Dicha y Desdicha del Juego y Devoción de la Virgen llenó de carcajadas el Corral de Comedias de Alcalá en el Festival Iberoamericano del Siglo de Oro
Dicha y Desdicha del Juego y Devoción de la Virgen es una comedia escrita por Ángela de Azevedo, una dramaturga portuguesa, reconocida por su contribución al teatro del Siglo de Oro español. Con ese texto, la dramaturga y directora, Julieta Soria ha querido hacer una versión que ha sido representada por primera vez en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares.
Soria creó en el escenario un tablero de juego que invitaba a imaginar diferentes espacios escénicos. Podías estar sobreviviendo a las tormentas de alta mar o viendo como Fabrique se daba un baño de masas a su vuelta de las Indias. Además, ese tablero se convirtió en el espacio idóneo para que el Demonio y la Virgen jugaran con el futuro de las dos relaciones principales de esta comedia. Y, donde también, se pusieron sobre la mesa varios de los conflictos más importantes de las obras clásicas: el azar, la fe y el amor.
Un elemento innovador de la dirección de Julieta Soria fue la utilización de marionetas para añadir un cuarto personaje. Así crea una dimensión adicional a la narrativa escénica. Las marionetas, no solo aportaron un elemento visual atractivo, también permitieron crear imágenes creativas y contar la historia desde otra perspectiva más abstracta y simbólica.
El ritmo de la obra fue, en su mayoría, fluido y bien orquestado. Uno de los elementos que más ritmo le daba a la escena era la música. Esta ayudaba a meter al público en la atmósfera distendida y cómica de la obra. También, los apartes que rompían la cuarta pared hacían que cambiaran los ritmos de la escena. Con esto conseguía una mayor atención del espectador y calmaba el ambiente sobrecargado del que se venía.

Pero lo más destacable de esta obra es, sin duda, la gran labor actoral de los tres actores que formaban el elenco. Juan Cañas, Ernesto Arias y Carolina Calema se trabajaron, mínimo dos personajes. Cada uno de estos personajes tenía su actitud y su matiz diferente al representarlo. Y esto no expresaba solo a través del texto o del cambio de vestuario, sino que también se veía en la forma de caminar y de modular la voz.
Juan Cañas utilizaba su buen trabajado imaginario para trasladar al espectador a todos los espacios en los que él estaba metido, con movimientos sutiles como estrujar la chaqueta después de haber salido de un naufragio.
Ernesto Arias demostró el don que tiene para la comedia haciendo reír al público. Sabía perfectamente qué expresiones faciales tenía que poner, o de qué manera se tenía que colocar el sombrero para sacar la carcajada del espectador.
Y, Carolina Calema se encargó de poner la parte más dramática de la obra. Los dilemas de sus personajes alentaban a reflexionar sobre cómo siempre salían perjudicadas las mujeres en las apuestas y los juegos de hombres. Y también, sobre cómo siempre las mujeres debían estar ligadas y obedecer a las decisiones que los hombres tomaban por ellas.
Por último, se puede decir que la visión innovadora de Julieta Soria ha modernizado el texto clásico de Ángela de Azevedo. La combinación de marionetas, música y apartes, junto con la interpretación de Juan Cañas, Ernesto Arias y Carolina Calema, creó una atmósfera envolvente que mantuvo al público atento y emocionado. Esta obra no solo entretuvo, sino que también recordó las injusticias históricas que siguen resonando hoy.



