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La leyenda de LeBron James: el hombre de los 40.000 puntos

El hombre de los 40.000 puntos: de «sin-techo» a mito

La pasada semana LeBron James consiguió un hito que parecía inalcanzable: los 40.000 puntos en toda su carrera. Tras convertirse la pasada temporada en el máximo anotador de la historia de la NBA, el niño de Akron añadió a su ya alucinante lista de éxitos una marca que parece que perdurará por los siglos de los siglos. Siempre entre tantos debates sobre su estatus en el «Monte Olimpo del baloncesto», si ya ha superado a Michael Jordan o siquiera puede compararse con él, James continúa su legendaria carrera con su incomprensible longevidad y consistencia que parece no acabar ni en su vigésimo-primera temporada. El niño «sin-techo» porque, realmente, ni siquiera el cielo es el techo para esta leyenda viviente.

Just a kid from Akron: la dura infancia de LeBron

LeBron Raymond James nació el 30 de diciembre de 1984 en Akron, Ohio. Si ya nacer en ese lugar parece un castigo, el mundo le tenía gastada otra broma al joven James: su padre les abandonó a él y a su madre Gloria, de tan solo 16 años. Gloria pasó de ser una niña a una madre de la noche a la mañana, y tras la muerte de su madre, se vio obligada a sacar adelante a ese pobre niño ella sola. Dando tumbos de un lugar a otro, los James nunca se asentaron en ningún hogar lo que creó una gran presión sobre el joven LeBron, que tenía problemas para integrarse y encajar con los niños que tenían de lo que él carecía.

Tal era su miedo que llegó a un punto en el que el LeBron no quería ir a clase para que no se rieran de él. Gran parte de este problema era crecer sin una figura paterna. Un problema lamentablemente común en Estados Unidos, donde se calcula que cerca de 28 millones de chicos llegan al mundo sin el progenitor y la inmensa mayoría son negros. No es casualidad que las cifras de delincuencia estén atadas a esa situación. Las estadísticas demuestran que el 94% de los jóvenes con antecedentes delictivos no han tenido un modelo masculino positivo en sus vidas. Y para más inri, el 72% de los chicos que han cometido algún asesinato y el 60% de los que cometieron una violación crecieron sin padre. Y si a eso le añadimos el crecer en la peligrosa Akron, LeBron James estaba destinado al fracaso. Un chico bueno en una ciudad loca, como diría Kendrick Lamar.

Un pequeño LeBron James ya con un balón entre las manos. | Fuente: Pinterest

La verdadera figura paterna de LeBron

Parece que Dios se la tenía jurada a James, pero dentro de tanta oscuridad siempre hay algún halo de luz: el chico era un portento. Él no era consciente, simplemente jugaba en la calle y evadía por un momento su realidad. Pero Frank Walker, su entrenador, fue el primero en ver al LeBron James que todos conocemos. Pero también era conocedor de su situación. Acordó con Gloria que LeBron se mudara con él y su familia mientras ella intentaba estabilizar su vida. El resultado: James pasó de no querer ir a clase a tener un premio de asistencia. Por fin pudo experimentar un ambiente familiar positivo, el crecer dentro de una normalidad y olvidarse de los problemas de las calles y del dinero.

Bufón o leyenda, un estigma desde los 16 años

Después de una infancia llena de tumbos y precariedad, LeBron conoció una estabilidad gracias a la familia Walker. Además, empezó a despuntar en el deporte llamando la atención del estado siendo el número uno en Ohio en baloncesto y fútbol americano. Pese a que esto ya daba a intuir que LeBron tendría un gran futuro como atleta, nadie esperaba lo que iba a venir. Bueno quizás LeBron sí. Su imponente físico sumado a su suprema inteligencia en la cancha le hacían un Magic Johnson con los súperpoderes de Michael Jordan. Eso hizo que todos los focos del país apuntaran a una nueva super-estrella que dominaría el deporte: El Elegido. Así lo denominó la prestigiosa revista Sports Illustrated. Casi nada para un niño de 16 años.

LeBron James, de 16 años, catalogado como ‘El Elegido’. | Fuente: @nicekicks & @legoatjames_6 (X)

En menos de una década LeBron James pasó de ser una futura víctima de un sistema injusto a ser el heredero al trono de la NBA. Por fin algo bueno… O eso parece. LeBron era el jugador más anticipado de la historia de la Liga, más que Magic, Mike, Kobe, Duncan, Alcindor… Sus partidos de instituto se retransmitían a todo el país. Estaba destinado a ser una leyenda, es más, debía serlo. Pero todo su talento no era suficiente para conservar la cordura ante la mayor presión jamás vista para un deportista. Pero el elegido también posee una cabeza privilegiada. El draft de 2003 vio una de las mejores camadas de jugadores de la historia con Wade, Carmelo y Bosh junto a LeBron como número 1 directo del instituto sin pasar por la universidad.

«Todos querían verme fracasar cuando llegué a la liga» dijo recientemente el jugador tras superar la barrera de los 40.000 puntos. Si parecía imposible cumplir las expectativas que le confiaron, LeBron no solo las alcanzó, sino que las ha superado. Tras 21 años de carrera y pasar por arcos de villano y redención, LeBron James es un 4 veces campeón de la NBA con tres equipos distintos (Heat, Cavaliers y Lakers), 4 veces MVP de las finales (el único en conseguirlo con tres equipos distintos), 4 veces MVP de la temporada, 20 veces All-Star (récord), 19 veces All-NBA (récord), máximo anotador histórico de la NBA, tres veces medallista olímpico siendo dos de oro, más de 1000 partidos consecutivos anotando 10 o más puntos (la última vez que no lo logró fue en 2007), cantidad innumerable de récords de precocidad y veteranía… Podríamos hacer un artículo hablando solo de sus logros. Una consistencia jamás vista por parte de un baloncestista, quizás de un deportista.

¿Qué significa LeBron James para el baloncesto y el deporte?

LeBron James es héroe y es villano. Un ídolo para muchos, un fanfarrón para otros. El mejor de la historia o un sobrevalorado que jamás llegará a la altura de Michael Jordan. Una trayectoria marcada por una carrera contra un fantasma, una sombra que siempre le persiguió. Pero aun así consiguió crear su propio legado. Un jugador capaz de llevar a una medianía a las finales no solo una vez, sino dos. Siempre tildado de flojo, de no tener un afán competitivo como el de Jordan o Kobe. Pero que llegó diez veces a las finales, ocho veces de ellas consecutivas (de 2011 a 2018), algo no visto desde los Celtics de Bill Russell, pese que en muchas ocasiones era el claro David contra Goliaths que le apalearon como las dinastías de Warriors y Spurs.

Juzgado por ser un cobarde al huir a Miami y fracasar pese a triunfar más tarde. Jordan nunca hizo eso. Bueno tampoco remontó un 3-1 en las finales. Contra el mejor equipo de la historia de la fase regular. LeBron sí. Su redención se completó, dándole al equipo de su ciudad natal el ansiado campeonato que tanto anhelaban. Pero tampoco era suficiente. Tampoco lo fue su anillo en la burbuja. Ni sus logros en sus treinta, casi cuarentas. Con LeBron siempre ha habido «peros». Pero eso no es algo malo. Nadie ha sufrido ese tipo de presión y expectativas. ¿Por qué? Quizás porque en el fondo, muy a su pesar, saben que LeBron sí es el mejor.

Lo que sí está claro es que LeBron es el jugador más completo de la historia. Suyo es el mérito de ser el impulsor de esta liga aposicional donde todos pueden jugar a todo. De hecho, es el único jugador en haber sido catalogado en todas las posiciones durante una temporada. Todas. Desde base hasta pívot. Tal es su versatilidad que no sólo es el número uno en puntos, también es el cuarto histórico en asistencias. LeBron es Magic Johnson en el cuerpo de Karl Malone. Pero con una longevidad Bradyniana. Una longevidad jamás vista. Porque no solo es el hecho de que siga jugando, sino al nivel al que lo hace. LeBron James es un ejemplo de excelencia continuada durante dos décadas, con un nivel de responsabilidad y competitividad digno de los más grandes. El súper atleta de los súper atletas.

LeBron James en «su trono» junto a todo su palmarés. | Fuente: @nbaontnt (Instagram)

Los mitos no duran por siempre… ¿O sí?

Podría hacer un nuevo inciso sobre LeBron como deportista, su grandeza… Pero es que se pueden crear argumentos sobre si la figura de James es más grande fuera de la pista. Padre ejemplar de dos niños y una niña pese a no haber tenido uno, casado con su amor del instituto, nunca ha tenido escándalos sexuales, ni de drogas, armas… Pese a haber vivido un gran hermano desde los 16 años. Una cabeza privilegiada. Pero a esto le sumas ser un ídolo de la cultura afro-americana que nunca ha tenido miedo de expresar abiertamente sus ideas. Además, en 2018 creó el «I Promise School», una escuela en su ciudad natal para niños con precariedad y dificultades, para que no tengan que pasar por lo que él pasó. Asimismo es una estrella de Hollywood, ya que fue el protagonista de la segunda entrega de Space Jam en 2021.

LeBron en la inauguración de su escuela «I Promise» en 2018. | Fuente: @Pinterest

Representa los valores americanos y la idea del sueño americano a la perfección. Y aún así, es el más odiado. En 2021, un estudio demostró que LeBron James es el deportista que más agresiones verbales sufre en redes sociales por un margen bastante amplio con respecto al segundo. Pero ahí sigue. Como si fuera el primer día. Pese a toda la presión. Pese a todo el odio. LeBron es único.

No sabemos cuanta gasolina le queda, si esperará a sus hijos para jugar con ellos en la NBA… O a lo mejor se cansa al más puro estilo Forrest Gump y lo deja mañana. Nada es para siempre. LeBron será una nueva demostración del amor que reciben los deportistas cuando se retiran. Le pasó a Kobe, le está pasando a Brady y muy probablemente le pase a él. Por eso, deberíamos disfrutar de un deportista y una figura única. No habrá otro LeBron James. Porque él, en realidad, siempre fue el elegido. El monarca del baloncesto que sabemos que no durará para siempre. Pero que, sigue siendo el Rey.

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