En sus 11 años de vida, Fariña se ha enfrentado a un secuestro judicial de tres meses y un convulso caso en los Tribunales contra el narco Laureano Oubiña
Un 17 de septiembre del año 2015, Nacho Carretero emprendía su debut literario con Fariña. Historia e indiscreciones del narcotráfico en Galicia. Tras dos años de investigación, la editorial Libros del K.O. publicó este ensayo de más de 300 páginas sobre los vínculos del narcotráfico con la clase política, esfera judicial y sociedad de Galicia.
Fariña demuestra cómo, desde los años 80, el contrabando gallego pasó del tabaco a centrarse en drogas como el hachís o la cocaína. Desde sus primeros días en el mercado, Fariña causó un fuerte impacto en el narcotráfico gallego y empezaban a llegar las primeras demandas.
«Cuando publico Fariña en septiembre de 2015, me llega una demanda al mes de un narcotraficante súper potente de Galicia. Pero esa demanda desaparece porque el tío era tan fuerte que la gente que trabajaba para él de los carteles de Colombia le pidió que retirara la demanda», afirmó Nacho Carretero en el acto El True Crime frente a la Justicia: Análisis del Caso Fariña.
El secuestro del libro por un protagonista inesperado
La mayor batalla judicial a la que se enfrentó el libro tuvo lugar en enero de 2017. Hasta aquel entonces, Fariña había logrado vender más de 40.000 copias. No obstante, el exalcalde de O Grove, Alfredo Bea Gondar, denunció a Nacho Carretero y Libros del K.O. El motivo de la denuncia fue que Fariña mencionaba que el exalcalde había sido procesado por delitos de narcotráfico y blanqueo de capitales.
Nacho Carretero relató que «la última posibilidad de poder meterme en líos por este libro era por este alcalde. Su historia era una línea en un libro de 300 páginas». A raíz de esta denuncia, el 5 de marzo de 2018, la jueza Alejandra Fontana ordenó el secuestro del libro.
«Y pensé, ¿va a ir a la policía a las librerías a retirarlo? Me dijeron que sí. A raíz de eso, perdimos el control de Fariña porque se hizo una gran bola mediática», destacó Nacho Carretero.

Fariña fue retirado de todas librerías de España y también se prohibió su venta online. Ante esta situación, el Gremio de Librerías de Madrid creó la herramienta Finding Fariña para permitir la lectura de esta obra por medio de la versión online de Don Quijote.
Sin embargo, el 23 de marzo de 2018, el Juzgado de Instrucción número 7 de Collado Villalba ordenó el cierre de esta página web.
El regreso a las librerías y otros casos similares
Finalmente, el 22 de junio de 2018, la Audiencia Provincial de Madrid puso fin al secuestro judicial del libro. Fariña regresó a las librerías y, gracias a este caso judicial, obtuvo una gran popularidad.
En febrero de 2026, Fariña ya cuenta con 16 ediciones y 133.000 copias vendidas. No obstante, Nacho Carretero recordó que «como periodista, estás trabajando mucho tiempo para que esto no pase».
«Fue un trabajo muy duro y de mucho tiempo, que vi borrado por una jueza que prohibía este libro. Si una jueza dice que lo que hemos publicado es mentira, es un golpe a la línea de flotación de cualquier periodista», reconoce el autor.

Un libro u obra artística puede ser judicialmente secuestrado por aplicación del artículo 729.7 de la Ley de Enjuiciamiento Civil. De hecho, Fariña no es el único texto que ha vivido una situación de este tipo. En el año 2000, el libro Qué pasó en Alcàsser fue secuestrado por una denuncia de Rosa Folch, madre de una de las víctimas del caso.
También destaca el secuestro de la biografía Yo también sé jugarme la boca. Sabina en carne viva. La biografía de Sabina fue secuestrada en 2006 por conflictos de derechos de autor con la editorial Random House-Mondadori. Otro ejemplo de la aplicación de esta medida tuvo lugar en 2007 con el secuestro judicial de un ejemplar de la revista El Jueves. En la portada de dicha revista, los Príncipes de Asturias (por aquel entonces, Felipe y Letizia) aparecían en una caricatura manteniendo relaciones sexuales.
La serie también llega a los Tribunales
Mientras el libro permanecía secuestrado, Antena 3 emitió la serie Fariña. Esta ficción basada en hechos reales y producida por Bambú tuvo un aterrizaje exitoso en televisión con una media de 2.581.000 espectadores por episodio.
Además, la serie llegó a la plataforma Netflix en agosto de 2018. Bajo el título Cocaine Coast, este producto audiovisual se puede ver en más de 140 países.
En el primer capítulo de la serie, la policía detiene en la Operación Nécora a importantes narcotraficantes gallegos como Manuel Charlín o Sito Miñanco. Entre los detenidos, también se encuentra Laureano Oubiña.
En la serie, Laureano Oubiña es arrestado por la policía mientras mantenía relaciones sexuales con su mujer en el Pazo de Baión. Por este motivo, Oubiña decidió denunciar a Netflix, Atresmedia y Bambú en marzo de 2018.
«Lo que pedía Laureano Oubiña es que se eliminaran tres secuencias de sexo de la serie que vulneraban su derecho a la intimidad», contaba Giuseppe Di Bella, exresponsable de propiedad intelectual de Netflix. «Además, él reclamaba que se le había imputado que era traficante de cocaína cuando él solo había sido condenado por ser traficante de hachís (vulnerando su derecho al honor)».
Un aspecto relevante de las reclamaciones de Oubiña es que el narcotraficante consideraba dañado su derecho a la propia imagen porque se usaba su nombre y apellidos en la serie.
«Es curioso que Laureano Oubiña diga que su nombre se ha usado comercialmente por parte de Fariña cuando, a raíz del libro y la serie, él ha hecho camisetas y merchandising. Él también se ha lucrado con esto», recordó Marta Sánchez Esparza, periodista y doctora en Ciencias de la Información por la Universidad de Málaga.

La importancia de la sentencia
Desde los primeros compases del proceso, el juicio adquirió una importante relevancia mediática. «Cuando llegamos al juicio a Vilagarcía de Arousa, estaba lleno de prensa», recuerda Di Bella. Aunque el caso fue desestimado inicialmente, un recurso presentado ante la Audiencia Provincial de Pontevedra dio la razón a Laureano Oubiña.
Finalmente, tras siete años de batalla en los tribunales, el Tribunal Supremo anuló en diciembre de 2025 dicha sentencia de la Audiencia de Pontevedra y decretó que no se había vulnerado el derecho al honor del contrabandista gallego.
Santiago Torres, exjuez y uno de los abogados del equipo de Fariña, considera que este caso es un precedente judicial crucial: «Tiene una importancia radical porque es de las pocas veces que se había analizado en España lo que es una ficción basada en hechos reales».
«Es un caso tan importante para la industria porque marca las fronteras del derecho a la intimidad, honor y propia imagen con el derecho a informar y realizar creaciones artísticas«, recordó el exjuez que encarceló a Jesús Gil. Di Bella también coincide con la visión de Santiago Torres: «Si la sentencia del Supremo era favorable a Laureano Oubiña, se hubiese producido un fuerte golpe a la libertad creativa y storytelling en España».
Para Santiago Torres, el principal problema para poder juzgar estos casos que enfrentan el honor de las personas con la libertad creativa es la falta de legislación potente. «Tenemos unas normas bastantes deficientes sobre esta materia como la Ley Orgánica 1/1982. La reforma que se plantea de la misma deja mucho que desear. Además, la jurisprudencia sobre estos casos es muy caótica y casuística», afirmó Torres.

“Fariña hoy no se podría hacer”
«A raíz de este caso, si hoy se plantea Fariña con nombres reales y escenas tan explícitas, ninguna plataforma la aprobaría. Fariña hoy no se podría hacer», lamentó Nacho Carretero.
Según el escritor gallego, el sector audiovisual español tiene “demasiado temor a la llegada de una posible demanda. Esto hace que no haya una libertad investigativa y creativa adecuada para una sociedad moderna”.
Esta realidad afecta especialmente a géneros como el true crime, que vive una época de éxito y popularidad fuertes. Según datos de Netflix, 15 de las 20 series más vistas de su catálogo en 2024 eran pertenecientes al género true crime. Para que estas series sean posibles, Marta Sánchez Esparza recordó que «se necesitan metáforas, dramatizaciones o imágenes icónicas, aunque esas imágenes no se basen en la fiel realidad».
Por medio de series como El caso Asunta o El cuerpo en llamas, surge «un juego de difícil encaje sobre cómo los profesionales con libertad creativa impactan en personas reales y las posibles vulneraciones de su derecho al honor», concluyó la periodista y vicepresidenta de la Asociación de Periodistas de Investigación.


