Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 han finalizado con un balance de tres medallas, un resultado que el Gobierno no ha tardado en calificar como un éxito histórico del deporte español. Desde las instituciones se subraya que haber roto una sequía de más de 50 años sin un oro olímpico es prueba de un avance imparable. Tras la euforia oficial, surge un debate necesario sobre la naturaleza de estos éxitos. Una semana después del triunfo, se sigue cuestionando si estas medallas son fruto de un sistema sólido. Existe la duda de si son simplemente el resultado de talentos individuales aislados en disciplinas muy específicas.
Las sombras tras el brillo de las medallas
A pesar del entusiasmo gubernamental, los resultados en el resto de las pruebas han sido, en líneas generales, muy flojos. España ha logrado subir al podio en esquí de montaña (skimo), una disciplina donde ya era una potencia mundial previa a su inclusión olímpica. Esto sugiere que se ha ganado «donde ya se era bueno», pero no se observa una mejora real en el resto del programa. Fuera del éxito de Oriol Cardona y Ana Alonso, la presencia española en las finales de esquí alpino o patinaje ha sido testimonial, dejando una sensación de estancamiento.

Existe un paralelismo evidente entre el esquí de montaña y la marcha en el atletismo de verano. España es una potencia natural en el skimo por su tradición de montaña, pero esto no abre una ventana de desarrollo para el resto de los deportes de invierno. Al igual que ocurre con la marcha, el éxito en un nicho concreto puede enmascarar la falta de competitividad en disciplinas reina. Este fenómeno se hace evidente al analizar el rendimiento en pruebas de gran calado como el descenso o el eslalon.
La falta de infraestructuras según Alejandro Blanco
El presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco, ha puesto el foco en la raíz del problema: la carencia de instalaciones. En España no existen pistas homologadas para algunas de las competiciones más relevantes disputadas en estos Juegos. Esta carencia técnica obliga a los atletas nacionales a entrenar permanentemente en el extranjero. Blanco ha insistido en que es imposible competir en igualdad con las potencias alpinas sin una inversión real en infraestructuras propias. La falta de instalaciones locales termina limitando nuestras opciones de victoria a éxitos puramente esporádicos.
En conclusión, mientras el Gobierno celebra el medallero, la realidad técnica invita a la prudencia. Los resultados en la mayoría de las disciplinas de hielo y nieve han sido discretos, evidenciando que no hay un relevo generacional ni una expansión hacia nuevas pruebas. Si España quiere que Milán-Cortina no sea una excepción, debe transformar el discurso del éxito histórico del deporte español en una inversión tangible que resuelva la falta de pistas y el bajo rendimiento generalizado en el resto de la delegación.


