Cuando probar, fallar y aprender también forma parte del juego televisivo
La cancelación de La Familia de la tele ha sido confirmada por RTVE. El magacín vespertino, producido por La Osa, se despedirá este miércoles 18 de junio tras siete semanas de emisión en La 1. Aunque no ha alcanzado los objetivos de audiencia, el programa deja tras de sí una valiosa experiencia televisiva.
El adiós
En la televisión, como en la vida, muchas veces hay que probar cosas, fallar, volver a probar y aceptar que algunas simplemente no funcionan. La familia de la tele ha sido un ejemplo de ello. Por eso, antes de hablar de audiencias y estrategias, este adiós merece comenzar con un reconocimiento a todo el equipo técnico, artístico y de producción y a los colaboradores y presentadores que han trabajado por sacar el formato adelante.
El espacio, nacido como gran apuesta de RTVE para la franja de tarde, contó con numerosos colaboradores, múltiples cambios de escaleta, modificaciones de horario y ajustes de tono. Sin embargo, el formato no logró encontrar su sitio en la parrilla de una televisión pública donde las telenovelas como Valle Salvaje o La Promesa arrasan cada tarde.
Y no pasa nada. A veces le damos demasiado dramatismo a situaciones que son el día a día en un espacio cambiante que debe adaptarse a marchas forzadas a nuevas realidades.
Las expectativas y la nostalgia
La cancelación de La Familia de la Tele, nació con un handicap: la nostalgia. Muchos espectadores esperaban del formato una reproducción exacta de Sálvame y eso marcó el trato que se le dio al espacio desde sus inicios. Detractores y admiradores juzgaron el espacio antes de tiempo y no dejaron al espacio encontrar su lugar.

Hay quiénes juzgaron a sus colaboradores por las polémicas que les llevaron a la fama hace 14 años sin tener en cuenta que el tiempo pasa para todos. También para la audiencia. Desde la pandemia, el consumo televisivo ha cambiado de forma radical. Hoy celebramos datos que antes hubieran supuesto la cancelación.
Sin hueco real en parrilla
Por no hablar de como la propia parrilla de TVE no tiene hueco real para el magazine que La Familia de la Tele, buscaba ser antes de su cancelación. Ahora triunfan las novelas cosechando grandes datos y colocando a la cadena en competición con las cadenas privadas. Eso ha hecho que el encaje del magazine haya resultado imposible.
Los datos de audiencia han sido determinantes para la cancelación de La Familia de la Tele. El espacio arrancó con una doble franja que se fue reduciendo con el paso de las semanas. Este lunes cosechó un paupérrimo 4,3% de share, frente al 13,3% de Malas lenguas, que ha logrado conquistar la sobremesa. Ni los ajustes de formato, ni las nuevas secciones han conseguido retener a la audiencia tras el éxito de las ficciones.
Lo qué falló
Tampoco ayudó la saturación de colaboradores en plató o la elección de unos temas que no terminaban de interesar a los espectadores. Aunque ha contado con una producción ambiciosa —más de seis millones de euros presupuestados—, el magacín no ha logrado consolidarse.

RTVE ha evitado alargar la vida de un formato que no terminaba de funcionar. La pregunta ahora es qué ocurrirá con el equipo, tanto delante como detrás de cámaras. Existen rumores sobre una posible reubicación en la plataforma web de RTVE o incluso un regreso al “pisito” donde actualmente se produce Tentáculos para TEN. Pero, por ahora, todo son especulaciones.
También es importante explicar que RTVE ha dejado mucho mas tiempo del habitual de margen para que el equipo remontase, siendo este programa una de sus grandes apuestas en este final de temporada. Sin embargo, dados los malos datos la noticia no ha sorprendido a nadie. Esta cancelación es la crónica de una muerte anunciada.

El programa se une a la larga lista de formatos que han probado suerte sin llegar a cuajar, Babylon Show, Cuentos Chinos, La plaza y ahora La Familia de la Tele, son la muestra de que en televisión nada es para siempre y hay muchos más desastres estrepitosos que éxitos que pasan a la historia.
El aprendizaje
La cancelación de La familia de la tele no debe leerse solo como un fracaso, sino como parte de un proceso natural en un medio cambiante. Probar, arriesgar y no acertar es, a veces, la única forma de descubrir qué funciona. Y quienes han estado cada tarde al pie del cañón merecen reconocimiento. Porque, aunque el programa no haya triunfado, sí ha demostrado algo fundamental: que la televisión sigue siendo un terreno donde se aprende caminando.

